Comportamiento / Impulsos incontrolables
Si no quiere que ocurra, trate de no pensar en ello... si puede
Tratar de reprimir un pensamiento incrementa las posibilidades de que éste regrese
Benedict Carey
The New York Times
NUEVA YORK.- Las visiones parecen provenir de las "cañerías" de nuestro cerebro durante los peores momentos posibles, durante entrevistas laborales, una primera cita, una importante cena de trabajo. ¿Qué pasaría si empiezo una guerra de comida con los hors- d´oeuvre o me río del tartamudeo del anfitrión?
"Ese simple pensamiento es suficiente -escribió Edgar Allan Poe en El demonio de la perversidad , ensayo acerca de impulsos indeseados-. "El impulso progresa a un querer; el simple querer, a deseo; el deseo, a un anhelo incontrolable."
Agrega: "No hay pasión en la naturaleza tan demoníacamente impaciente como la de aquel que, tiritando al borde del precipicio, considera la idea de la caída, o la del que medita sobre la pregunta: «¿Estoy enfermo?»".
En algunos pocos casos, la respuesta puede ser afirmativa. Pero la gran mayoría de las personas rara vez, si alguna, actúa a partir de estos impulsos. Y estas rudas fantasías de hecho reflejan la actividad de un cerebro sensible y socialmente normal, sostiene un trabajo publicado la semana última en la revista Science .
"Hay todo tipo de trampas en la vida social, dondequiera que miremos; no sólo errores, sino que los peores posibles errores vienen a la mente fácilmente -explica el autor del trabajo Daniel M. Wegner, psicólogo de la Universidad de Harvard-. Y el hecho de que venga a nuestras mentes lo peor, en ciertas circunstancias, puede incrementar las posibilidades de que pase."
La exploración de impulsos perversos tiene una rica historia (¿podía ser de otra manera?), desde las historias de Poe hasta las del marqués de Sade a los deseos reprimidos de Freud y las observaciones de Darwin acerca de muchas de las acciones que se realizan "en directa oposición a nuestras voluntades conscientes".
En la última década, los psicólogos sociales han documentado cuán comunes son estos impulsos y cuándo aumenta la posibilidad de que alteren el comportamiento.
En un nivel básico, ser socialmente funcional significa controlar nuestros impulsos. El cerebro adulto gasta, sugieren algunos estudios, la misma cantidad de energía inhibiendo que actuando, y la salud mental se basa en inventar estrategias para ignorar o suprimir pensamientos muy turbadores, como el de la propia muerte, por ejemplo. Estas estrategias son programas psicológicos generales, subconscientes o semiconscientes que usualmente se manejan con el piloto automático.
Los impulsos perversos parecen aparecer cuando las personas se concentran intensamente en evitar errores específicos o tabúes. La teoría es simple: para evitar insultar a un colega, el cerebro primero tiene que estar pensando en esto; la misma presencia del insulto catastrófico, a su vez incrementa las posibilidades de que lo digamos.
"Sabemos que lo que está en nuestras mentes puede influir en nuestros juicios y comportamientos simplemente por estar ahí, flotando en la superficie de la consciencia", opina Jamie Arndt, psicólogo de la Universidad de Missouri.
La evidencia empírica de esta influencia se ha reunido durante los años recientes, como el doctor Wegner documentó en su nuevo trabajo. En el laboratorio, los psicólogos tienen personas que tratan de desterrar un pensamiento de su mente y encuentran que éste vuelve, alrededor de una vez por minuto. De igual manera, a las personas que tratan de no pensar en cierta palabra se les escapa durante un test rápido de asociación de palabras.
Incluso los "errores irónicos", como los llama Wegner, son muy fáciles de evocar en el mundo real. Hay estudios que muestran que los golfistas que saben que deben evitar errores específicos los hacen más cuando están bajo presión.
Los esfuerzos por ser políticamente correctos pueden ser particularmente traicioneros. En un estudio de investigadores de las universidades Northwestern y Lehigh, 73 estudiantes leían una historieta sobre un compañero ficticio, Donald, un hombre negro, en la que se lo describía de manera ambigua. Después, tenía que responder preguntas acerca del personaje. Un grupo trataba de evitar caer en estereotipos y el otro no se controlaba.
El estudio proveyó "una demostración de que la supresión de estereotipos hace que estos se vuelvan hiperaccesibles", concluyeron los autores.
El riesgo de decir o hacer algo que no queremos depende del estrés que experimentamos, según Wegner. Al concentrarnos intensamente en no mirar fijo un lunar prominente de un nuevo conocido, al tratar de seguir una conversación, aumenta el riesgo de decir: "Leímos sobre el lunar -es decir, sobre la Luna. ¡Luna!"
"Hay cierto alivio en que pase lo peor, para no tener que seguir preocupándonos más", explica Wegner.
Algo que puede ser difícil de explicar, claro, si uno acaba de arruinar la fiesta.
Seguidores
Mostrando entradas con la etiqueta Copiado de La Nacion por Candela Robin. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Copiado de La Nacion por Candela Robin. Mostrar todas las entradas
sábado, 18 de julio de 2009
El exorcista dela calle 6 (Primera Parte)
El exorcista de la calle 6
Jorge Fernández Díaz LA NACION
A Miguel se le aparecía en sueños una monjita que le señalaba el rostro de un hombre.
En su desesperación, Miguel soñaba que esa mujer piadosa y consagrada le decía, sin palabras, "este hombre puede salvarte del averno".
Miguel vivía en Entre Ríos y trabajaba con un miembro de una secta satánica que lo pretendía en amores. Se había resistido a ese requerimiento, había probado alimentos que el mago le había cocinado a modo de galante obsequio y, a partir de entonces, había sufrido convulsiones, violencias y toda clase de fenómenos autodestructivos.
Lo habían tratado médicos y psiquiatras, y un sacerdote local le había diagnosticado "posesión diabólica".
Al borde del suicidio, creyendo verdaderamente que estaba tomado por el demonio, llegó a la provincia de Buenos Aires y buscó, por medio de unos parientes alarmados, a un exorcista.
Carlos Mancuso es el párroco del templo de San José, sobre la calle 6, y el cura autorizado por el obispado de La Plata para realizar el ritual más misterioso y estremecedor de la liturgia católica.
Cuando Mancuso examinó en su despacho al paciente y comprobó que no se trataba de un asunto meramente psiquiátrico, Miguel reconoció en sus facciones la cara del hombre providencial que le señalaba, en sueños, aquella monja ignota.
El exorcismo se produjo poco después en esa iglesia cerrada, sobre una frazada y con ayuda de cinco hombres que sostenían al poseso, mientras Mancuso trabajaba con las oraciones en latín, el crucifijo y el agua bendita. En la realidad, los exorcismos son mucho menos espectaculares que en la ficción.
No hay levitaciones, telequinesis, multiplicidad de voces ni pronunciación de distintas lenguas.
Al menos, el padre Mancuso, que lleva veinte años cumpliendo ese ritual redactado en 1614 y que tuvo leves enmiendas en 1984 bajo el papado de Juan Pablo II, asegura que jamás vio semejantes piruetas o clichés del folklore.
No por eso la ceremonia resultaba menos aterradora. Miguel se sacudía, gruñía, pateaba, insultaba y de vez en cuando miraba el fondo de los ojos del exorcista y le hablaba en nombre de otro.
"Tu Dios no existe", le dijo en un momento.
"¿Ah, no? -respondió Mancuso-.
¿Y a vos quién te mandó al infierno?"
Miguel, o su ardiente inquilino, pasó de la negación al lamento: "Dios me ha abandonado".
El sacerdote tiene orden de su obispo de no confraternizar ni entrar en diálogos, pero no pudo en esa ocasión evitar la ironía: "Ah, claro, ahora resulta que te abandonó". Miguel se movía con una fuerza impresionante, y era doblegado una y otra vez por los auxiliares y atacado con las armas del ritual.
En un momento, exhausto por el esfuerzo, sonrió de un modo escalofriante: "Bueno, ahora podemos negociar", le dijo al cura.
No había negocio posible. Y al final se entregó. Lo hizo adoptando un alivio absoluto, una paz nueva, un silencio limpio.
Regresó a casa de sus parientes con la sensación de que había vuelto a ser él mismo después de tanto tiempo.
Y antes de viajar a Entre Ríos, fue a escuchar misa y a darle gracias a Dios a la catedral de La Plata.
También visitó distraídamente la santería y entre todas las estampitas vio una de sor María Ludovica, una mujer legendaria que realizó una gran tarea en el Hospital de Niños de la ciudad y murió en 1962.
Esa era la monjita -aseguró Miguel, alelado- que se le aparecía en sueños mostrando la cara redonda pero seria del padre Mancuso.
Este episodio ocurrió hace dos años y a pesar de que el párroco de San José es uno de los más notables exorcistas de la Iglesia Católica argentina y que no se trata de un sacerdote ramplón y ciego sino de un hombre intelectual y estudioso de la psiquiatría, no puedo creer en lo que acaba de contarme.
Puedo creer que me cuenta la verdad.
Pero no puedo creer de verdad que existan anticristos ni posesiones satánicas.
"No puedo creer -le digo-. Pero a veces creo en los que creen."
Fui educado en un colegio salesiano, pero luego conocí el materialismo histórico y me deslicé por la ciencia y la razón a este agnosticismo culposo: ahora envidio a los que tienen fe.
Y me fascinan los ritos milenarios de la Iglesia que resisten la modernidad. Pero me gustan las historias de exorcistas como me gustan los cuentos de fantasmas y de vampiros.
Me encantan como lector los monstruos aunque no puedo creer verdaderamente en ellos. En mi concepción racionalista, Miguel tenía un delirio místico y necesitaba un curador que entrara en su lógica, creyendo profundamente en ella, y que lo curara de esa sugestión.
El exorcista y el poseso tenían así algo en común: creían que Satanás existía y que podía invadir un cuerpo humano. Para muchos miembros de la propia Iglesia el diablo es sólo una metáfora del mal. Una figura jamás corpórea ni parlante.
Otros sectores tienen la seguridad plena de lo contrario. Se reconoce que Juan Pablo II realizó tres exorcismos y se recuerda que hace poco Benedicto XVI saludó a la Asociación de Exorcistas Italianos diciéndoles: "Ustedes ejercen un importante ministerio al servicio de la Iglesia".
Lo concreto es que, en la era de las computadoras y más allá de polémicas internas o externas, el exorcismo se sigue practicando discretamente en casi todo el mundo.
Y Mancuso se ha convertido en un referente de esa praxis.
Lo llaman y escriben desde Estados Unidos y Europa, y lo invitan a realizar exorcismos en Centroamérica. Hace dos años tuvo que dar una conferencia en el Congreso Internacional de Psiquiatría, que se realizó en el Hotel Panamericano.
El exorcista ha estudiado mucho esa materia, y los psiquiatras lo rodeaban pidiéndole que les relatara los casos más impresionantes. Su principal trabajo consiste en dilucidar cuándo verdaderamente se trata de un hecho de posesión.
En muchas ocasiones, descubre detrás de esos síntomas esquizofrenia, histeria o paranoia, y deriva a los pacientes hacia centros de salud mental. Muchas veces percibe que es simplemente trabajo para los médicos clínicos o para los neurólogos.
Es que los exorcistas dividen los problemas en tres planos: el físico, el psíquico y el espiritual. Y sólo pueden intervenir cuando en los dos primeros no se ha encontrado la razón última del disturbio.
Si tengo que optar entre la mente y el alma, particularmente yo me quedo con la mente porque puedo diseccionarla, pero no se me ocurre discutir del tema con alguien que estudia día y noche teología, psiquiatría, parapsicología y tratados de demonología.
Estamos en su despacho, donde habitualmente atiende cercado por libros antiguos, y me doy cuenta de que le teme más a la influenza que al demonio.
"Es cierto -se ríe-. Tengo la estufa prendida todo el día y me pongo el abrigo para salir al corredor porque hace frío: soy diabético y no quiero enfermarme. Vivo solo y nunca tuve miedo a cosas sobrenaturales."
El cielo y la tierra están llenos de asuntos que no comprendemos y tengo la impresión de que no me queda más alternativa que escuchar y narrar algunas experiencias límites del exorcista sin juzgar si la suya es medicina real o simple placebo.
El primer caso de posesión que Carlos Mancuso vio de cerca ocurrió en los años 80 y la protagonista del evento resultó ser una catequista. La chica estaba de novia y todo marchaba bien, directo al casamiento, a pesar de que la inminente "suegra" pensaba que ella no era un buen partido y que la relación era un error.
Al parecer, la mujer consultó un brujo y pagó por un maleficio.
El mago le dio un preparado especial y le pidió que lo mezclara con frutillas e hiciera con ellas una torta para la catequista.
Se trataba de un "trabajo" importante, y la madre del novio siguió las indicaciones al pie de la letra. Después de comer varias porciones, la chica comenzó a vomitar y a perder la conciencia, cambió radicalmente su personalidad y entró en un túnel de insultos y reacciones demenciales que duró días y días, y que ningún médico atinaba a frenar.
El ángel se había convertido en un demonio.
Y el cura de su parroquia, cuando la cosa se volvió inmanejable y escuchó que ella misma aseveraba tener dentro una presencia maligna, fue a buscar a Mancuso.
Era una noche de luna y el cura de la calle 6 caminó por un largo pasillo y tocó a la puerta de la casa. Lo hicieron pasar y vio que la catequista estaba en cama, con su madre a un lado y un sacerdote, amigo de la familia, del otro.
Inmediatamente entró, la chica le gritó a Mancuso: "¡Fuera, basura!".
Y comenzó a escupirlo. Mancuso le acercó el crucifijo y le advirtió: "Este te va a vencer".
La catequista respondió, con voz ronca: "A ése yo ya lo vencí".
Jorge Fernández Díaz LA NACION
A Miguel se le aparecía en sueños una monjita que le señalaba el rostro de un hombre.
En su desesperación, Miguel soñaba que esa mujer piadosa y consagrada le decía, sin palabras, "este hombre puede salvarte del averno".
Miguel vivía en Entre Ríos y trabajaba con un miembro de una secta satánica que lo pretendía en amores. Se había resistido a ese requerimiento, había probado alimentos que el mago le había cocinado a modo de galante obsequio y, a partir de entonces, había sufrido convulsiones, violencias y toda clase de fenómenos autodestructivos.
Lo habían tratado médicos y psiquiatras, y un sacerdote local le había diagnosticado "posesión diabólica".
Al borde del suicidio, creyendo verdaderamente que estaba tomado por el demonio, llegó a la provincia de Buenos Aires y buscó, por medio de unos parientes alarmados, a un exorcista.
Carlos Mancuso es el párroco del templo de San José, sobre la calle 6, y el cura autorizado por el obispado de La Plata para realizar el ritual más misterioso y estremecedor de la liturgia católica.
Cuando Mancuso examinó en su despacho al paciente y comprobó que no se trataba de un asunto meramente psiquiátrico, Miguel reconoció en sus facciones la cara del hombre providencial que le señalaba, en sueños, aquella monja ignota.
El exorcismo se produjo poco después en esa iglesia cerrada, sobre una frazada y con ayuda de cinco hombres que sostenían al poseso, mientras Mancuso trabajaba con las oraciones en latín, el crucifijo y el agua bendita. En la realidad, los exorcismos son mucho menos espectaculares que en la ficción.
No hay levitaciones, telequinesis, multiplicidad de voces ni pronunciación de distintas lenguas.
Al menos, el padre Mancuso, que lleva veinte años cumpliendo ese ritual redactado en 1614 y que tuvo leves enmiendas en 1984 bajo el papado de Juan Pablo II, asegura que jamás vio semejantes piruetas o clichés del folklore.
No por eso la ceremonia resultaba menos aterradora. Miguel se sacudía, gruñía, pateaba, insultaba y de vez en cuando miraba el fondo de los ojos del exorcista y le hablaba en nombre de otro.
"Tu Dios no existe", le dijo en un momento.
"¿Ah, no? -respondió Mancuso-.
¿Y a vos quién te mandó al infierno?"
Miguel, o su ardiente inquilino, pasó de la negación al lamento: "Dios me ha abandonado".
El sacerdote tiene orden de su obispo de no confraternizar ni entrar en diálogos, pero no pudo en esa ocasión evitar la ironía: "Ah, claro, ahora resulta que te abandonó". Miguel se movía con una fuerza impresionante, y era doblegado una y otra vez por los auxiliares y atacado con las armas del ritual.
En un momento, exhausto por el esfuerzo, sonrió de un modo escalofriante: "Bueno, ahora podemos negociar", le dijo al cura.
No había negocio posible. Y al final se entregó. Lo hizo adoptando un alivio absoluto, una paz nueva, un silencio limpio.
Regresó a casa de sus parientes con la sensación de que había vuelto a ser él mismo después de tanto tiempo.
Y antes de viajar a Entre Ríos, fue a escuchar misa y a darle gracias a Dios a la catedral de La Plata.
También visitó distraídamente la santería y entre todas las estampitas vio una de sor María Ludovica, una mujer legendaria que realizó una gran tarea en el Hospital de Niños de la ciudad y murió en 1962.
Esa era la monjita -aseguró Miguel, alelado- que se le aparecía en sueños mostrando la cara redonda pero seria del padre Mancuso.
Este episodio ocurrió hace dos años y a pesar de que el párroco de San José es uno de los más notables exorcistas de la Iglesia Católica argentina y que no se trata de un sacerdote ramplón y ciego sino de un hombre intelectual y estudioso de la psiquiatría, no puedo creer en lo que acaba de contarme.
Puedo creer que me cuenta la verdad.
Pero no puedo creer de verdad que existan anticristos ni posesiones satánicas.
"No puedo creer -le digo-. Pero a veces creo en los que creen."
Fui educado en un colegio salesiano, pero luego conocí el materialismo histórico y me deslicé por la ciencia y la razón a este agnosticismo culposo: ahora envidio a los que tienen fe.
Y me fascinan los ritos milenarios de la Iglesia que resisten la modernidad. Pero me gustan las historias de exorcistas como me gustan los cuentos de fantasmas y de vampiros.
Me encantan como lector los monstruos aunque no puedo creer verdaderamente en ellos. En mi concepción racionalista, Miguel tenía un delirio místico y necesitaba un curador que entrara en su lógica, creyendo profundamente en ella, y que lo curara de esa sugestión.
El exorcista y el poseso tenían así algo en común: creían que Satanás existía y que podía invadir un cuerpo humano. Para muchos miembros de la propia Iglesia el diablo es sólo una metáfora del mal. Una figura jamás corpórea ni parlante.
Otros sectores tienen la seguridad plena de lo contrario. Se reconoce que Juan Pablo II realizó tres exorcismos y se recuerda que hace poco Benedicto XVI saludó a la Asociación de Exorcistas Italianos diciéndoles: "Ustedes ejercen un importante ministerio al servicio de la Iglesia".
Lo concreto es que, en la era de las computadoras y más allá de polémicas internas o externas, el exorcismo se sigue practicando discretamente en casi todo el mundo.
Y Mancuso se ha convertido en un referente de esa praxis.
Lo llaman y escriben desde Estados Unidos y Europa, y lo invitan a realizar exorcismos en Centroamérica. Hace dos años tuvo que dar una conferencia en el Congreso Internacional de Psiquiatría, que se realizó en el Hotel Panamericano.
El exorcista ha estudiado mucho esa materia, y los psiquiatras lo rodeaban pidiéndole que les relatara los casos más impresionantes. Su principal trabajo consiste en dilucidar cuándo verdaderamente se trata de un hecho de posesión.
En muchas ocasiones, descubre detrás de esos síntomas esquizofrenia, histeria o paranoia, y deriva a los pacientes hacia centros de salud mental. Muchas veces percibe que es simplemente trabajo para los médicos clínicos o para los neurólogos.
Es que los exorcistas dividen los problemas en tres planos: el físico, el psíquico y el espiritual. Y sólo pueden intervenir cuando en los dos primeros no se ha encontrado la razón última del disturbio.
Si tengo que optar entre la mente y el alma, particularmente yo me quedo con la mente porque puedo diseccionarla, pero no se me ocurre discutir del tema con alguien que estudia día y noche teología, psiquiatría, parapsicología y tratados de demonología.
Estamos en su despacho, donde habitualmente atiende cercado por libros antiguos, y me doy cuenta de que le teme más a la influenza que al demonio.
"Es cierto -se ríe-. Tengo la estufa prendida todo el día y me pongo el abrigo para salir al corredor porque hace frío: soy diabético y no quiero enfermarme. Vivo solo y nunca tuve miedo a cosas sobrenaturales."
El cielo y la tierra están llenos de asuntos que no comprendemos y tengo la impresión de que no me queda más alternativa que escuchar y narrar algunas experiencias límites del exorcista sin juzgar si la suya es medicina real o simple placebo.
El primer caso de posesión que Carlos Mancuso vio de cerca ocurrió en los años 80 y la protagonista del evento resultó ser una catequista. La chica estaba de novia y todo marchaba bien, directo al casamiento, a pesar de que la inminente "suegra" pensaba que ella no era un buen partido y que la relación era un error.
Al parecer, la mujer consultó un brujo y pagó por un maleficio.
El mago le dio un preparado especial y le pidió que lo mezclara con frutillas e hiciera con ellas una torta para la catequista.
Se trataba de un "trabajo" importante, y la madre del novio siguió las indicaciones al pie de la letra. Después de comer varias porciones, la chica comenzó a vomitar y a perder la conciencia, cambió radicalmente su personalidad y entró en un túnel de insultos y reacciones demenciales que duró días y días, y que ningún médico atinaba a frenar.
El ángel se había convertido en un demonio.
Y el cura de su parroquia, cuando la cosa se volvió inmanejable y escuchó que ella misma aseveraba tener dentro una presencia maligna, fue a buscar a Mancuso.
Era una noche de luna y el cura de la calle 6 caminó por un largo pasillo y tocó a la puerta de la casa. Lo hicieron pasar y vio que la catequista estaba en cama, con su madre a un lado y un sacerdote, amigo de la familia, del otro.
Inmediatamente entró, la chica le gritó a Mancuso: "¡Fuera, basura!".
Y comenzó a escupirlo. Mancuso le acercó el crucifijo y le advirtió: "Este te va a vencer".
La catequista respondió, con voz ronca: "A ése yo ya lo vencí".
Etiquetas:
Copiado de La Nacion por Candela Robin
El exorcista dela calle 6 (Segunda Parte)
"Está endemoniada"
Al día siguiente Mancuso visitó al padre Antonio Sagrera, un sacerdote español que tenía 85 años y que era el exorcista oficial de la diócesis.
Sagrera estaba trabajando en el jardín y en cuanto Mancuso empezó a relatarle los detalles del caso de la catequista, sin dejar de cortar los brotes con su tijera, el veterano guerrero de la oscuridad dictaminó: "Está endemoniada".
Lo hizo sin pestañear y sin dejar de podar su parra. Mancuso quedó impresionado por la seguridad de su maestro. Luego también él adquiría ese ojo clínico.
En aquel entonces, para practicar un exorcismo en la zona había que pedir permiso a monseñor Antonio Plaza. Hoy el obispo Héctor Aguer le ha dado permiso especial a Mancuso para llevar a cabo esas ceremonias según su criterio: confía absolutamente en los razonamientos de su párroco.
Plaza le dijo a Mancuso: "Háganlo pero con mucha prudencia, tal vez no se trate de una poseída sino de una enferma".
Los familiares de la catequista la trajeron a la rastra a la iglesia a las diez de la mañana. Cerraron el templo al público y pusieron una manta en el suelo.
Pese a que Sagrera dirigía la operación, Mancuso se adelantó y les dijo a los auxiliares: "Agárrenla entre todos".
La catequista lo miró con sorna: "Ah, me tenés miedo". A órdenes del padre Antonio comenzaron los ritos y las unciones, y su sucedieron los pataleos e insultos procaces.
En un momento pararon para descansar y uno de los auxiliares le dijo: "La bronca es con usted, Mancuso".
Era cierto: Sagrera manejaba el exorcismo, pero el odio de ella no se concentraba en el maestro sino en el aprendiz. "Fue como un aviso -me dice Mancuso-.
Una premonición y un aviso por todos los combates que libraríamos él y yo a partir de entonces.
" Después de luchar y resistirse, después de un escándalo de voces y forcejeos, repentinamente todos escucharon una voz: "Abandono". Y la chica volvió dolorosamente de su furia ciega a sus cabales. Un estudiante de medicina, que presenciaba las maniobras, la había examinado en el pico máximo de tensión: la catequista registraba los valores vitales normales.
En medio de la ira sin límite y los puñetazos tenía sólo 72 pulsaciones, como si estuviera tomando una apacible siesta.
El crecimiento del ocultismo y la magia negra, la proliferación de sectas satánicas y las cofradías secretas, la multiplicación de hechiceros, curanderos y adivinadores, y la progresiva experimentación del espiritismo han sido el principal caldo de cultivo de los pacientes que el padre Mancuso ha venido atendiendo.
La mayoría proviene de la provincia de Buenos Aires y de la Capital.
Sin embargo, el caso más resonante del exorcista de la calle 6 vino de Santiago del Estero. En 1985 un joven de veinte años llamado Gonzalo entró en una secta y firmó un pacto diabólico. Se les prometía, a quienes pactaban, placeres y dichas a cambio de ofrendas cada vez más exigentes.
A Gonzalo le pidieron, en una escalada final, la vida de un ser querido: que asesinara a un sobrino de ocho años. El joven no pudo cumplir con ese sacrificio y comenzó a tener comportamientos perversos, a manifestar que cargaba con una venganza infernal y que llevaba en su interior un espíritu demoníaco.
Lo revisaron siquiatras y médicos, y lo trajeron a La Plata en ambulancia: allí vivía su madre, que lo hizo ver en institutos de alta tecnología médica. Gonzalo cometía locuras en períodos irregulares y de manera intermitente.
Lo ingresaron finalmente en un manicomio y, después de unos días de observación, un psiquiatra encaró a la familia: "Llévenlo a un sacerdote especializado para que lo curen de la parte espiritual".
Un jueves de ceniza un párroco de la zona, atribulado por el caso, recurrió a los exorcistas.
Mancuso examinó detenidamente el asunto y decidió que harían la ceremonia. El y sus auxiliares ayunaron durante unos días y estuvieron en oración permanente. Luego se reunieron con parientes de Gonzalo y con un médico catedrático de la Universidad de La Plata, que quería presenciar el exorcismo, y partieron hacia la zona de Lisandro Olmos. Gonzalo estaba viviendo solo en una casa humilde.
Los vecinos decían haberlo visto masticar vidrios, tragar cuentas de rosario y destruir crucifijos. Había intentado pegarle a su madre, había tratado de estrangular a un hombre, había roto ventanas y dormía en el piso como un animal. Tenía, sin embargo, lapsos de lucidez y por lo tanto de congoja.
Mancuso entró en la casa y alzó su crucifijo, rodeado de su grupo de ayudantes, y Gonzalo se acercó en cuatro patas gruñendo como un cerdo y se detuvo, echó a correr en sentido contrario y se lanzó afuera por una ventana.
Corrió a campo traviesa sin que pudieran alcanzarlo. Y tuvieron que volver a la parroquia con las manos vacías. Pero, después de almorzar, les avisaron a los sacerdotes que lo habían finalmente apresado y que lo llevaban maniatado en una camioneta hasta la Iglesia de San Cayetano.
El exorcismo se realizó en esa misma iglesia, con el apoyo de una veintena de personas, que lograban sujetar a Gonzalo a duras penas. El joven tenía una fuerza inverosímil y cuando Mancuso intentó ungirle la frente se sacudió con violencia.
Lo dieron vuelta y lo pusieron boca abajo para que no pudiera lastimar a nadie ni zafarse, y los curas comenzaron el ritual en latín y no lo acabaron hasta que Gonzalo se aplacó y pudieron sentarlo en una silla. Allí terminaron los alaridos y extraños balbuceos. Estaba ahora calmado y abatido, y narró el acuerdo diabólico que había firmado y por qué se había producido la posesión. Y luego, en señal de arrepentimiento, pidió que lo llevaran en andas hasta el sagrario y allí besó los pies de Jesucristo: todo había terminado.
"Gonzalo murió veinte años después, hace poco -me dice Mancuso-.
Muerte súbita.
Le falló el corazón.
" Supongamos, le propongo, que un tipo cree estar endemoniado pero no lo está y ustedes le realizan un exorcismo. "No siempre podemos estar seguros de que no simulan la posesión -confiesa encogiéndose de hombros-. Pero si la persona se va de acá mejor, hemos hecho un bien, ¿no cree?" Me gusta creer que el exorcista no tiene forma entonces de hacer el mal.
Me habla de paso de San Benito de Nursia, que fundó la orden de los benedictinos, fue un poderoso exorcista y es "invocado con efectividad" para conseguir la protección contra los espíritus diabólicos.
Mancuso se coloca nuevamente el abrigo y me acompaña hasta la puerta atravesando la fría austeridad de su parroquia. Está preparándose porque en pocos días más le traerán a un muchacho que vive en una villa miseria de la Capital. Dicen que está poseído y que al nacer su madre en lugar de bautizarlo lo consagró a Satán durante una misa sangrienta. Por cada hecho diurno hay un hecho nocturno.
Hay una Biblia y una biblia negra, y un Cristo y un anticristo, un derecho y un revés, una diestra y una siniestra. Y un duelo entre los cultores del diablo y este gladiador de Dios. Aún en mi incredulidad más absoluta, le digo que fue un honor conocerlo. Mancuso no puede con su genio y me recuerda una vieja sentencia católica: "Al infierno van aquellos que dicen que no existe el infierno".
El personaje CARLOS MANCUSO
Cura exorcista de la diócesis de La Plata
Quién es: tiene 75 años y es desde hace más de treinta el párroco del templo de San José, ubicado en la calle 6 de La Plata.
Qué hace: tiene autorización de la Iglesia Católica para practicar el ritual del exorcismo. Es un estudioso de la psiquiatría, la parapsicología y la demonología.
Sus cargos: es confesor del Monasterio de Carmelitas, del Seminario Mayor y de la Casa del Padre Pío. Y capellán del Colegio Eurcarístico de la Plata. También es canónigo de la Santa Iglesia Catedral, es decir: forma parte del consejo de sacerdotes de monseñor Héctor Aguer, a quien responde de manera directa.
Su experiencia: realizó decenas de exorcismos.
La célebre película de William Friedkin le parece "una exageración total".
Recomienda ver una más realista: "El exorcismo de Mary Rose".
Al día siguiente Mancuso visitó al padre Antonio Sagrera, un sacerdote español que tenía 85 años y que era el exorcista oficial de la diócesis.
Sagrera estaba trabajando en el jardín y en cuanto Mancuso empezó a relatarle los detalles del caso de la catequista, sin dejar de cortar los brotes con su tijera, el veterano guerrero de la oscuridad dictaminó: "Está endemoniada".
Lo hizo sin pestañear y sin dejar de podar su parra. Mancuso quedó impresionado por la seguridad de su maestro. Luego también él adquiría ese ojo clínico.
En aquel entonces, para practicar un exorcismo en la zona había que pedir permiso a monseñor Antonio Plaza. Hoy el obispo Héctor Aguer le ha dado permiso especial a Mancuso para llevar a cabo esas ceremonias según su criterio: confía absolutamente en los razonamientos de su párroco.
Plaza le dijo a Mancuso: "Háganlo pero con mucha prudencia, tal vez no se trate de una poseída sino de una enferma".
Los familiares de la catequista la trajeron a la rastra a la iglesia a las diez de la mañana. Cerraron el templo al público y pusieron una manta en el suelo.
Pese a que Sagrera dirigía la operación, Mancuso se adelantó y les dijo a los auxiliares: "Agárrenla entre todos".
La catequista lo miró con sorna: "Ah, me tenés miedo". A órdenes del padre Antonio comenzaron los ritos y las unciones, y su sucedieron los pataleos e insultos procaces.
En un momento pararon para descansar y uno de los auxiliares le dijo: "La bronca es con usted, Mancuso".
Era cierto: Sagrera manejaba el exorcismo, pero el odio de ella no se concentraba en el maestro sino en el aprendiz. "Fue como un aviso -me dice Mancuso-.
Una premonición y un aviso por todos los combates que libraríamos él y yo a partir de entonces.
" Después de luchar y resistirse, después de un escándalo de voces y forcejeos, repentinamente todos escucharon una voz: "Abandono". Y la chica volvió dolorosamente de su furia ciega a sus cabales. Un estudiante de medicina, que presenciaba las maniobras, la había examinado en el pico máximo de tensión: la catequista registraba los valores vitales normales.
En medio de la ira sin límite y los puñetazos tenía sólo 72 pulsaciones, como si estuviera tomando una apacible siesta.
El crecimiento del ocultismo y la magia negra, la proliferación de sectas satánicas y las cofradías secretas, la multiplicación de hechiceros, curanderos y adivinadores, y la progresiva experimentación del espiritismo han sido el principal caldo de cultivo de los pacientes que el padre Mancuso ha venido atendiendo.
La mayoría proviene de la provincia de Buenos Aires y de la Capital.
Sin embargo, el caso más resonante del exorcista de la calle 6 vino de Santiago del Estero. En 1985 un joven de veinte años llamado Gonzalo entró en una secta y firmó un pacto diabólico. Se les prometía, a quienes pactaban, placeres y dichas a cambio de ofrendas cada vez más exigentes.
A Gonzalo le pidieron, en una escalada final, la vida de un ser querido: que asesinara a un sobrino de ocho años. El joven no pudo cumplir con ese sacrificio y comenzó a tener comportamientos perversos, a manifestar que cargaba con una venganza infernal y que llevaba en su interior un espíritu demoníaco.
Lo revisaron siquiatras y médicos, y lo trajeron a La Plata en ambulancia: allí vivía su madre, que lo hizo ver en institutos de alta tecnología médica. Gonzalo cometía locuras en períodos irregulares y de manera intermitente.
Lo ingresaron finalmente en un manicomio y, después de unos días de observación, un psiquiatra encaró a la familia: "Llévenlo a un sacerdote especializado para que lo curen de la parte espiritual".
Un jueves de ceniza un párroco de la zona, atribulado por el caso, recurrió a los exorcistas.
Mancuso examinó detenidamente el asunto y decidió que harían la ceremonia. El y sus auxiliares ayunaron durante unos días y estuvieron en oración permanente. Luego se reunieron con parientes de Gonzalo y con un médico catedrático de la Universidad de La Plata, que quería presenciar el exorcismo, y partieron hacia la zona de Lisandro Olmos. Gonzalo estaba viviendo solo en una casa humilde.
Los vecinos decían haberlo visto masticar vidrios, tragar cuentas de rosario y destruir crucifijos. Había intentado pegarle a su madre, había tratado de estrangular a un hombre, había roto ventanas y dormía en el piso como un animal. Tenía, sin embargo, lapsos de lucidez y por lo tanto de congoja.
Mancuso entró en la casa y alzó su crucifijo, rodeado de su grupo de ayudantes, y Gonzalo se acercó en cuatro patas gruñendo como un cerdo y se detuvo, echó a correr en sentido contrario y se lanzó afuera por una ventana.
Corrió a campo traviesa sin que pudieran alcanzarlo. Y tuvieron que volver a la parroquia con las manos vacías. Pero, después de almorzar, les avisaron a los sacerdotes que lo habían finalmente apresado y que lo llevaban maniatado en una camioneta hasta la Iglesia de San Cayetano.
El exorcismo se realizó en esa misma iglesia, con el apoyo de una veintena de personas, que lograban sujetar a Gonzalo a duras penas. El joven tenía una fuerza inverosímil y cuando Mancuso intentó ungirle la frente se sacudió con violencia.
Lo dieron vuelta y lo pusieron boca abajo para que no pudiera lastimar a nadie ni zafarse, y los curas comenzaron el ritual en latín y no lo acabaron hasta que Gonzalo se aplacó y pudieron sentarlo en una silla. Allí terminaron los alaridos y extraños balbuceos. Estaba ahora calmado y abatido, y narró el acuerdo diabólico que había firmado y por qué se había producido la posesión. Y luego, en señal de arrepentimiento, pidió que lo llevaran en andas hasta el sagrario y allí besó los pies de Jesucristo: todo había terminado.
"Gonzalo murió veinte años después, hace poco -me dice Mancuso-.
Muerte súbita.
Le falló el corazón.
" Supongamos, le propongo, que un tipo cree estar endemoniado pero no lo está y ustedes le realizan un exorcismo. "No siempre podemos estar seguros de que no simulan la posesión -confiesa encogiéndose de hombros-. Pero si la persona se va de acá mejor, hemos hecho un bien, ¿no cree?" Me gusta creer que el exorcista no tiene forma entonces de hacer el mal.
Me habla de paso de San Benito de Nursia, que fundó la orden de los benedictinos, fue un poderoso exorcista y es "invocado con efectividad" para conseguir la protección contra los espíritus diabólicos.
Mancuso se coloca nuevamente el abrigo y me acompaña hasta la puerta atravesando la fría austeridad de su parroquia. Está preparándose porque en pocos días más le traerán a un muchacho que vive en una villa miseria de la Capital. Dicen que está poseído y que al nacer su madre en lugar de bautizarlo lo consagró a Satán durante una misa sangrienta. Por cada hecho diurno hay un hecho nocturno.
Hay una Biblia y una biblia negra, y un Cristo y un anticristo, un derecho y un revés, una diestra y una siniestra. Y un duelo entre los cultores del diablo y este gladiador de Dios. Aún en mi incredulidad más absoluta, le digo que fue un honor conocerlo. Mancuso no puede con su genio y me recuerda una vieja sentencia católica: "Al infierno van aquellos que dicen que no existe el infierno".
El personaje CARLOS MANCUSO
Cura exorcista de la diócesis de La Plata
Quién es: tiene 75 años y es desde hace más de treinta el párroco del templo de San José, ubicado en la calle 6 de La Plata.
Qué hace: tiene autorización de la Iglesia Católica para practicar el ritual del exorcismo. Es un estudioso de la psiquiatría, la parapsicología y la demonología.
Sus cargos: es confesor del Monasterio de Carmelitas, del Seminario Mayor y de la Casa del Padre Pío. Y capellán del Colegio Eurcarístico de la Plata. También es canónigo de la Santa Iglesia Catedral, es decir: forma parte del consejo de sacerdotes de monseñor Héctor Aguer, a quien responde de manera directa.
Su experiencia: realizó decenas de exorcismos.
La célebre película de William Friedkin le parece "una exageración total".
Recomienda ver una más realista: "El exorcismo de Mary Rose".
Etiquetas:
Copiado de La Nacion por Candela Robin
martes, 14 de julio de 2009
¿ Quién e Amado Boudou? La Nacion - Argentina
Cambios en el Gabinete
¿Quién es Amado Boudou?
Fue liberal, militó en la Ucedé y enseñó en el CEMA; se convirtió al kirchnerismo y tiene algunos magullones en su currículum, que incluye hasta la producción de espectáculos
Noticias de Economía: La Nacion-Domingo 12 de julio de 2009 Publicado en edición impresa.
Apenas habían pasado algunas horas de la derrota electoral y reunidos en Rufino, el bar del barrio de Núñez que convoca todos los miércoles a modelos y a aspirantes fashion, los amigos habían empezado a festejar por adelantado lo que a esta altura era un secreto a voces en el seno del Gobierno.
Mientras Jorge "Corcho" Rodríguez, un íntimo del grupo, cantaba temas de Pappo, las miradas de quienes compartían la mesa central se cruzaban con las de personajes como Marcelo Tinelli, Adrián Suar, el actor Guillermo Francella y hasta el futbolista Diego "Cholo" Simeone.
El festejo siguió el jueves en Santino y se extendió, dos días después, el sábado a la noche en el cumpleaños que el heredero del Banco Macro Jorge Brito (h.) hizo en el Hotel Faena en Puerto Madero, tenía como centro a quien 72 horas más tarde fuera designado como flamante ministro de Economía de Cristina Fernández: Amado Boudou.
Sus amigos eran testigos de que Aimé, como lo conocen desde chico en su Mar del Plata de la infancia (mote que surge de traducir su nombre al francés y que heredó de su padre, también de nombre Amado), venía coqueteando con la idea de hacerse cargo de un Ministerio desde hace meses. Siempre le gustó el alto perfil, subrayan quienes lo rodean.
Ya de joven, cuando estudiaba Economía en la Universidad Nacional de de Mar del Plata (obtuvo un promedio de 8,19), se destacaba como dirigente de Unión para la Apertura Universitaria (UPAU), el brazo político de la Ucedé en los centros estudiantiles de las distintas facultades del país. Su par, en la Facultad de Derecho, era el también marplatense Ricardo Echegaray, hoy al frente de la AFIP.
Corrían los años ?80, y con la gestión de Raúl Alfonsín como telón de fondo, las ideas por las que luchaba este grupo de jóvenes de la UPAU, estaban más alineadas con las que luego implementaría el menemismo en los ?90, como fue la privatización de los servicios públicos.
Aunque, recuerdan representantes de otras fuerzas, "en la universidad nunca ganaron una elección".
Todo, pese al gran carisma de Boudou, que es descripto por varios de sus ex compañeros de Economía como "extremadamente simpático y jovial".
Una figura del radicalismo marplatense lo definió en pocas palabras: " Aimé ha sido siempre un tipo entrador, un encantador de serpientes".
Era, después de todo, uno de los responsables del boliche de mayor éxito en la costa atlántica: Frisco Bay. Allí, Boudou pasaba música y se encargaba de convocar los viernes a algunos de los principales grupos de música nacional. De esa época arrastra una de sus aficiones, como es la colección de guitarras eléctricas (tiene más de 12), que toca de vez en cuando. Alguna vez se lo vio, guitarra en mano, en los shows de fin de año de la Anses.
También adquirió fama de galán, que alimenta con su eterna soltería.
Aimé era realmente bueno en el manejo de las relaciones públicas y, de hecho, montó en su juventud un negocio de organización de eventos. Su broche de oro fue la producción de un recital playero denominado Rock in Bali, que todavía hoy evocan muchos marplatenses. Fueron cuatro ediciones, con más de 15.000 personas cada una, en las que participaron grupos de la talla de Soda Stereo, Sumo, Virus, Los Violadores, que ya eran furor en los frescos años de la democracia.
Frisco Bay quedaba a pocos metros de la ruta 88, camino a Necochea, lejos del bullicio de La Feliz, pero pegada al basural de la empresa de recolección de residuos Venturino Eshiur, en la cual Boudou hizo sus primeros pasos en el sector privado. Su hermano Juan estaba por ese entonces de novio con una hija de Venturino, Verónica.
El economista ingresó en 1990 en el departamento comercial, y sólo dos años más tarde, a los 30 años, se hizo cargo de la gerencia general de la compañía. En el puesto, sin embargo, duró hasta 1995, cuando la empresa quebró luego de que uno de sus grandes clientes municipales le rescindió el contrato. Una versión de la historia cuenta que el entonces intendente Mario Russak le sacó la mitad de la zona que cubría la empresa por falencias en el servicio.
Una fuente consultada recordó una anécdota para ilustrar cómo gestionaba la empresa. Boudou y otros ejecutivos de la firma esperaban un vuelo de Capital Federal por cuestiones de negocios. Pero el avión se demoró. Durante la espera tocó pista una aeronave que hacía escala en Mar del Plata y seguía para Bariloche. "Vamos a Bariloche", tentó a sus compañeros que, como él, vestían de traje y no llevaban equipaje alguno. No tardó en convencerlos. "A Aimé era difícil decirle que no", insistió la fuente.
Junto con algunos conocidos, Boudou participó luego de la fundación de otra empresa de recolección de residuos en la costa atlántica, llamada Ecoplat, en la cual se encargaba de la gestión y cobro ante los municipios. Un ex intendente aseguró que "nunca habían tenido problemas con él".
Camino a la ciudad
De la mano de un amigo de la Facultad de Ciencias Económicas, Benigno Vélez, Aimé llega en 1998 a la Anses. (Más tarde, Vélez terminaría siendo su subordinado.) "Empezó en la Anses de abajo, como analista, y fue subiendo. Porque hasta 2002, la Anses no existía y casi no había economistas. Pero con la devaluación, empezó a caer la plata y hacía falta gente con conocimiento técnico", relata alguien que desde hace tiempo merodea los pasillos del organismo previsional. La necesidad de perfeccionarse lo llevó a realizar un máster de Economía.
La universidad elegida fue el CEMA, cuna del neoliberalismo, y de la que se destacan como exponentes el ex titular del Banco Central Pedro Pou, el economista Jorge Avila o el ex ministro de Economía Roque Fernández.
No sólo logró el título de magíster en 2003, sino que siguió como miembro académico de la institución, como profesor titular de Análisis Económico de la Empresa. También comenzó un doctorado, que nunca terminó.
Claro que, su mayor logro para el kirchnerismo -la eliminación del sistema privado de AFJP- fue luego lo que lo alejó definitivamente de la institución educativa. Tanto que, apenas asumió como ministro, circuló entre los profesores del CEMA un mail en el que se hacía referencia a Boudou como un "yuyo".
No hace falta que los docentes o alumnos de la universidad aclaren que están en contra del pensamiento del hombre que hoy no forma parte del núcleo más íntimo de Néstor y Cristina (copado casi exclusivamente por el ministro de Planificación, Julio De Vido, y por el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zanini), pero sí está muy bien considerado por la Presidenta.
"Boudou tiene la habilidad innata para poder expropiar decenas de millones de pesos a los jubilados y lograr que el Congreso se lo apruebe", ironizó un economista consultado.
Con todo, un miembro del Consejo Superior del CEMA, reconoció que "se lo respeta como docente, porque tenía una muy buena calificación entre sus estudiantes". Todos los años, los alumnos llenan una planilla con un cuestionario y Boudou siempre salía bien evaluado, por encima del promedio. "Esto indica que es una persona con una gran habilidad expresiva, pero -continuó- no es lo mismo tener habilidad como docente que tener habilidad técnica. Esto se mide por los trabajos publicados y no le conozco antecedentes importantes."
En paralelo al CEMA, Boudou nunca descuidó su trabajo en la Anses. Allí conoció a su gran impulsor dentro del kirchnerismo, que fue Sergio Massa. Mientras se desempeñó como titular de la Anses, Massa confió en Boudou como en su mano derecha.
Su protegido, agradecido, lo reconocía como "padrino" y hasta dejó de lado la camiseta del Alosivi de Mar del Plata para hacerse hincha de Tigre, cancha a la cual asistía regularmente con su mentor. No dudó así Massa en sugerirlo como su reemplazante, cuando dejó el timón de la Anses para asumir la Jefatura de Gabinete.
Pero hoy, su amistad estaría desgarrada, dicen quienes más los conocen. Boudou supo encontrar rápidamente un atajo a la Casa de Gobierno, a espaldas de quien había sido su mentor, y las vueltas de la vida hicieron que ingresara triunfante al gabinete de Cristina, al tiempo que el ex intendente de Tigre carga con el peso de la derrota electoral del oficialismo.
En la última entrevista que Boudou dio a LA NACION, apenas había asumido como jefe de la Anses y había anunciado el fin de las AFJP, quedó en evidencia el resquebrajamiento de la relación.
Se decía entonces que Massa no estaba de acuerdo con la medida (incluso él había dejado trascender días antes a los medios que el Gobierno planeaba un esquema de bifondos para las AFJP). Consultado sobre esas supuestas discrepancias, Boudou las negó tajantemente. Esgrimió, a modo de prueba, que ese domingo irían con Massa a ver a Tigre contra Huracán. Pero el partido se estaba jugando ese mismo sábado, mientras transcurría la entrevista.
Aimé , sin embargo, mantiene una excelente relación con uno de hombres clave del núcleo pingüino: Julio De Vido. Fue con dinero de la caja jubilatoria que el Ministro de Planificación financió algunos de los proyectos de infraestructura más importantes de esta gestión, como la finalización de la central de Atucha II, las centrales térmicas de Ensenada y Santa Fe, y la de Pilar, cuya construcción está en manos de Electroingeniería, una empresa ligada al kirchnerismo.
Aunque la relación entre ambos había comenzado antes de que Aimé se transformara en el número uno de la Anses. En diciembre de 2003, Boudou pidió licencia en el organismo previsional para acompañar al intendente del Partido de la Costa, Juan De Jesús. Aimé ya lo había apoyado durante la campaña y asumió la Secretaría de Hacienda del partido. Mientras estaba en funciones, avaló con su firma un estratégico (y finalmente, polémico) Plan Federal de Viviendas que lanzó con el mismísimo De Vido.
Abundan en Internet los artículos periodísticos que hablan luego del escándalo que envolvió la operación. De las 486 casas que debían ser construidas en las localidades de Mar de Ajó, San Clemente y San Bernardo sólo se terminaron menos de 100 hasta 2006, año en el que se había estipulado la concreción de la totalidad del plan.
En el medio, la empresa adjudicataria de la obra, Cantera FC, abandonó el proyecto sin argumentos. Ya había cobrado 73,9% de lo presupuestado (más de $ 20 millones). No obstante, una investigación que comprometía a Boudou fue archivada meses atrás en el Concejo Deliberante, con el voto mayoritario del oficialismo. Cercanos al ministro de Economía aseguran que si bien el proyecto contaba con su firma, él ya no formaba parte de la gestión cuando se desató el escándalo.
Perspectivas en danza
En principio, para Boudou, el Palacio de Hacienda sería sólo un paso intermedio para lograr otros objetivos, como la intendencia de Mar del Plata (su corazón está ahí, al igual que sus presuntas inversiones inmobiliarias más recientes), o la Jefatura de Gobierno la ciudad de Buenos Aires, para la cual estaría trabajando de cara a 2011, algunos dicen, de la mano del flamante secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi. Boudou nació en la Capital, se crió en Mar del Plata, vota en Saavedra, tiene domicilio en Palermo y vive en Puerto Madero, donde se lo puede ver los fines de semana en su moto Harley-Davidson.
Ahora es una incógnita si en su nuevo puesto privilegiará sus genes liberales o su adoctrinamiento "nacional y popular". Deberá resolver si sigue avalando sin cuestionamientos las beleidades del controvertido Guillermo Moreno, como hizo cuando estaba en la Anses, que financió desde el rescate de la papelera Massuh hasta el de la automotriz General Motors, o si se le planta en firme.
También está por verse si su carisma y magnetismo son lo suficientemente fuertes como para sortear la tozudez de Néstor Kirchner, quien en las sombras todavía maneja las riendas de la economía. Este es el paso previo para empezar a soñar con más.
Con la colaboración de Darío Palavecino y Silvia Stang.
El personaje AMADO BOUDOU
Ministro de economía
Profesión : economista
Edad : 46 años
Origen : nació en Capital Federal, pero se crió en Mar del Plata.
Aimé, como lo conocen desde la infancia, viene de una familia de clase media acomodada. Su padre, Amado, era un arrendatario de campos que se quedó con la propiedad del terreno, aprovechando la ley de alquileres de Perón.
Es buen jugador de golf (12 de handicap), hobby en el que se inició en el coqueto Mar del Plata Golf Club, y también juega al tenis en el Darling Tenis Club, ubicado en las calles Brasil y Huergo.
¿Quién es Amado Boudou?
Fue liberal, militó en la Ucedé y enseñó en el CEMA; se convirtió al kirchnerismo y tiene algunos magullones en su currículum, que incluye hasta la producción de espectáculos
Noticias de Economía: La Nacion-Domingo 12 de julio de 2009 Publicado en edición impresa.
Apenas habían pasado algunas horas de la derrota electoral y reunidos en Rufino, el bar del barrio de Núñez que convoca todos los miércoles a modelos y a aspirantes fashion, los amigos habían empezado a festejar por adelantado lo que a esta altura era un secreto a voces en el seno del Gobierno.
Mientras Jorge "Corcho" Rodríguez, un íntimo del grupo, cantaba temas de Pappo, las miradas de quienes compartían la mesa central se cruzaban con las de personajes como Marcelo Tinelli, Adrián Suar, el actor Guillermo Francella y hasta el futbolista Diego "Cholo" Simeone.
El festejo siguió el jueves en Santino y se extendió, dos días después, el sábado a la noche en el cumpleaños que el heredero del Banco Macro Jorge Brito (h.) hizo en el Hotel Faena en Puerto Madero, tenía como centro a quien 72 horas más tarde fuera designado como flamante ministro de Economía de Cristina Fernández: Amado Boudou.
Sus amigos eran testigos de que Aimé, como lo conocen desde chico en su Mar del Plata de la infancia (mote que surge de traducir su nombre al francés y que heredó de su padre, también de nombre Amado), venía coqueteando con la idea de hacerse cargo de un Ministerio desde hace meses. Siempre le gustó el alto perfil, subrayan quienes lo rodean.
Ya de joven, cuando estudiaba Economía en la Universidad Nacional de de Mar del Plata (obtuvo un promedio de 8,19), se destacaba como dirigente de Unión para la Apertura Universitaria (UPAU), el brazo político de la Ucedé en los centros estudiantiles de las distintas facultades del país. Su par, en la Facultad de Derecho, era el también marplatense Ricardo Echegaray, hoy al frente de la AFIP.
Corrían los años ?80, y con la gestión de Raúl Alfonsín como telón de fondo, las ideas por las que luchaba este grupo de jóvenes de la UPAU, estaban más alineadas con las que luego implementaría el menemismo en los ?90, como fue la privatización de los servicios públicos.
Aunque, recuerdan representantes de otras fuerzas, "en la universidad nunca ganaron una elección".
Todo, pese al gran carisma de Boudou, que es descripto por varios de sus ex compañeros de Economía como "extremadamente simpático y jovial".
Una figura del radicalismo marplatense lo definió en pocas palabras: " Aimé ha sido siempre un tipo entrador, un encantador de serpientes".
Era, después de todo, uno de los responsables del boliche de mayor éxito en la costa atlántica: Frisco Bay. Allí, Boudou pasaba música y se encargaba de convocar los viernes a algunos de los principales grupos de música nacional. De esa época arrastra una de sus aficiones, como es la colección de guitarras eléctricas (tiene más de 12), que toca de vez en cuando. Alguna vez se lo vio, guitarra en mano, en los shows de fin de año de la Anses.
También adquirió fama de galán, que alimenta con su eterna soltería.
Aimé era realmente bueno en el manejo de las relaciones públicas y, de hecho, montó en su juventud un negocio de organización de eventos. Su broche de oro fue la producción de un recital playero denominado Rock in Bali, que todavía hoy evocan muchos marplatenses. Fueron cuatro ediciones, con más de 15.000 personas cada una, en las que participaron grupos de la talla de Soda Stereo, Sumo, Virus, Los Violadores, que ya eran furor en los frescos años de la democracia.
Frisco Bay quedaba a pocos metros de la ruta 88, camino a Necochea, lejos del bullicio de La Feliz, pero pegada al basural de la empresa de recolección de residuos Venturino Eshiur, en la cual Boudou hizo sus primeros pasos en el sector privado. Su hermano Juan estaba por ese entonces de novio con una hija de Venturino, Verónica.
El economista ingresó en 1990 en el departamento comercial, y sólo dos años más tarde, a los 30 años, se hizo cargo de la gerencia general de la compañía. En el puesto, sin embargo, duró hasta 1995, cuando la empresa quebró luego de que uno de sus grandes clientes municipales le rescindió el contrato. Una versión de la historia cuenta que el entonces intendente Mario Russak le sacó la mitad de la zona que cubría la empresa por falencias en el servicio.
Una fuente consultada recordó una anécdota para ilustrar cómo gestionaba la empresa. Boudou y otros ejecutivos de la firma esperaban un vuelo de Capital Federal por cuestiones de negocios. Pero el avión se demoró. Durante la espera tocó pista una aeronave que hacía escala en Mar del Plata y seguía para Bariloche. "Vamos a Bariloche", tentó a sus compañeros que, como él, vestían de traje y no llevaban equipaje alguno. No tardó en convencerlos. "A Aimé era difícil decirle que no", insistió la fuente.
Junto con algunos conocidos, Boudou participó luego de la fundación de otra empresa de recolección de residuos en la costa atlántica, llamada Ecoplat, en la cual se encargaba de la gestión y cobro ante los municipios. Un ex intendente aseguró que "nunca habían tenido problemas con él".
Camino a la ciudad
De la mano de un amigo de la Facultad de Ciencias Económicas, Benigno Vélez, Aimé llega en 1998 a la Anses. (Más tarde, Vélez terminaría siendo su subordinado.) "Empezó en la Anses de abajo, como analista, y fue subiendo. Porque hasta 2002, la Anses no existía y casi no había economistas. Pero con la devaluación, empezó a caer la plata y hacía falta gente con conocimiento técnico", relata alguien que desde hace tiempo merodea los pasillos del organismo previsional. La necesidad de perfeccionarse lo llevó a realizar un máster de Economía.
La universidad elegida fue el CEMA, cuna del neoliberalismo, y de la que se destacan como exponentes el ex titular del Banco Central Pedro Pou, el economista Jorge Avila o el ex ministro de Economía Roque Fernández.
No sólo logró el título de magíster en 2003, sino que siguió como miembro académico de la institución, como profesor titular de Análisis Económico de la Empresa. También comenzó un doctorado, que nunca terminó.
Claro que, su mayor logro para el kirchnerismo -la eliminación del sistema privado de AFJP- fue luego lo que lo alejó definitivamente de la institución educativa. Tanto que, apenas asumió como ministro, circuló entre los profesores del CEMA un mail en el que se hacía referencia a Boudou como un "yuyo".
No hace falta que los docentes o alumnos de la universidad aclaren que están en contra del pensamiento del hombre que hoy no forma parte del núcleo más íntimo de Néstor y Cristina (copado casi exclusivamente por el ministro de Planificación, Julio De Vido, y por el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zanini), pero sí está muy bien considerado por la Presidenta.
"Boudou tiene la habilidad innata para poder expropiar decenas de millones de pesos a los jubilados y lograr que el Congreso se lo apruebe", ironizó un economista consultado.
Con todo, un miembro del Consejo Superior del CEMA, reconoció que "se lo respeta como docente, porque tenía una muy buena calificación entre sus estudiantes". Todos los años, los alumnos llenan una planilla con un cuestionario y Boudou siempre salía bien evaluado, por encima del promedio. "Esto indica que es una persona con una gran habilidad expresiva, pero -continuó- no es lo mismo tener habilidad como docente que tener habilidad técnica. Esto se mide por los trabajos publicados y no le conozco antecedentes importantes."
En paralelo al CEMA, Boudou nunca descuidó su trabajo en la Anses. Allí conoció a su gran impulsor dentro del kirchnerismo, que fue Sergio Massa. Mientras se desempeñó como titular de la Anses, Massa confió en Boudou como en su mano derecha.
Su protegido, agradecido, lo reconocía como "padrino" y hasta dejó de lado la camiseta del Alosivi de Mar del Plata para hacerse hincha de Tigre, cancha a la cual asistía regularmente con su mentor. No dudó así Massa en sugerirlo como su reemplazante, cuando dejó el timón de la Anses para asumir la Jefatura de Gabinete.
Pero hoy, su amistad estaría desgarrada, dicen quienes más los conocen. Boudou supo encontrar rápidamente un atajo a la Casa de Gobierno, a espaldas de quien había sido su mentor, y las vueltas de la vida hicieron que ingresara triunfante al gabinete de Cristina, al tiempo que el ex intendente de Tigre carga con el peso de la derrota electoral del oficialismo.
En la última entrevista que Boudou dio a LA NACION, apenas había asumido como jefe de la Anses y había anunciado el fin de las AFJP, quedó en evidencia el resquebrajamiento de la relación.
Se decía entonces que Massa no estaba de acuerdo con la medida (incluso él había dejado trascender días antes a los medios que el Gobierno planeaba un esquema de bifondos para las AFJP). Consultado sobre esas supuestas discrepancias, Boudou las negó tajantemente. Esgrimió, a modo de prueba, que ese domingo irían con Massa a ver a Tigre contra Huracán. Pero el partido se estaba jugando ese mismo sábado, mientras transcurría la entrevista.
Aimé , sin embargo, mantiene una excelente relación con uno de hombres clave del núcleo pingüino: Julio De Vido. Fue con dinero de la caja jubilatoria que el Ministro de Planificación financió algunos de los proyectos de infraestructura más importantes de esta gestión, como la finalización de la central de Atucha II, las centrales térmicas de Ensenada y Santa Fe, y la de Pilar, cuya construcción está en manos de Electroingeniería, una empresa ligada al kirchnerismo.
Aunque la relación entre ambos había comenzado antes de que Aimé se transformara en el número uno de la Anses. En diciembre de 2003, Boudou pidió licencia en el organismo previsional para acompañar al intendente del Partido de la Costa, Juan De Jesús. Aimé ya lo había apoyado durante la campaña y asumió la Secretaría de Hacienda del partido. Mientras estaba en funciones, avaló con su firma un estratégico (y finalmente, polémico) Plan Federal de Viviendas que lanzó con el mismísimo De Vido.
Abundan en Internet los artículos periodísticos que hablan luego del escándalo que envolvió la operación. De las 486 casas que debían ser construidas en las localidades de Mar de Ajó, San Clemente y San Bernardo sólo se terminaron menos de 100 hasta 2006, año en el que se había estipulado la concreción de la totalidad del plan.
En el medio, la empresa adjudicataria de la obra, Cantera FC, abandonó el proyecto sin argumentos. Ya había cobrado 73,9% de lo presupuestado (más de $ 20 millones). No obstante, una investigación que comprometía a Boudou fue archivada meses atrás en el Concejo Deliberante, con el voto mayoritario del oficialismo. Cercanos al ministro de Economía aseguran que si bien el proyecto contaba con su firma, él ya no formaba parte de la gestión cuando se desató el escándalo.
Perspectivas en danza
En principio, para Boudou, el Palacio de Hacienda sería sólo un paso intermedio para lograr otros objetivos, como la intendencia de Mar del Plata (su corazón está ahí, al igual que sus presuntas inversiones inmobiliarias más recientes), o la Jefatura de Gobierno la ciudad de Buenos Aires, para la cual estaría trabajando de cara a 2011, algunos dicen, de la mano del flamante secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi. Boudou nació en la Capital, se crió en Mar del Plata, vota en Saavedra, tiene domicilio en Palermo y vive en Puerto Madero, donde se lo puede ver los fines de semana en su moto Harley-Davidson.
Ahora es una incógnita si en su nuevo puesto privilegiará sus genes liberales o su adoctrinamiento "nacional y popular". Deberá resolver si sigue avalando sin cuestionamientos las beleidades del controvertido Guillermo Moreno, como hizo cuando estaba en la Anses, que financió desde el rescate de la papelera Massuh hasta el de la automotriz General Motors, o si se le planta en firme.
También está por verse si su carisma y magnetismo son lo suficientemente fuertes como para sortear la tozudez de Néstor Kirchner, quien en las sombras todavía maneja las riendas de la economía. Este es el paso previo para empezar a soñar con más.
Con la colaboración de Darío Palavecino y Silvia Stang.
El personaje AMADO BOUDOU
Ministro de economía
Profesión : economista
Edad : 46 años
Origen : nació en Capital Federal, pero se crió en Mar del Plata.
Aimé, como lo conocen desde la infancia, viene de una familia de clase media acomodada. Su padre, Amado, era un arrendatario de campos que se quedó con la propiedad del terreno, aprovechando la ley de alquileres de Perón.
Es buen jugador de golf (12 de handicap), hobby en el que se inició en el coqueto Mar del Plata Golf Club, y también juega al tenis en el Darling Tenis Club, ubicado en las calles Brasil y Huergo.
Etiquetas:
Copiado de La Nacion por Candela Robin
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Archivo del blog
-
►
2009
(3496)
- ► 11/08 - 11/15 (2)
- ► 10/11 - 10/18 (1)
- ► 10/04 - 10/11 (13)
- ► 09/27 - 10/04 (286)
- ► 09/20 - 09/27 (269)
- ► 09/13 - 09/20 (278)
- ► 09/06 - 09/13 (368)
- ► 08/30 - 09/06 (234)
- ► 08/23 - 08/30 (392)
- ► 08/16 - 08/23 (309)
- ► 08/09 - 08/16 (267)
- ► 08/02 - 08/09 (249)
- ► 07/26 - 08/02 (357)
- ► 07/19 - 07/26 (246)
- ► 07/12 - 07/19 (146)
- ► 07/05 - 07/12 (79)
