Conmoción por el suicidio asistido de una pareja
Un célebre director de orquesta viajó con su mujer a Suiza para morir
LONDRES.
Uno de los más respetados directores de orquesta del Reino Unido, sir Edward Thomas Downes, y su esposa, Joan, se suicidaron en un centro de eutanasia de Suiza, según informaron ayer sus hijos. Sus muertes conmovieron a Europa y reabrieron el debate acerca del suicidio asistido.
Downes, de 85 años, y su esposa Joan, de 74, "murieron en paz y en las circunstancias que ellos mismos eligieron, con la ayuda de la asociación Dignitas, en Zurich", informaron sus dos hijos, Caractacus y Boudicca, que acompañaron a sus padres en sus últimos momentos.
A Joan le habían diagnosticado cáncer terminal en septiembre del año pasado; su marido estaba casi ciego y en el último tiempo había experimentado una grave pérdida de la audición.
"Decidieron terminar con sus vidas antes que seguir lidiando con graves problemas de salud", dijeron sus hijos.
Caractacus Downes contó que sus padres tomaron la decisión final de viajar a la clínica de suicidio asistido Dignitas el viernes pasado, cuando comprendieron que cada vez iba a ser más dificultoso para Joan realizar el viaje hasta ese centro suizo.
"Querían morir juntos", dijo.
Además, comentó que la opción del suicidio asistido concordaba con la filosofía de vida de sus padres, que estuvieron casados durante 54 años, y que, aunque en un primer momento fue difícil de aceptarla, la familia no tuvo problemas en apoyarlos.
El director, que tenía el título de caballero del Imperio Británico, inició su carrera profesional en la Orquesta Filarmónica de la BBC (donde estuvo 40 años), fue miembro de la Royal Opera y condujo la primera interpretación de la Casa de la Opera de Sydney.
Su esposa, Joan, fue bailarina, coreógrafa, productora de televisión y durante los últimos años de su vida se había convertido en la asistente personal de su marido.
Downes "sentía que su cuerpo lo estaba abandonando.
Su cerebro estaba extremadamente activo y se sentía frustrado por no poder hacer todo lo que creía que podía y su cuerpo no lo dejaba", explicó su hijo.
"Vidas al máximo"
Caractacus añadió que la decisión de sus padres de concurrir al centro Dignitas fue mantenida en secreto por el núcleo familiar hasta que se completaron los requerimientos. Sólo después fue compartida con un puñado de amigos y familiares.
Agregó que sus padres murieron juntos, en calma, después de haber bebido "un pequeño vaso de un líquido claro; luego se acostaron en la cama y unos pocos minutos después ya estaban dormidos".
"Ambos vivieron sus vidas al máximo y se consideraban extremadamente afortunados de haber vivido vidas tan gratificantes, en lo personal y en lo profesional. Nuestros padres no tenían creencias religiosas y no habrá funeral", expresaron sus hijos.
El manager de Downes, Jonathan Groves, dijo sentirse conmovido por la noticia, pero opinó que la pareja había tomado una decisión "valiente".
Los suicidios de sir Edward Downes y su esposa son los más recientes de una serie de casos prominentes que han suscitado llamados para hacer un cambio legal en Gran Bretaña, donde son ilegales el suicidio asistido y la eutanasia.
Los únicos países que permiten este tipo de prácticas son Suiza, Holanda, Bélgica y el estado de Oregon, en Estados Unidos.
En Gran Bretaña, por colaborar en un suicidio se puede recibir una pena de 14 años de cárcel.
A pesar de las leyes, en los últimos años las cortes británicas se han negado a condenar a personas que ayudan a otras a viajar al extranjero para poner fin a sus vidas.
A principios de este año, por ejemplo, la policía no investigó las muertes de Peter y Penelope Duff, ambos enfermos terminales, que se convirtieron en la primera pareja británica que fueron ayudados a morir juntos en Suiza.
A pesar de que más de un centenar de británicos viajaron a la clínica Dignitas para suicidios asistidos, la Cámara de los Lores rechazó hace una semana un proyecto de ley destinado a proteger a los británicos que ayuden a un allegado en fase terminal a suicidarse en el extranjero en un centro especializado.
El primer ministro británico, Gordon Brown, también está en contra de cambiar esa ley.
Por este motivo, un vocero de la policía metropolitana de Londres dijo que, al tomar conocimiento de los decesos, se abrió una investigación. "Continuaremos investigando las circunstancias de las muertes. Todavía no hay detalles", apuntó.
Agencias AP y AFP
Downes dirigió en el Teatro Colón
Sir Edward Downes, el director de orquesta británico que puso fin a su vida por medio de un suicidio asistido, estuvo en Buenos Aires y dirigió Don Giovanni en el Teatro Colón. Lo hizo durante la temporada de 1978 y con un elenco integrado por el tenor John Brecknock, entre otras figuras.
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sábado, 18 de julio de 2009
Mario Riesco,el histórico dueño del Bar de los Banderines
Mario Riesco, el dueño del histórico bar de los banderines
Entre tangos y fútbol, el hombre al mando de uno de los lugares notables de Buenos Aires conserva intactas las costumbres de los años 30
Por Maia Jastreblansky
De la Redacción de lanacion.com mjastreblansky@lanacion.com.ar
"¡Mirá quién vino!
El último cantor de tango, Juan Carlos Godoy", se oye cuando un hombre de 87 años irrumpe en El Banderín.
La escena confirma el mito que circula en Almagro: el local de Guardia Vieja y Billinghurst ganó su sello de "notable" gracias a la calidez de su gente, empezando por su dueño, Mario Riesco.
Don Mario, fanático de River y socio vitalicio del club desde 1944, pasa sus tardes compartiendo charlas con los clientes que llegan al bar en busca de su café en jarrito o de la tradicional picada de fiambres ibéricos.
"La gente me saluda con un abrazo, yo los recibo como en mi casa", afirma este hombre de 73 años, y asegura que la fórmula de la supervivencia en el tiempo es estar abierto a la juventud, que elige este bar para pasar sus madrugadas y se suma la clientela tradicional.
El hermoso fileteado en el cartel de entrada indica que el cafetín tiene más de 70 años y al ingresar parece que el tiempo no hubiera pasado. Los elementos y las costumbres se mantienen intactas, y el sonido del tango traslada a la atmósfera porteña de los años 30.
Don Mario recuerda haber caminado entre las mesas de este café desde que tiene memoria. En su infancia ayudaba su padre, cuando todavía el local funcionaba como bar-almacén bajo el nombre de "El Asturiano Provisiones y Fiambrería".
En aquellos años, el lugar era un desfile de tangueros, entre entre ellos, Aníbal Trolio y Carlos Gardel. "La mamá de Carlitos compraba «por libreta» en el almacén y él vino a tomar café varias veces", cuenta.
A fines de los 50, Don Mario pasó al frente del negocio, momento en que la invasión de los supermercados lo obligó a cerrar la parte del almacén y a funcionar exclusivamente como bar.
Fue por esa época cuando comenzó a colgar su colección de más de 500 banderines en las paredes y rebautizó el bar con el nombre con el que es reconocido hoy en día.
Don Mario cuenta que comenzó por el club de sus amores. Pero con el paso del tiempo, abrió su colección al resto de los equipos locales y gracias a un amigo que solía viajar al exterior, y engrosó su acopio con ejemplares de todo el mundo. "Muchos extranjeros que visitan el bar, al volver a sus países me mandan uno por correo", comenta.
A pesar de estas modificaciones, la esencia y la atención del bar no cambiaron y los vecinos continuaron colmando las mesas de El Banderín. Personalidades como Luis Angel Firpo, Pascual Pérez, Juan Manuel Fangio y Adolfo Pedernera se fueron sumando a la clientela del bar. "También venía Tato Bores, pedía siempre un cortadito", recuerda Don Mario, y señala una fotografía que el capocómico le regaló luego de varias rondas de café.
"Hay uno que todavía espero. Tengo guardadas dos botellas de Cinzano por si llega a venir Pasarella", confiesa Don Mario, con la misma esperanza de que sobreviva la tradición que hace de El Banderín un lugar especial.
"Mi hijo ya trabaja conmigo y me encantaría que algún día mi nieto pueda heredar este lugar, que a mi me dio tanta felicidad", concluye.
Entre tangos y fútbol, el hombre al mando de uno de los lugares notables de Buenos Aires conserva intactas las costumbres de los años 30
Por Maia Jastreblansky
De la Redacción de lanacion.com mjastreblansky@lanacion.com.ar
"¡Mirá quién vino!
El último cantor de tango, Juan Carlos Godoy", se oye cuando un hombre de 87 años irrumpe en El Banderín.
La escena confirma el mito que circula en Almagro: el local de Guardia Vieja y Billinghurst ganó su sello de "notable" gracias a la calidez de su gente, empezando por su dueño, Mario Riesco.
Don Mario, fanático de River y socio vitalicio del club desde 1944, pasa sus tardes compartiendo charlas con los clientes que llegan al bar en busca de su café en jarrito o de la tradicional picada de fiambres ibéricos.
"La gente me saluda con un abrazo, yo los recibo como en mi casa", afirma este hombre de 73 años, y asegura que la fórmula de la supervivencia en el tiempo es estar abierto a la juventud, que elige este bar para pasar sus madrugadas y se suma la clientela tradicional.
El hermoso fileteado en el cartel de entrada indica que el cafetín tiene más de 70 años y al ingresar parece que el tiempo no hubiera pasado. Los elementos y las costumbres se mantienen intactas, y el sonido del tango traslada a la atmósfera porteña de los años 30.
Don Mario recuerda haber caminado entre las mesas de este café desde que tiene memoria. En su infancia ayudaba su padre, cuando todavía el local funcionaba como bar-almacén bajo el nombre de "El Asturiano Provisiones y Fiambrería".
En aquellos años, el lugar era un desfile de tangueros, entre entre ellos, Aníbal Trolio y Carlos Gardel. "La mamá de Carlitos compraba «por libreta» en el almacén y él vino a tomar café varias veces", cuenta.
A fines de los 50, Don Mario pasó al frente del negocio, momento en que la invasión de los supermercados lo obligó a cerrar la parte del almacén y a funcionar exclusivamente como bar.
Fue por esa época cuando comenzó a colgar su colección de más de 500 banderines en las paredes y rebautizó el bar con el nombre con el que es reconocido hoy en día.
Don Mario cuenta que comenzó por el club de sus amores. Pero con el paso del tiempo, abrió su colección al resto de los equipos locales y gracias a un amigo que solía viajar al exterior, y engrosó su acopio con ejemplares de todo el mundo. "Muchos extranjeros que visitan el bar, al volver a sus países me mandan uno por correo", comenta.
A pesar de estas modificaciones, la esencia y la atención del bar no cambiaron y los vecinos continuaron colmando las mesas de El Banderín. Personalidades como Luis Angel Firpo, Pascual Pérez, Juan Manuel Fangio y Adolfo Pedernera se fueron sumando a la clientela del bar. "También venía Tato Bores, pedía siempre un cortadito", recuerda Don Mario, y señala una fotografía que el capocómico le regaló luego de varias rondas de café.
"Hay uno que todavía espero. Tengo guardadas dos botellas de Cinzano por si llega a venir Pasarella", confiesa Don Mario, con la misma esperanza de que sobreviva la tradición que hace de El Banderín un lugar especial.
"Mi hijo ya trabaja conmigo y me encantaría que algún día mi nieto pueda heredar este lugar, que a mi me dio tanta felicidad", concluye.
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Publicado en La Nacion - Argentina -
Del Blog Gianero Solitario
Un límite del periodismo cultural
La transparencia (comprensión allanada de aquello que se cuenta) es una exigencia irrenunciable del periodismo. Pero en el caso del periodismo cultural y, específicamente, de la crítica y la escritura sobre música esa exigencia nos interpela singularmente.
¿Cuál es el límite a partir del cuál es necesario explicar, y el límite a partir del cual la explicación humilla al lector? ¿Y, sobre todo, quién es realmente el lector?
Hay allí una grieta que nunca sutura.
Me parece que, desde que empecé a escribir profesionalmente hasta ahora, ese abismo fue agigantándose. Cada vez hay menos supuestos, menos sobreentendidos.
Tal vez en algún momento el fenómeno afecte otras zonas del periodismo.
Acaso no falte mucho para que leamos:
“Un auto, vehículo de cuatro ruedas, chocó contra un árbol, objeto de tronco marrón y hojas verdes que se ve en algunas calles de la ciudad”. (Esto con el riego de que, más adelante, sea necesario definir también “vehículo”, “rueda”, tronco”, etc.).
La transparencia (comprensión allanada de aquello que se cuenta) es una exigencia irrenunciable del periodismo. Pero en el caso del periodismo cultural y, específicamente, de la crítica y la escritura sobre música esa exigencia nos interpela singularmente.
¿Cuál es el límite a partir del cuál es necesario explicar, y el límite a partir del cual la explicación humilla al lector? ¿Y, sobre todo, quién es realmente el lector?
Hay allí una grieta que nunca sutura.
Me parece que, desde que empecé a escribir profesionalmente hasta ahora, ese abismo fue agigantándose. Cada vez hay menos supuestos, menos sobreentendidos.
Tal vez en algún momento el fenómeno afecte otras zonas del periodismo.
Acaso no falte mucho para que leamos:
“Un auto, vehículo de cuatro ruedas, chocó contra un árbol, objeto de tronco marrón y hojas verdes que se ve en algunas calles de la ciudad”. (Esto con el riego de que, más adelante, sea necesario definir también “vehículo”, “rueda”, tronco”, etc.).
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Suplemento ADN - La Nacion - Argentina
Del Blog " De trasnoches y melodias"
Publicado: 03.07.09
El surrealista criollo
Francisco Madariaga es una voz vital y poderosa dentro del panorama poético argentino.
Su poesía, arraigada en el paisaje y los personajes del litoral, toma elementos de la gauchesca y del surrealismo para modelar una voz inconfundible que, nueve años después de su muerte, retorna en la antología Un palmar sin orillas (Ediciones en Danza) que recopila poemas de todos sus libros más un apéndice con fotografías de este gaucho surreal.
Aquí transcribo dos poemas.
Criollo del universo se publicó originalmente en Resplandor de mis bárbaras (1985) y luego fue el título de uno de sus últimos libros, de 1998, y es uno de los que más me deslumbró siempre, sobre todo a partir de “Ya es muy tarde para ser sólo de una provincia…”
El segundo poema pertenece a su primer libro, El pequeño patíbulo (1954), donde ya están impresas las características esenciales de su poética.
Criollo del universo
El blanco océano gira en mi corazón
mientras canta el otro océano de plata amarilla,
que se desprende de las aguas del sol.
Ya es muy tarde para ser sólo de una provincia,
y muy temprano para pertenecer,
todo,
al planeta venidero y sangrante
resplandor.
Oh, acude a mí, a mi jerarquía de peón del planeta,
gaucho con trenzas de sangre,
mi padre,
y ensíllame el mejor caballo ruano del universo:
para atravesar el agua de oro de la muerte,
y escucharme,
todo,
siempre en ti.
El blanco océano solloza por la inmortalidad.
La selva liviana
1
El sonido de un tren que se ahoga en la
catarata de las hojas.
Al fondo de la selva liviana y los cocoteros
se hunde el nivel del llanto,el peso entero de los sueños.
Peso entero del saco de perfume de la gracia,estoy entre la espalda del paisaje y el
ladrillo caliente del olvido,viajando con un ardor de joya y sangre.
Escuchando el aullido de mi candor: mi nueva
fiesta.
2
A paladas silbatos.El tren se encierra en sí al borde de los
esteros nocturnos.Su polvo ciudadano tiene miedo a la gran
humedad de la tierra,al aire cálidamente eléctrico,a los cisnes del negro vapor nocturno de la herida del mundo.
3
La imaginación arde envuelta en las ruedas
de un tren desorientado.Bananas y bananas caen al aire.
Una mujer desnuda una escopeta en un templo,roe lentamente en el anillo de su corazón.
Frutera de la desgracia, frutera del destino.
Antología, francisco madariaga, Poesia, un palmar sin orillas
El surrealista criollo
Francisco Madariaga es una voz vital y poderosa dentro del panorama poético argentino.
Su poesía, arraigada en el paisaje y los personajes del litoral, toma elementos de la gauchesca y del surrealismo para modelar una voz inconfundible que, nueve años después de su muerte, retorna en la antología Un palmar sin orillas (Ediciones en Danza) que recopila poemas de todos sus libros más un apéndice con fotografías de este gaucho surreal.
Aquí transcribo dos poemas.
Criollo del universo se publicó originalmente en Resplandor de mis bárbaras (1985) y luego fue el título de uno de sus últimos libros, de 1998, y es uno de los que más me deslumbró siempre, sobre todo a partir de “Ya es muy tarde para ser sólo de una provincia…”
El segundo poema pertenece a su primer libro, El pequeño patíbulo (1954), donde ya están impresas las características esenciales de su poética.
Criollo del universo
El blanco océano gira en mi corazón
mientras canta el otro océano de plata amarilla,
que se desprende de las aguas del sol.
Ya es muy tarde para ser sólo de una provincia,
y muy temprano para pertenecer,
todo,
al planeta venidero y sangrante
resplandor.
Oh, acude a mí, a mi jerarquía de peón del planeta,
gaucho con trenzas de sangre,
mi padre,
y ensíllame el mejor caballo ruano del universo:
para atravesar el agua de oro de la muerte,
y escucharme,
todo,
siempre en ti.
El blanco océano solloza por la inmortalidad.
La selva liviana
1
El sonido de un tren que se ahoga en la
catarata de las hojas.
Al fondo de la selva liviana y los cocoteros
se hunde el nivel del llanto,el peso entero de los sueños.
Peso entero del saco de perfume de la gracia,estoy entre la espalda del paisaje y el
ladrillo caliente del olvido,viajando con un ardor de joya y sangre.
Escuchando el aullido de mi candor: mi nueva
fiesta.
2
A paladas silbatos.El tren se encierra en sí al borde de los
esteros nocturnos.Su polvo ciudadano tiene miedo a la gran
humedad de la tierra,al aire cálidamente eléctrico,a los cisnes del negro vapor nocturno de la herida del mundo.
3
La imaginación arde envuelta en las ruedas
de un tren desorientado.Bananas y bananas caen al aire.
Una mujer desnuda una escopeta en un templo,roe lentamente en el anillo de su corazón.
Frutera de la desgracia, frutera del destino.
Antología, francisco madariaga, Poesia, un palmar sin orillas
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Del Blog " De trasnoches y melodias"
Publicado: 26.06.09
El dolor de ser Jackson
No es sorprendente que la muerte de Michael Jackson haya entristecido a buena parte del mundo. De hecho, los 750 millones de discos vendidos evidencian la medida desmesurada de su éxito. Jackson es el paradigma de un consumo musical que ya no existe.
Un músico realmente audaz que transformó su música en un elemento de primera necesidad para el entretenimiento de chicos y no tan chicos. Para ello produjo un par de discos fundamentales para el género y realizó videos inigualables.
De todas las medidas que se puedan tomar en la industria de la música, él alcanzó las marcas récord. Vendió más discos que cualquiera; recaudó más plata que cualquiera; generó más escándalos que cualquiera. Transformó la industria, pero también se transformó a él. Primero, porque quería parecerse a Diana Ross.
Después, porque ya no quería ser negro.
Terminó siendo un pálido andrógino, cada vez menos humano (cosa que tal vez adelantaba en su baile: parecía que no tenía huesos), que en algún momento vio desmoronarse el reinado por denuncias de pedofilia, a lo que hay que sumar otros caprichos (que siempre se cuentan por millones de dólares) que desgastaron lentamente el sitial de rey.
Había sido un niño maltratado y el éxito no hizo más que mostrarlo cada vez más frágil e indefenso.
Por eso, más allá de los mensajes de “genio” y otras calificaciones ya sin demasiado contenido (¡cómo se gasta la palabra genio!), no sorprenden los mensajes que parecen comprender el dolor más íntimo de la estrella.
Una síntesis de las coincidencias en los mensajes que envían por su muerte: “Ya no vas a sufrir”.
Como si todos comprendieran, en forma fehaciente, el dolor de ser Michael Jackson.
El dolor de ser Jackson
No es sorprendente que la muerte de Michael Jackson haya entristecido a buena parte del mundo. De hecho, los 750 millones de discos vendidos evidencian la medida desmesurada de su éxito. Jackson es el paradigma de un consumo musical que ya no existe.
Un músico realmente audaz que transformó su música en un elemento de primera necesidad para el entretenimiento de chicos y no tan chicos. Para ello produjo un par de discos fundamentales para el género y realizó videos inigualables.
De todas las medidas que se puedan tomar en la industria de la música, él alcanzó las marcas récord. Vendió más discos que cualquiera; recaudó más plata que cualquiera; generó más escándalos que cualquiera. Transformó la industria, pero también se transformó a él. Primero, porque quería parecerse a Diana Ross.
Después, porque ya no quería ser negro.
Terminó siendo un pálido andrógino, cada vez menos humano (cosa que tal vez adelantaba en su baile: parecía que no tenía huesos), que en algún momento vio desmoronarse el reinado por denuncias de pedofilia, a lo que hay que sumar otros caprichos (que siempre se cuentan por millones de dólares) que desgastaron lentamente el sitial de rey.
Había sido un niño maltratado y el éxito no hizo más que mostrarlo cada vez más frágil e indefenso.
Por eso, más allá de los mensajes de “genio” y otras calificaciones ya sin demasiado contenido (¡cómo se gasta la palabra genio!), no sorprenden los mensajes que parecen comprender el dolor más íntimo de la estrella.
Una síntesis de las coincidencias en los mensajes que envían por su muerte: “Ya no vas a sufrir”.
Como si todos comprendieran, en forma fehaciente, el dolor de ser Michael Jackson.
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Al rescate de los jóvenes lectores
Por Graciela Melgarejo
De la Redacción de LA NACION
Qué raro.
Justo cuando la vida empieza a ponerse más interesante -más confusa y más ambigua, también-, cuando ya se domina más o menos con facilidad el código común (y la lectoescritura, con perdón de la palabra), es el momento elegido para que se produzca una fuga en masa de lectores.
Los mismos chicos que habían disfrutado prácticamente desde la cuna de todo tipo de estímulos en forma de libro (de trapo o de plástico para el momento del baño; de cartón para soportar el "tránsito pesado"; con stickers o con elementos aptos para mayores de 3 años y, por fin, de papel y con grandes ilustraciones coloridas) se descorazonan, se aburren o, peor aún, se avergüenzan de leer más de un libro o dos por año, y temen las burlas de sus pares.
Paradoja de paradojas, hoy que el conocimiento se privilegia como casi la única vía de acceso al mundo "tecnologizado" del futuro (que ya es hoy), los "cabecillas" juveniles abominan de él y lo desprecian.
Es entonces cuando expertos en educación y protagonistas del circuito literario se enzarzan en discusiones no siempre fructíferas acerca de las dificultades en la comprensión de textos por parte de los chicos de más de 8, 9 o 10 años en adelante, de las nuevas habilidades que traen el uso de Internet y las redes sociales y, por fin, del desafío de saber aprovecharlas.
¿Dónde empieza verdaderamente el Triángulo de las Bermudas de los jóvenes lectores? ¿Es la imagen todopoderosa la culpable de que pierdan de vista la gramática, que por contraste resulta poco "placentera"?, ¿o son los ejercicios de los maestros y profesores sobre textos literarios (por ejemplo, analizar en el texto cuáles son las funciones del adjetivo o algo parecido) los que hacen que los jóvenes ya no disfruten de la lectura?
Como siempre, las razones y las respuestas son muchas y variadas, de acuerdo con quién sea el consultado.
El psicoanalista, docente y escritor Eduardo González (autor del libro de relatos Cementerio clandestino y de las novelas El fantasma de Gardel ataca el Abasto, El secreto de Leonardo Da Vinci, La maldición de Moctezuma; coautor con Osvaldo Aguirre de la divertida Graffiti Ninja, y distinguido, entre otros galardones, con el Primer Premio del Concurso de Relatos Policiales "Indio Martín" de Cuba, en 2004) opina que el fenómeno es muy amplio y uno de los principales motivos es "el retiro del cuidado de los adultos hacia los chicos".
La oferta intelectual está atrasada un siglo, para González, y los adultos, que han creado la cultura de consumo, critican a los jóvenes por ser consumidores:
Hoy la adolescencia comienza antes y termina mucho después, y como el marketing les da importancia a los adolescentes sólo como consumidores, la oferta que se les hace es paupérrima: emborracharse y bailar.
Decir que se lee es hablar de un vínculo estable, y todo lo que implique estabilidad está hoy cuestionado. Los adultos de más de 40 años no quieren vínculos adultos y los adolescentes también se avergüenzan de tener una pareja estable, por lo cual se establece una relación perversa entre lo efímero, la soledad y el consumo. Pero siempre quedan los grupos atrincherados entre sus pares; por ejemplo, los lectores fanáticos de Tolkien.
Por supuesto, también hay voces optimistas, como la de un editor de raza, que no tiene miedo a publicar lo que le gusta: Daniel Divinsky, que sacó el año pasado en Ediciones de la Flor El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, con las ilustraciones del gran Crist, muy recomendable para lectores de 18 años en adelante, y cuya edición de Los libros de Alicia, de Lewis Carroll (con traducción anotada de Eduardo Stillman y prólogo de Jorge Luis Borges), ya va por la quinta reimpresión.
Yo creo que si estamos en la cultura de la imagen, la captación de lectores jóvenes debe darse por la historieta y la novela gráfica, aunque las colecciones de antes, con Salgari y Julio Verne, se siguen vendiendo.
Y también está la lectura en pantalla, de la cual no hay cifras porque es muy difícil de mensurar. Además, hace diez años era difícil que un autor que no hubiera aparecido en un diario o en una revista fuese más o menos conocido; en cambio, hoy, un autor (como Liniers) es conocido por su blog y por su página Web.
Y no deberíamos dejar a un lado la influencia de lo que me gusta llamar la lectura clandestina, es decir, la que se recomienda sin querer desde alguna telenovela, como ocurrió alguna vez en Rolando Rivas taxista, cuando su autor, Alberto Migré, hacía agotar ediciones sólo por haber nombrado alguna obra en particular
También está en esa tesitura Carlos Silveyra, presidente de la Asociación del Libro Infantil y Juvenil de la Argentina (Alija). Maestro, profesor en ciencias de la educación y un experto de larguísima trayectoria como escritor, editor y asesor de literatura para chicos y adolescentes, está convencido de que es alrededor del 4to. grado de la escuela primaria cuando se "blanquea" el tema de la lectura:
Históricamente es la gran edad para leer, porque a los 10 años ya hay mayor autonomía. El problema es que no está suficientemente bien instalada la necesidad de ofrecer cosas interesantes a cada chico, como un sujeto diferente, y se cae en el criterio de separar por banda etaria.
Sin embargo, las viejas colecciones de los años 40 a los 60 (Sopena, Billiken, Robin Hood), si bien eran monolíticas (siempre la misma forma de presentación), abrían senderos invisibles: a los varones, las aventuras de Sandokán, Tarzán, Bomba; a las mujeres, los libros de Louise May Alcott, Pollyanna, etcétera. Ahora el marketing atenta contra la diversidad: se piensa en un lector homogéneo, que lee lo mismo que otro.
Pero incluso Harry Potter, cuando se editó por primera vez en una editorial chica, no les fue impuesto a sus lectores, porque ahí hubo una decisión individual y una recomendación de boca en boca, que produjo el boom y el best seller posterior. Y para los que se quejan de las cualidades literarias de J. K. Rowling, hay que aclarar que nuestro amado Emilio Salgari, escritor de folletines, tampoco
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Al rescate de los jóvenes lectores
Sorpresa. Sorpresa
Si Divinsky habla de la "recomendación clandestina", Ana María Cabanellas, editora y ex presidenta de la Unión Internacional de Editores, prefiere llamarla "bibliografía ingenua", como la que, sin querer también, se recomienda en Crepúsculo y los otros tres tomos de la serie de la estadounidense Stephenie Meyer.
El fenómeno mereció recientemente una simpatiquísima columna de Juana Libedinsky en la sección Cultura de este diario, "Un efecto impensado de los vampiros", sobre las nuevas ediciones de Cumbres borrascosas, presentadas con "un diseño gráfico en negro y colorado, con letras góticas para que parezcan parte del conjunto de libros de Meyer cuyas tapas son en ese estilo".
Efectivamente, la obra de Emily Brontë (que tantas penitas le costó parir) es el libro de cabecera de Bella y Edward, los jóvenes protagonistas de la historia de amor entre vampiros y licántropos, que también leen Romeo y Julieta, de William Shakespeare, por cuya razón la historia de amor más célebre de todos los tiempos se ha transformado a su vez en una lectura de culto para miles de adolescentes.
Pero para Cabanellas hay una iniciativa más interesante, en estos tiempos en que "adultos y jóvenes leen mucho más que nunca en Internet, aunque los libros de literatura no estén vistos como algo apreciable y los adultos los lean poco y nada".
Se trata de Bookstar, inspiring a love of books in every child ( www.bookstart.org.uk ), una campaña de lectura que nació en Inglaterra y que tiene pares en muchos países del mundo, para estimular a leer prácticamente desde el nacimiento, aunque en Colombia se ha decidido comenzar incluso antes, durante el embarazo mismo.
"Es muy interesante cómo se implementó en Inglaterra, porque no sólo el primer ministro Gordon Brown habla de las políticas para el libro con los editores, sino que hay un subsidio estatal para que se les den libros a los chicos mayores de 12 años gratuitamente. La idea es que la lectura es como una indicación médica; aquí, en la Argentina, lo maneja la Sociedad Argentina de Pediatría.
" Y en su experiencia al frente de la asociación de editores internacionales, hasta ahora los e-books, tan promocionados, no han rendido los resultados esperados, "salvo en Corea del Sur, con esas pantallas interactivas gigantes que ellos tienen, tan maravillosas".
Que el mundo entero está preocupado por el abandono de la lectura en jóvenes y adultos lo prueba una muy nueva campaña publicitaria destinada a promoverla, lanzada por la fundación canadiense Literacy Foundation, con aportes de una empresa de medios comprometida con el desarrollo infantil.
"En Canadá hay niños que todavía no tienen un solo libro", comentó Gaëtan Namouric, vicepresidente ejecutivo y creativo de la agencia publicitaria que realizó la campaña.
"Esta increíble injusticia debería movilizar un gran número de industrias en el campo de la cultura, publicaciones, medios e incluso nosotros, las agencias de publicidad.
¿Cómo será nuestro futuro si la gente no puede entender nuestros mensajes? Esta movilización detrás de la campaña es una forma de actuar para proteger la creatividad del mañana; todos en la industria deberían contribuir a ello."
Claro que la forma de encarar esta publicidad "estimulante" no parece la mejor. Como se trató de instalar de manera impactante entre los mayores la importancia que tiene la lectura en la imaginación, estimulación y recreación de experiencias, el video realizado muestra a un Peter Pan vetusto y agonizante; Pulgarcito utiliza un andador para caminar; Cenicienta padece anemia y los enanitos de Blancanieves se han convertido en seres sombríos y tristes.
Al final, una voz suena de fondo y dice: "Si los niños no leemos, la imaginación desaparece". Muy parecido a la propaganda obligatoria en las marquillas de cigarrillos, que tan pocos resultados parece haber dado.
Si Divinsky habla de la "recomendación clandestina", Ana María Cabanellas, editora y ex presidenta de la Unión Internacional de Editores, prefiere llamarla "bibliografía ingenua", como la que, sin querer también, se recomienda en Crepúsculo y los otros tres tomos de la serie de la estadounidense Stephenie Meyer.
El fenómeno mereció recientemente una simpatiquísima columna de Juana Libedinsky en la sección Cultura de este diario, "Un efecto impensado de los vampiros", sobre las nuevas ediciones de Cumbres borrascosas, presentadas con "un diseño gráfico en negro y colorado, con letras góticas para que parezcan parte del conjunto de libros de Meyer cuyas tapas son en ese estilo".
Efectivamente, la obra de Emily Brontë (que tantas penitas le costó parir) es el libro de cabecera de Bella y Edward, los jóvenes protagonistas de la historia de amor entre vampiros y licántropos, que también leen Romeo y Julieta, de William Shakespeare, por cuya razón la historia de amor más célebre de todos los tiempos se ha transformado a su vez en una lectura de culto para miles de adolescentes.
Pero para Cabanellas hay una iniciativa más interesante, en estos tiempos en que "adultos y jóvenes leen mucho más que nunca en Internet, aunque los libros de literatura no estén vistos como algo apreciable y los adultos los lean poco y nada".
Se trata de Bookstar, inspiring a love of books in every child ( www.bookstart.org.uk ), una campaña de lectura que nació en Inglaterra y que tiene pares en muchos países del mundo, para estimular a leer prácticamente desde el nacimiento, aunque en Colombia se ha decidido comenzar incluso antes, durante el embarazo mismo.
"Es muy interesante cómo se implementó en Inglaterra, porque no sólo el primer ministro Gordon Brown habla de las políticas para el libro con los editores, sino que hay un subsidio estatal para que se les den libros a los chicos mayores de 12 años gratuitamente. La idea es que la lectura es como una indicación médica; aquí, en la Argentina, lo maneja la Sociedad Argentina de Pediatría.
" Y en su experiencia al frente de la asociación de editores internacionales, hasta ahora los e-books, tan promocionados, no han rendido los resultados esperados, "salvo en Corea del Sur, con esas pantallas interactivas gigantes que ellos tienen, tan maravillosas".
Que el mundo entero está preocupado por el abandono de la lectura en jóvenes y adultos lo prueba una muy nueva campaña publicitaria destinada a promoverla, lanzada por la fundación canadiense Literacy Foundation, con aportes de una empresa de medios comprometida con el desarrollo infantil.
"En Canadá hay niños que todavía no tienen un solo libro", comentó Gaëtan Namouric, vicepresidente ejecutivo y creativo de la agencia publicitaria que realizó la campaña.
"Esta increíble injusticia debería movilizar un gran número de industrias en el campo de la cultura, publicaciones, medios e incluso nosotros, las agencias de publicidad.
¿Cómo será nuestro futuro si la gente no puede entender nuestros mensajes? Esta movilización detrás de la campaña es una forma de actuar para proteger la creatividad del mañana; todos en la industria deberían contribuir a ello."
Claro que la forma de encarar esta publicidad "estimulante" no parece la mejor. Como se trató de instalar de manera impactante entre los mayores la importancia que tiene la lectura en la imaginación, estimulación y recreación de experiencias, el video realizado muestra a un Peter Pan vetusto y agonizante; Pulgarcito utiliza un andador para caminar; Cenicienta padece anemia y los enanitos de Blancanieves se han convertido en seres sombríos y tristes.
Al final, una voz suena de fondo y dice: "Si los niños no leemos, la imaginación desaparece". Muy parecido a la propaganda obligatoria en las marquillas de cigarrillos, que tan pocos resultados parece haber dado.
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