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martes, 8 de septiembre de 2009

El peronómetro

“El peronismo, crece o perdura, pero no es exactamente una cáscara vacía, tiene una cultura y una identidad propia, aunque cada vez es más difícil relacionarla con un proyecto político definido. Además, en los últimos años se instaló la idea de que es necesario algún tipo de pertenencia al peronismo para poder gobernar.

Y por eso todos se dicen peronistas, el caso más flagrante es el de Francisco de Narváez, que compra la biblioteca de Perón porque tiene mucha plata; entonces, se hace peronista. Es como el gordito que se compra la pelota”. La frase pertenece a Eduardo Jozami, periodista, escritor, docente universitario, ex legislador y autor del reciente libro Dilemas del peronismo. Ideología, historia política y kirchnerismo.

–El principal problema para trabajar el peronismo es la imposibilidad o multiplicidad de definición ¿no?

–La gran ruptura se produjo a partir de Carlos Menem, porque antes, a pesar de los tremendos conflictos que hubo entre el sindicalismo, López Rega, Montoneros, había ciertas cosas reivindicadas por todos. Desde el simbolismo de abrazarse con el almirante Isaac Rojas hasta la adopción de la economía neoliberal, el menemismo produjo un quiebre respecto de la tradición, pero aceptada por el 95 por ciento de la dirigencia justicialista. Eso dio pie a diversas interpretaciones, en parte desacertadas.

La más apologética decía: esto es lo que exige hoy la realidad internacional, Juan Perón era un pragmático, gobernó con el nacionalismo en el 45 y ahora Menem, después de la caída del Muro, hace lo que hay que hacer. Para esa versión, el peronismo era la adaptación pasiva de los cambios internacionales.

Otra visión fue la del Frepaso, que terminó pensando que como Menem había vaciado el peronismo, y ya no podía salir nada interesante, los rescatables tenían que venir a esta nueva estructura. Pero eso entró en contradicción cuando se produjo la alianza con los radicales. Kirchner mostró que había en el peronismo sectores que seguían pensando en políticas nacionales y populares. Lo que me parece es que el Partido Justicialista en su generalidad dejó de ser una herramienta de transformación

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