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viernes, 31 de julio de 2009

Primera Nieve en el Monte Fuji


Primera nieve en el Monte Fuji

de Yasunari Kawabata, Jaime Barrera Parra - 2003 - 238 páginasbooks.google.com.ar -

Raices Archivo 1977

Raíces" una novela que conmociona a Estados Unidos


Se emitió seriada por TV y obtuvo un récord de audiencia
JUAN G. YUSTE, - Washington - 08/02/1977



Nadie acierta a explicarse el motivo, pero los hechos son abrumadores. Ochenta millones de personas siguieron por la televisión la semana pasada la historia de una familia negra, basada en la novela de Alex Haley Roots (Raíces), que, a su vez, con 800.000 ejemplares vendidos en tres meses, es el mayor éxito literario de los últimos años en Norteamerica.

Raíces es la saga de una familia negra desde que su fundador, Kunta Kinte, es capturado en Africa por los mercaderes de esclavos y vendido en el sur de Estados Unidos, hasta que la esclavitud es abolida. El autor, Alek Haley, tardó doce años en escribir esta novela, que tiene algunos fragmentos históricos de la propia familia de Haley.

Nada especial parecía destinarla al éxito, pero las ediciones comen-. zaron a agotarse a las pocas sema-. nas de aparecer en las librerias, pese a su elevado precio (casi mil pesetas ejemplar) y a lo desconocido del autor, un periodista negro de 55 años, sin anterior producción destacable.

La cadena de televisión ABC compró los derechos de la obra e invirtió seis millones de dólares en producir un serial de televisión de doce horas, que emitió en ocho noches consecutivas, a finales de enero-El resultado fue un nuevo récord en los porcentajes de audiencia: más del 60% de los hogares norteamericanos sintonizaron esas noches sus televisores con la cadena A BC.


Dicho de otro modo: 32 millones de hogares y ochenta millones de personas siguieron el serial, que hizo a Roots batir los anteriores. récords de audiencia televisival que. poseian la versión cinematográfica de Lo que el viento se llevó, ernitida en dos-partes por la cadena NBC el pasado otoño, y el Superbow, o recopa entre los campeones de liga de fútbol americano. Alex Haley fue el primer sorprendido por el éxito de su obra.

El afirma que simplemente quiso profundizar en sus raíces históricas y negar la versión de la cultura africana ofrecida por las películas de Tarzán y similares, presentando al público su visión de una cultura seria y sensible, que fue destruida por el colonialismo..

Ante la sorpresa del autor y de los directivos de la cadena A BC, la emisión de Raíces fue seguida de una lluvia de cartas y de llarriadas telefónicas a las emisoras locales en las que muchos negros protestaban por el trato a que fueron sometidos su « s antepasados. «Gracias por de~ volvernos nuestra historia», dijo una mujer de color a Haley.

Entre los blancos se produjo un fenómeno parecido. En las encuestas realizadas'sobre el temapor la prensa o la televisión fue asombroso ¡comprobar cómo muchos de ellos descubrieron, a través de Raíces, el problema o incluso la existencia de la esclavitud.

A partir de ahora miraré a los negros de otro modo, manifestó uno de los encuestados.Haley, que mantiene que «no hay que olvidar cómo sucedió aquello», presenta a los negros en su novela de forma totalmente opuesta a como tradicionalmente fueron dibujados en la mayor parte de las obras escritas por blancos. Los negros son, en Raíces, quiénes poseen virtudes como el valor, la lealtad o el espíritu de indepen dencia, mientras que, por una vez, el papel de «malos» corre a cargo de los blancos.


Derivaciones racialesLa «mala conciencia histórica» de los blancos habría contribuido al éxito de Raíces, según algunos. Para otros, la clave reside en el deseo de todos los norteamericanos de bucear en sus raíces. No falta quien se lo toma a broma y asegura que si no hubiera sido por la ola de frío polar que obliga a la gente a encerrarse en sus casas, no se habría producido el récord de audiencia.

Pero el fenómeno de Raíces tiene otras derivaciones que las económicas o raciales. Por ejemplo, puede servir para modificar la estructura de los programas de televisión e implantar la fórmula del serial. De hecho, la cadena A BC se arriesgó mucho al programar ocho días seguidos Raíces, porque si //...

...// hubiera fracasado, sud índices de audiencia se habrían visto muy perjudicados, y sobre éstos se estable cen las tarifas de publicidad. Claro que los directivos de la A BC no las tenían todas consigo, porque programaron el serial una semana antes de la primera de febrero, en la que se establecen los «porcentajes Nielsen» de audiencia, que son los que guían a las compañías publicitarias.

Raíces es también el libro más robado de Estados Unidos en estos momentos y prácticamente el único que ha provocado la existencia de un mercado negro. Los ladrones se llevan la novela de las librerías y la revenden, a mitad de precio, en plena calle. Incluso se han llegado a producir asaltos a almacenes de la distribuidora en los que el único botín fueron unos centenares de ejemplares de la novela.

La empresa editora, Doubleday, manifiesta que las ventas se han incrementado mucho más a raíz de la emisión televisada y reconoce que no puede atender la demanda total. La edición en paperback, libro económico de bolsillo, está programada para el próximo mes de octubre y se anuncian nuekVos récords.

La infancia de Coetzee

Libros en agenda


La infancia de Coetzee


Silvia Hopenhayn para LA NACION

Noticias de Opinión


Miércoles 14 de enero de 2009 Publicado en edición impresa ( Archivo)

Los libros de infancia de los escritores suelen mostrar a un niño que escucha más de lo que entiende y que conserva fragmentos de cosas vistas sin comprender del todo la escena que presenció. Habla memoria , de Vladimir Nabokov, es un bello y perspicaz ejemplo. La madriguera , de Tununa Mercado, agrega sensualidad a las primeras y secretas percepciones de la vida.

Recién editado, el libro Infancia , de J. M. Coetzee (premio Nobel 2003), es un viaje por los años escolares del autor que plantea dilemas étnicos y culturales de resonancia actual, al tiempo que revela una trama familiar densa y endeble (de distinta manera que en su novela Desgracia , pero con la misma contundencia ideológica y literaria).

En este relato, el conflicto se asume como propio. Si bien está narrado en tercera persona, se trata de la infancia de Coetzee en la década del cincuenta, primero en Worcester, y luego, en Ciudad del Cabo. Padre y madre protagonizan la escena, más por lo que hicieron mal que por lo que le brindaron de bueno.

El esmero de su padre al hablar inglés conlleva un desprecio por su origen africano, y eso aflige al niño, que busca forjar una identidad combinada, hallando en el lenguaje de los chicos afrikáneres palabras soeces que lo turban "por su contundencia monosilábica". A través de esta lengua nativa, Coetzee se identifica con su origen, aunque su padre se refugie en el inglés para renegar de él.

Es notable cómo una lengua postula realidades: los modos de nombrar implican a su vez formas de existencias distintas. Así, cuando J. M. Coetzee habla en afrikáans todas las complicaciones de la vida parecen desvanecerse y desaparecer en un minuto. "El afrikáans -dice el autor- es como una envoltura fantasma que lo acompaña a todas partes, en la que es libre de introducirse, convirtiéndose al instante en otra persona, con un camino más sencillo, más alegre, más luminoso."

Con relación a su madre, todo apunta al momento vertiginoso en el que el niño capta una segunda mirada suya, aquella que la muestra antes de haberlo concebido, sabiéndose portadora de deseos que nada tienen que ver con protegerlo o amarlo.

"Ella tenía una vida antes de que él existiera, una vida en la que no tenía ninguna obligación de concederle el menor pensamiento.

" Asumir la memoria como una caja de sorpresas. Uno de sus juegos favoritos era el de compartir con sus amigos los primeros recuerdos. Se trataba de decir lo más íntimo y olvidado de cada uno para que las mentiras se rindieran. Coetzee se apura en contar su historia, que, finalmente, no sabe si es real o la va inventando a medida que la cuenta. Tampoco se muestra tal cual piensa.

Más bien todo lo contrario: esconde sus aficiones políticamente incorrectas y se hace pasar por católico para que en el colegio no lo hostiguen. El mundo que lo rodea parece mirarlo, igual que como lo miraba su padre, "con ojos que no enjuician, pero tampoco son benevolentes". Entre el permiso y la falta de atención, Coetzee descubre que en ese mundo hostil las emociones corren por cuenta de cada uno.

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