Ibope, Ley de Medios y la gente vs. los dirigentes: Imágenes del naufragio
Un hecho circunstancial mostrado por la consultora Ibope, a través de sus mediciones de televisión
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viernes, 2 de octubre de 2009
Más de 330 artistas manifestaron su apoyo al proyecto de Ley de Medios
Soledad Villamil, Lola Berthet, Patricio Contreras, Roberto Carnaghi, Fernando Spiner, Daniel
Soledad Villamil, Lola Berthet, Patricio Contreras, Roberto Carnaghi, Fernando Spiner, Daniel
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El proyecto de la nueva Ley de Radiodifusión
LE MER ESTEBE SERENE, JENEFES FIRMERE
Por Miguel Jorquera
El oficialismo anticipó que hoy se firmará el dictamen de comisión que habilita el tratamiento de la ley de Servicios Audiovisuales en el Senado, tal como salió de Diputados. El senador Jenefes adelantó que firmará el dictamen “en disidencia” para “no convertir en rehén” a su bloque
Por Miguel Jorquera
El oficialismo anticipó que hoy se firmará el dictamen de comisión que habilita el tratamiento de la ley de Servicios Audiovisuales en el Senado, tal como salió de Diputados. El senador Jenefes adelantó que firmará el dictamen “en disidencia” para “no convertir en rehén” a su bloque
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El proyecto de la nueva Ley de Radiodifusión
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Con acuerdo en la necesidad de derogar
Por Miguel Jorquera
Ante los senadores expusieron expertos en derecho y en comunicación. Hubo opiniones divididas pero la mayoría señaló que se debe reemplazar la ley de la dictadura. El académico Martín Becerra dijo que hoy cuatro compañías “acaparan el 78 por ciento del mercado”.
Por Miguel Jorquera
Ante los senadores expusieron expertos en derecho y en comunicación. Hubo opiniones divididas pero la mayoría señaló que se debe reemplazar la ley de la dictadura. El académico Martín Becerra dijo que hoy cuatro compañías “acaparan el 78 por ciento del mercado”.
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El proyecto de la nueva Ley de Radiodifusión
martes, 29 de septiembre de 2009
Néstor Kirchner se refirió a la Ley de Medios: "No es para un sector sino para todos los argentinos"
El ex presidente volvió a la arena pública luego reunirse con intendentes de la tercera sección electoral de la provincia de Buenos Aires, en Valentín Alsina, partido de Lanús, También dijo que Argentina "crecerá este
El ex presidente volvió a la arena pública luego reunirse con intendentes de la tercera sección electoral de la provincia de Buenos Aires, en Valentín Alsina, partido de Lanús, También dijo que Argentina "crecerá este
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El proyecto de la nueva Ley de Radiodifusión
lunes, 28 de septiembre de 2009
El oficialismo del Senado va por el dictamen de la Ley de Medios (y habría modificaciones)
El kirchnerismo intentará esta semana emitir dictamen de la polémica Ley de Medios. Este lunes (28/09) exponen los gremios vinculados al sector audiovisual y organismos de derechos humanos. Mañana será el turno de los constitucionalistas. El viernes (02/09) el
El kirchnerismo intentará esta semana emitir dictamen de la polémica Ley de Medios. Este lunes (28/09) exponen los gremios vinculados al sector audiovisual y organismos de derechos humanos. Mañana será el turno de los constitucionalistas. El viernes (02/09) el
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El proyecto de la nueva Ley de Radiodifusión
Ley de Servicios de comunicación audiovisual
Pampuro no espera cambios en el proyecto
El presidente provisional del Senado, José Pampuro, afirmó que la opinión mayoritaria del bloque oficialista es aprobar el proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual "tal cual vino de la Cámara de Diputados", luego de darle dictamen este jueves para llevarlo al recinto "el 7 u 8 de octubre". El plenario de cuatro comisiones reanudó las audiencias, con la presencia de pequeños y medianos empresarios mediáticos.
» Giustiniani ve consenso para realizar modificaciones
Pampuro no espera cambios en el proyecto
El presidente provisional del Senado, José Pampuro, afirmó que la opinión mayoritaria del bloque oficialista es aprobar el proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual "tal cual vino de la Cámara de Diputados", luego de darle dictamen este jueves para llevarlo al recinto "el 7 u 8 de octubre". El plenario de cuatro comisiones reanudó las audiencias, con la presencia de pequeños y medianos empresarios mediáticos.
» Giustiniani ve consenso para realizar modificaciones
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domingo, 27 de septiembre de 2009
Las cacerolas de Recoleta
Por Alejandra Dandan
Como un eco de los “piquetes de la abundancia”, se los ve tratando de oponerse a la ley de medios. Les cuesta.
Por Alejandra Dandan
Como un eco de los “piquetes de la abundancia”, se los ve tratando de oponerse a la ley de medios. Les cuesta.
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sábado, 26 de septiembre de 2009
jueves, 24 de septiembre de 2009
Histórica tapa de Clarín: "Menem volvé, te perdonamos"
Ha comenzado una revisión de los años '90, tan imprescindible como urgente: ni los '90 fueron tan demonizables ni lo que vino después demostró ser mejor. La portada del diario Clarín reconociéndolo es para guardar porque durante años el matutino de mayor tirada sostuvo lo contrario, por sus intereses comerciales, el motivo que provoca, curiosamente, que ahora opine lo contrario. Pero...
Ha comenzado una revisión de los años '90, tan imprescindible como urgente: ni los '90 fueron tan demonizables ni lo que vino después demostró ser mejor. La portada del diario Clarín reconociéndolo es para guardar porque durante años el matutino de mayor tirada sostuvo lo contrario, por sus intereses comerciales, el motivo que provoca, curiosamente, que ahora opine lo contrario. Pero...
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miércoles, 23 de septiembre de 2009
Medios, terror e indiferencia
Por Daniel Mundo
Daniel Mundo recuerda los modos en que los medios informan (o desinforman) el pacto de lectura que construyen y pide devolverle a la comunicación social su dimensión política.
Por Daniel Mundo
Daniel Mundo recuerda los modos en que los medios informan (o desinforman) el pacto de lectura que construyen y pide devolverle a la comunicación social su dimensión política.
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Aceptar la pregunta
Por Gabriela Cicalese
¿A favor o en contra? Gabriela Cicalese propone salir del dualismo a la hora del debate sobre la ley de Servicios Audiovisuales de Comunicación, para reflexionar con el desafío de aceptar la pregunta antes que pretender tener la respuesta.
Por Gabriela Cicalese
¿A favor o en contra? Gabriela Cicalese propone salir del dualismo a la hora del debate sobre la ley de Servicios Audiovisuales de Comunicación, para reflexionar con el desafío de aceptar la pregunta antes que pretender tener la respuesta.
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martes, 22 de septiembre de 2009
Chomsky: "No me sorprendería que haya un giro a la derecha en las próximas elecciones en América del Sur"
Avram Noam Chomsky nació el 07/12/1928 en Filadelfia, USA, y es un lingüista, filósofo, activista, autor y analista político, profesor emérito de Lingüística en el MIT y figura destacada de la lingüística del siglo 20, reconocido en la comunidad científica y académica por sus trabajos en teoría lingüística y ciencia cognitiva. A lo largo de su vida, ha ganado popularidad por su acercamiento al estudio de la política, siendo reconocido como un...
Senador nacional Miguel Ángel Pichetto.
En el Senado, el proyecto de Ley de Medios fue girado a sólo 2 comisiones
Por POR RAM
A las 19:05 el proyecto de Ley de Medios Audiovisuales llegó hasta la mesa de entrada del Senado de la Nación. Allí, el presidente provisional del Senado, José Pampuro, dispuso la remisión del proyecto a las 2 comisiones que había anticipado desde el inicio del debate acerca de cuántas comisiones debían tratar el tema: la Presupuesto y Hacienda, y la de Sistemas, Medios de Comunicación y Libertad de Expresión.
Avram Noam Chomsky nació el 07/12/1928 en Filadelfia, USA, y es un lingüista, filósofo, activista, autor y analista político, profesor emérito de Lingüística en el MIT y figura destacada de la lingüística del siglo 20, reconocido en la comunidad científica y académica por sus trabajos en teoría lingüística y ciencia cognitiva. A lo largo de su vida, ha ganado popularidad por su acercamiento al estudio de la política, siendo reconocido como un...
Senador nacional Miguel Ángel Pichetto.
En el Senado, el proyecto de Ley de Medios fue girado a sólo 2 comisiones
Por POR RAM
A las 19:05 el proyecto de Ley de Medios Audiovisuales llegó hasta la mesa de entrada del Senado de la Nación. Allí, el presidente provisional del Senado, José Pampuro, dispuso la remisión del proyecto a las 2 comisiones que había anticipado desde el inicio del debate acerca de cuántas comisiones debían tratar el tema: la Presupuesto y Hacienda, y la de Sistemas, Medios de Comunicación y Libertad de Expresión.
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lunes, 21 de septiembre de 2009
Medios, libertades y ciudadanía
“La libertad de prensa y de información son derechos de todos, no son reaseguros para empresas periodísticas o de entretenimiento”, señala Julio Maier.
Gustavo López recuerda que la ley vigente desde la dictadura considera “al ciudadano como enemigo interno”.
¿Nueva era?
Por Julio B. J. Maier *
No me animo a vaticinarlo, pero sí estoy convencido al afirmar que no sólo nosotros, sino el derecho a la información en general, se merecía hace rato un debate como el actual. Hace cerca de una década, cuando todavía ejercía la cátedra en la Universidad de Buenos Aires, tomé como tema de un seminario el derecho a la libertad de prensa y a la libertad de información, constitucionales, y el derecho penal. Invité a dos periodistas que, según recuerdo, no se sintieron demasiado cómodos frente a tantos aprendices de brujos (jóvenes con pretensión académica en derecho penal). Recuerdo bien, eso sí, que yo diferenciaba la libertad de prensa y de información (artículos 14 y 32 de la Constitución Nacional), de la libertad de empresa y de trabajo (artículo 14), y advertía ya que yo no tenía el mismo derecho de expresar mis ideas públicamente por medio de la prensa que el señor Clarín o el señor La Nación (para no referirme a una persona en particular), al mismo tiempo, tampoco yo gozaba del derecho a informarme, pues sólo podía recibir información de parte de aquél cuyo bolsillo tenía poder (económico) suficiente para publicar y llegar a mi destino (lectura, audición o visión) con su lectura particular (ideológica) del universo; muchos más, la mayoría, estaban incluso por debajo de mis posibilidades. Prueba de ello era la incapacidad de instrumentar un derecho humano consagrado por convenciones internacionales, regionales y universales, el derecho a réplica, derecho e instrumentación siempre rechazados por los “dueños” de la libertad de prensa y sus organizaciones, nacionales e internacionales, con cualquier argumento, incluso el de atentar el ejercicio de ese derecho contra la libertad de prensa. Me parecía, entonces, que una ley de difusión de medios escritos y audiovisuales debía intentar igualar esas posibilidades y, para ello, repartir licencias en instituciones comunitarias, en general sin fines de lucro (universidades, gremios, fundaciones, asociaciones de interés público, etc). No creo que muchos coincidieran conmigo entonces, al menos yo no conocía a ninguno. No soy un experto en la materia, razón por la cual allí quedó todo para mí, en tono de pregunta.
El debate político actual me reconforta. Sin que pueda expresar detalles, pues no me corresponde, observo que de un lado están los que, norma más, norma menos, piensan como yo, que la libertad de prensa y la libertad de información son derechos de todos, del ciudadano, y, por lo contrario, no son reaseguros para empresas “periodísticas” o de “entretenimiento” (para ser sintético). Del otro lado están aquellos para quienes esas libertades y los derechos que generan tienen nombre y apellido, los de las empresas de lucro que los explotan comercialmente. No me asombra la existencia del debate ni su configuración argumental; sí, en cambio, la ubicación en él de alguno de sus protagonistas (la UCR, por ejemplo, que parece querer doblarse para que no se rompa) y los exabruptos de algunos, que califican a los contrarios con epítetos más cercanos a ellos, sobre los cuales deberían tener más cuidado, pues en sus filas existen personas a las que el sayo les cabe.
Por lo demás, me hacen reír las atribuciones de intenciones personales a quienes proponen o defienden la ley, intenciones siempre malignas, como sus portadores. La ley, de ser sancionada, va a regir, con total independencia de cuál sea la intención –buena o mala– de cada uno de los proponentes y de los legisladores que la sancionan, y va a ser estimada como buena o como mala según su texto –que no depende de las intenciones del legislador–, conforme a los intereses políticos de quienes la aprecian o la desprecian. De allí que el debate sobre ella tenga también la virtud de mostrarnos la división de aguas en materia de política nacional.
* Profesor consulto de la Facultad de Derecho (UBA).
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Un gran paso
Por Gustavo López *
Parafraseando a Neil Amstrong, la media sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es un gran paso para el sistema democrático argentino.
Hasta el día de hoy tenemos una ley de la dictadura, firmada por Videla y Martínez de Hoz, basada en la doctrina de la seguridad nacional que consideraba al ciudadano como enemigo interno, sospechoso frente al Estado. Por eso, la ley de la dictadura no consideraba a la comunicación como un derecho, sino como una cuestión de seguridad. De esta concepción se desprende que se prohibía a las cooperativas, ONG, universidades y demás asociaciones sin fines de lucro ser titulares de licencias de radio o televisión. Para esa mirada represiva, estos sectores eran los más peligrosos y a los que había que controlar. Tuvieron que pasar 25 años para que algunos de ellos fueran sujetos de derecho.
Esta ley aún vigente fue modificada por decretos de necesidad y urgencia a la medida de los sucesivos grupos empresariales que se beneficiaron con la concentración económica e informativa y cuyo cambio fue impedido sistemáticamente por esos mismos grupos, con la complicidad o la impotencia del sistema político.
Cada vez que se pretendió cambiar la ley, o “no era el momento” o, si lo era, no se acumulaban fuerzas suficientes para lograrlo. Lo real y concreto es que nuestro país, que pudo juzgar a los máximos responsables del terrorismo de Estado, que pudo cambiar la Constitución, no pudo, en 26 años de democracia, cambiar la Ley de Radiodifusión.
El proyecto sancionado en Diputados es un avance enorme respecto de lo que hoy tenemos. Considera a la comunicación como un derecho humano básico, garantiza la defensa irrestricta de la libertad de expresión y el derecho de los ciudadanos a dar, buscar y recibir información. Transparenta al organismo de conducción, incorporando a la oposición parlamentaria y a los sectores de la sociedad civil a su directorio y consagra la separación de los medios públicos del gobierno de turno. Impone límites a la formación de monopolios que puedan atentar, por su naturaleza, contra el derecho a la libertad de expresión; incorpora en condiciones de igualdad a todos los sectores sociales eliminando cualquier tipo de discriminación y establece cuotas de producción para el fomento de la industria nacional y local de contenidos, preservando la diversidad cultural.
Lamentablemente, la oposición conservadora quiso impedir a toda costa el tratamiento de la ley. En estos seis meses que transcurrieron desde que se conoció el anteproyecto oficial, intentaron desacreditarlo en lugar de discutirlo.
Uno no sabe si fue porque se oponen a todo aquello que provenga del actual gobierno o, lo que sería peor, por defender descaradamente los intereses empresariales. Lo cierto es que ese sector opositor trabajó para impedir la sanción de una nueva ley.
El Congreso se dividió entre los que queríamos cambiar la ley y los que intentaron impedirlo. Por el cambio estábamos los aliados de la Concertación y sectores tanto del socialismo como de la oposición de centroizquierda. En cambio, la oposición más conservadora se refugió en la estrategia de la dilación y la impugnación, cuya consecuencia es la vigencia de esta ley vergonzante.
La deuda por reformar la ley llevaba 25 años de debates. La sociedad civil participó de los foros de discusión, en 2001 ya había participado de audiencias públicas y además, a lo largo de estos años, miles de congresos, charlas o seminarios dieron cuenta de la necesidad de la reforma.
El oficialismo parlamentario abrió el debate y se reformularon muchos artículos. Incluso la Presidenta eliminó la participación de las telefónicas, ya que despertaba las mayores polémicas. Pero la oposición conservadora no quiso participar de esas modificaciones. Paradójicamente, si hubieran asistido a la votación en particular, algunas de las cuestiones que planteaban en los programas de televisión y no en sus bancas se hubieran reformado.
Ahora le toca al Senado. ¿Intentarán nuevamente la dilación pretendiendo eludir el debate, haciendo pasear el proyecto para que nunca salga, o asumirá su rol de representación de cara a la sociedad?
La democracia necesita reglas democráticas en materia de radiodifusión. Si el Congreso sanciona una nueva ley, el sistema democrático habrá demostrado estar maduro para mejorar nuestro sistema institucional. Dimos el primer paso, sacamos el tema de la oscuridad, corresponde a los legisladores dar a luz una nueva ley de la democracia, por la salud de la República.
* Subsecretario general de la Presidencia.
“La libertad de prensa y de información son derechos de todos, no son reaseguros para empresas periodísticas o de entretenimiento”, señala Julio Maier.
Gustavo López recuerda que la ley vigente desde la dictadura considera “al ciudadano como enemigo interno”.
¿Nueva era?
Por Julio B. J. Maier *
No me animo a vaticinarlo, pero sí estoy convencido al afirmar que no sólo nosotros, sino el derecho a la información en general, se merecía hace rato un debate como el actual. Hace cerca de una década, cuando todavía ejercía la cátedra en la Universidad de Buenos Aires, tomé como tema de un seminario el derecho a la libertad de prensa y a la libertad de información, constitucionales, y el derecho penal. Invité a dos periodistas que, según recuerdo, no se sintieron demasiado cómodos frente a tantos aprendices de brujos (jóvenes con pretensión académica en derecho penal). Recuerdo bien, eso sí, que yo diferenciaba la libertad de prensa y de información (artículos 14 y 32 de la Constitución Nacional), de la libertad de empresa y de trabajo (artículo 14), y advertía ya que yo no tenía el mismo derecho de expresar mis ideas públicamente por medio de la prensa que el señor Clarín o el señor La Nación (para no referirme a una persona en particular), al mismo tiempo, tampoco yo gozaba del derecho a informarme, pues sólo podía recibir información de parte de aquél cuyo bolsillo tenía poder (económico) suficiente para publicar y llegar a mi destino (lectura, audición o visión) con su lectura particular (ideológica) del universo; muchos más, la mayoría, estaban incluso por debajo de mis posibilidades. Prueba de ello era la incapacidad de instrumentar un derecho humano consagrado por convenciones internacionales, regionales y universales, el derecho a réplica, derecho e instrumentación siempre rechazados por los “dueños” de la libertad de prensa y sus organizaciones, nacionales e internacionales, con cualquier argumento, incluso el de atentar el ejercicio de ese derecho contra la libertad de prensa. Me parecía, entonces, que una ley de difusión de medios escritos y audiovisuales debía intentar igualar esas posibilidades y, para ello, repartir licencias en instituciones comunitarias, en general sin fines de lucro (universidades, gremios, fundaciones, asociaciones de interés público, etc). No creo que muchos coincidieran conmigo entonces, al menos yo no conocía a ninguno. No soy un experto en la materia, razón por la cual allí quedó todo para mí, en tono de pregunta.
El debate político actual me reconforta. Sin que pueda expresar detalles, pues no me corresponde, observo que de un lado están los que, norma más, norma menos, piensan como yo, que la libertad de prensa y la libertad de información son derechos de todos, del ciudadano, y, por lo contrario, no son reaseguros para empresas “periodísticas” o de “entretenimiento” (para ser sintético). Del otro lado están aquellos para quienes esas libertades y los derechos que generan tienen nombre y apellido, los de las empresas de lucro que los explotan comercialmente. No me asombra la existencia del debate ni su configuración argumental; sí, en cambio, la ubicación en él de alguno de sus protagonistas (la UCR, por ejemplo, que parece querer doblarse para que no se rompa) y los exabruptos de algunos, que califican a los contrarios con epítetos más cercanos a ellos, sobre los cuales deberían tener más cuidado, pues en sus filas existen personas a las que el sayo les cabe.
Por lo demás, me hacen reír las atribuciones de intenciones personales a quienes proponen o defienden la ley, intenciones siempre malignas, como sus portadores. La ley, de ser sancionada, va a regir, con total independencia de cuál sea la intención –buena o mala– de cada uno de los proponentes y de los legisladores que la sancionan, y va a ser estimada como buena o como mala según su texto –que no depende de las intenciones del legislador–, conforme a los intereses políticos de quienes la aprecian o la desprecian. De allí que el debate sobre ella tenga también la virtud de mostrarnos la división de aguas en materia de política nacional.
* Profesor consulto de la Facultad de Derecho (UBA).
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Un gran paso
Por Gustavo López *
Parafraseando a Neil Amstrong, la media sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es un gran paso para el sistema democrático argentino.
Hasta el día de hoy tenemos una ley de la dictadura, firmada por Videla y Martínez de Hoz, basada en la doctrina de la seguridad nacional que consideraba al ciudadano como enemigo interno, sospechoso frente al Estado. Por eso, la ley de la dictadura no consideraba a la comunicación como un derecho, sino como una cuestión de seguridad. De esta concepción se desprende que se prohibía a las cooperativas, ONG, universidades y demás asociaciones sin fines de lucro ser titulares de licencias de radio o televisión. Para esa mirada represiva, estos sectores eran los más peligrosos y a los que había que controlar. Tuvieron que pasar 25 años para que algunos de ellos fueran sujetos de derecho.
Esta ley aún vigente fue modificada por decretos de necesidad y urgencia a la medida de los sucesivos grupos empresariales que se beneficiaron con la concentración económica e informativa y cuyo cambio fue impedido sistemáticamente por esos mismos grupos, con la complicidad o la impotencia del sistema político.
Cada vez que se pretendió cambiar la ley, o “no era el momento” o, si lo era, no se acumulaban fuerzas suficientes para lograrlo. Lo real y concreto es que nuestro país, que pudo juzgar a los máximos responsables del terrorismo de Estado, que pudo cambiar la Constitución, no pudo, en 26 años de democracia, cambiar la Ley de Radiodifusión.
El proyecto sancionado en Diputados es un avance enorme respecto de lo que hoy tenemos. Considera a la comunicación como un derecho humano básico, garantiza la defensa irrestricta de la libertad de expresión y el derecho de los ciudadanos a dar, buscar y recibir información. Transparenta al organismo de conducción, incorporando a la oposición parlamentaria y a los sectores de la sociedad civil a su directorio y consagra la separación de los medios públicos del gobierno de turno. Impone límites a la formación de monopolios que puedan atentar, por su naturaleza, contra el derecho a la libertad de expresión; incorpora en condiciones de igualdad a todos los sectores sociales eliminando cualquier tipo de discriminación y establece cuotas de producción para el fomento de la industria nacional y local de contenidos, preservando la diversidad cultural.
Lamentablemente, la oposición conservadora quiso impedir a toda costa el tratamiento de la ley. En estos seis meses que transcurrieron desde que se conoció el anteproyecto oficial, intentaron desacreditarlo en lugar de discutirlo.
Uno no sabe si fue porque se oponen a todo aquello que provenga del actual gobierno o, lo que sería peor, por defender descaradamente los intereses empresariales. Lo cierto es que ese sector opositor trabajó para impedir la sanción de una nueva ley.
El Congreso se dividió entre los que queríamos cambiar la ley y los que intentaron impedirlo. Por el cambio estábamos los aliados de la Concertación y sectores tanto del socialismo como de la oposición de centroizquierda. En cambio, la oposición más conservadora se refugió en la estrategia de la dilación y la impugnación, cuya consecuencia es la vigencia de esta ley vergonzante.
La deuda por reformar la ley llevaba 25 años de debates. La sociedad civil participó de los foros de discusión, en 2001 ya había participado de audiencias públicas y además, a lo largo de estos años, miles de congresos, charlas o seminarios dieron cuenta de la necesidad de la reforma.
El oficialismo parlamentario abrió el debate y se reformularon muchos artículos. Incluso la Presidenta eliminó la participación de las telefónicas, ya que despertaba las mayores polémicas. Pero la oposición conservadora no quiso participar de esas modificaciones. Paradójicamente, si hubieran asistido a la votación en particular, algunas de las cuestiones que planteaban en los programas de televisión y no en sus bancas se hubieran reformado.
Ahora le toca al Senado. ¿Intentarán nuevamente la dilación pretendiendo eludir el debate, haciendo pasear el proyecto para que nunca salga, o asumirá su rol de representación de cara a la sociedad?
La democracia necesita reglas democráticas en materia de radiodifusión. Si el Congreso sanciona una nueva ley, el sistema democrático habrá demostrado estar maduro para mejorar nuestro sistema institucional. Dimos el primer paso, sacamos el tema de la oscuridad, corresponde a los legisladores dar a luz una nueva ley de la democracia, por la salud de la República.
* Subsecretario general de la Presidencia.
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domingo, 20 de septiembre de 2009
LA CONSTRUCCION MEDIATICA DE UN PROCER
Cría Cobos
› Por Horacio Verbitsky
Cleto intenta frustrar la sanción de la ley audiovisual, o Ley K, como la llaman Clarín y el multimedios América, de Vila, Manzano y De Narváez, que lo adoban como presidenciable. Los negocios avalan, desde la gobernación de Mendoza en adelante, la construcción mediática de un prócer. La política intenta recuperar la centralidad perdida y el vicepresidente es la quintacolumna del poder corporativo.
Cría Cobos
› Por Horacio Verbitsky
Cleto intenta frustrar la sanción de la ley audiovisual, o Ley K, como la llaman Clarín y el multimedios América, de Vila, Manzano y De Narváez, que lo adoban como presidenciable. Los negocios avalan, desde la gobernación de Mendoza en adelante, la construcción mediática de un prócer. La política intenta recuperar la centralidad perdida y el vicepresidente es la quintacolumna del poder corporativo.
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DAMIAN LORETI, VICEDECANO DE CIENCIAS SOCIALES DE LA UBA
“La ley no impacta sobre la programación”
› Por Adriana Meyer
Participó, desde el ámbito académico, en el proyecto de ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Explica, entre otras cosas, cómo funciona la autoridad de aplicación en otros países y los cambios que podría o no haber en la programación si la iniciativa es sancionada.
Una réplica a Macri
“La ley no impacta sobre la programación”
› Por Adriana Meyer
Participó, desde el ámbito académico, en el proyecto de ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Explica, entre otras cosas, cómo funciona la autoridad de aplicación en otros países y los cambios que podría o no haber en la programación si la iniciativa es sancionada.
Una réplica a Macri
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Calidad y cantidad
› Por Mario Wainfeld
La construcción de una amplia mayoría y los reflejos de la minoría. La salida del recinto, la oportunidad perdida. Una viñeta mendocina. La tendencia en la región, por quién doblan las campanas. Distintas conductas en la oposición: sobre coherencias y desmesuras.
La llaman “Ley de leyes”
› Por Mario Wainfeld
La construcción de una amplia mayoría y los reflejos de la minoría. La salida del recinto, la oportunidad perdida. Una viñeta mendocina. La tendencia en la región, por quién doblan las campanas. Distintas conductas en la oposición: sobre coherencias y desmesuras.
La llaman “Ley de leyes”
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viernes, 18 de septiembre de 2009
Rehecha la ley
Ayer, tras tanta tinta, tanta cháchara chocha, tanto tonto tanteando al tuntún, la Honorable Cámara de Diputados de la Nación –Argentina– terminó votando a favor de la ley más debatida de los últimos tiempos.M. Caparrós.
Por M. Caparrós
17.09.2009
Ayer, tras tanta tinta, tanta cháchara chocha, tanto tonto tanteando al tuntún, la Honorable Cámara de Diputados de la Nación –Argentina– terminó votando a favor de la ley más debatida de los últimos tiempos porque el gobierno había cambiado algunos de sus artículos. ¿Puedo decir que ese proceso de negociación que Morales Solá en La Nación definió como “un gesto desesperado”, Susana Viau en Crítica de la Argentina como “un mamarracho mezquino”, Clarín en Clarín como “una marcha atrás” y Macri como “fachista” en todos lados, me pareció un gran momento democrático?
O, por decirlo de un modo menos precioso y más preciso, un ejemplo infrecuente de funcionamiento de los mecanismos de la democracia de delegación.
Digo: un gobierno pretende sancionar una ley para regular una cuestión que visiblemente le importa mucho, y la presenta a la consideración de los legisladores; los oficialistas, faltaba más, dicen que la votan, pero una cantidad de diputados de otros partidos dice que así no porque tal, porque cual.
Entonces el gobierno, que por supuesto quiere que aprueben su ley, la cambia para conseguir el apoyo y el consenso –el famoso consenso– necesarios y, al fin, gracias a esos cambios, logra la media sanción más complicada.Si esto no es lo que pensaban los que inventaron el sistema parlamentario, que vengan y me expliquen cómo era.
Todos los demócratas que le reprochaban flamígeros al gobierno su tozudez, su obcecación, su caprichonería, su autismo y, por supuesto, su autoritarismo ahora lo acusan de haber modificado su proyecto para ganar los votos que necesitaba. Lo acusan de haber cooptado a ciertos opositores: cuando socialistas, solanistas y otros explicaron por qué se oponían, el gobierno medio satifizo sus demandas y les permitió –los obligó– a votar a favor.
Fue una maniobra –perfectamente democrática– bien hecha y ahora estos opositores tienen que explicarles a muchos de sus votantes, que los votaban por opositores, por qué votaron a favor de una ley del gobierno –en un asunto que sale del blanco o negro fácil y pasa al gris, siempre más complicado de traducir en un minuto de televisión o tres de radio.
Los demócrata-reprochistas acusan al gobierno, además, de haber apurado el trámite –después de haberlo acusado antes, durante meses, de darle largas–, e incluso se retiraron de la sesión alegando que empezó media hora tarde.
Mientras tanto, los grandes medios, abroquelados como nunca, insisten en su defensa acérrima de la libertad oíd mortales. Ya escribí hace quince días aquí mismo lo que pienso cuando veo a Clarín, La Nación y otros buenos muchachos enarbolando la “libertad de prensa”; también lo escribió aquí mismo ayer, mucho mejor, Reynaldo Sietecase.Insisto: me sorprende que hoy nadie salga a hablar de democracia.
La democracia no es mi fetiche favorito pero ustedes, estimados, que se llenan la boca con democracia, se hacen gárgaras de democracia a la mañana, buches de democ rac i a después de las comidas, lavativas de democracia tras las deposiciones, deberían festejar alborozados. Señores Pro, señoras Acuerdo, señoritas coberas, señores y señoras etcétera y etcétera, ¿no deberían proclamar su felicidad porque el congreso por fin ha servido para algo, los mecanismos democráticos para algo, para algo los debates de un proyecto?
Por supuesto que nada de eso hace olvidar que la ley de Medios está llena de aspectos poco claros, ni que las razones del kirchnerismo para impulsarla ahora –tras seis años de gobierno en alianza con sus neoenemigos– se mantienen oscuras, ni que sigue siendo muy sospechoso de querer usarla –como ha usado la mayoría de sus medidas– para su beneficio político y personal.
Ni, sobre todo, el hecho de que nos hemos pasado semanas envueltos en un manto de neblina –a.k.a. Nube de Pedos– en que pareciera que nada nos importa tanto como la propiedad de las radios y las televisiones. Semanas en que los medios no hablaban de otra cosa –salvo cuando perdían Boca y Argentina o ganaba Del Potro.
Semanas en que se consagró, sin más rivales, la sociedad virtual, donde lo que importa son los medios, el país son los medios, nuestras vidas son medios o medias, todos somos Mirta Marcelo y Susana planos y borrosos.
Si todos –gobierno, diputados, medios, ciudadanos– dedicáramos el mismo interés, la misma energía, el mismo hambre a discutir cómo solucionar ciertas cosas mucho más urgentes, quizá terminaríamos por notar que los medios son sólo una pequeña parte de ese todo. O que hay muchas personas a las que los medios les importan –dicho sea con el debido respeto– no más de dos carajos y dos tercios, porque es difícil mirar la tele con la panza vacía y la certeza de que no sabés cómo hacer para llenarla.
Hay azares.
Ayer salió, más o menos chiquita en los diarios, hundida bajo la marejada de invectivas, una de esas cifras que, cada tanto, alguna organización internacional descubre y lanza: que el planeta llegará, este año, a un record mundial de mil millones de hambrientos.
La efectividad mediática de esas cifras descansa, por supuesto, en nuestra nabidad: ¿por qué mil millones de personas con hambre en el mundo sería peor que 997,3 millones de personas con hambre en el mundo? Pero el golpe –leve, breve– funciona leve y brevemente y sirve para que usted señor, usted señora, piensen durante ocho segundos tres quintos en el hecho de que hay personas –mil millones, decimos– que no comen lo que deberían.
Y también para que la maquinaria mediática pare de hablar de sí misma durante 4000 caracteres –la mitad de esta nota demasiado larga– y para que el gobierno y los diputados y la sociedad no le hagan ningún caso a la parte que nos corresponde.Digo, señores K, ya que están lanzados, enhiestos, dispuestos a la lid: ¿por qué no tratan de convencernos de que no son lo que lamentablemente muchos creemos que son y dedican estos pocos meses de mayoría parlamentaria que les quedan a una ofensiva contra el hambre y la pobreza en la Argentina?
Se me ocurre una idea y se las regalo, porque no hay nada más barato que una idea: quizá recuerden que, en un país donde se pagan cada vez más impuestos –donde los empleados pagamos impuestos, los productores agropecuarios pagan impuestos, los comerciantes pagan impuestos, los industriales pagan impuestos, cualquier comprador de un litro de leche paga muchos impuestos– los únicos que no pagan impuestos son los zánganos rentistas de la Bolsa y otros especuladores financieros.
¿No les suena?
¿No les parece suavemente intolerable?
¿No se imaginan que podrían matar dos pájaros de un tiro: proponer una ley que grave las transacciones financieras y –para no repetir el error de la 125– destine, explícita y obligatoriamente, esa recaudación a combatir el hambre?
Y que, para que no tengamos que creer que se la van a guardar o la van a repartir con sus amigos o la van a usar para comprar votos, la ley defina desde el principio qué organizaciones no gubernamentales van a recibir todo el producido de ese impuesto justísimo para que, sin gastos burocráticos, sin especulaciones clientelistas, la usen para dar comida a los millones de argentinos que forman parte de esos mil millones.
O, mejor: para organizar actividades productivas –cooperativas, autogestiones varias– que hagan que esos millones de argentinos no sigan dependiendo del Estado y de la caridad para comer de vez en cuando. Y después, si quieren, podemos seguir hablando –en serio– de redistribución o, incluso, de mejorar la sociedad argentina.
Ayer, tras tanta tinta, tanta cháchara chocha, tanto tonto tanteando al tuntún, la Honorable Cámara de Diputados de la Nación –Argentina– terminó votando a favor de la ley más debatida de los últimos tiempos.M. Caparrós.
Por M. Caparrós
17.09.2009
Ayer, tras tanta tinta, tanta cháchara chocha, tanto tonto tanteando al tuntún, la Honorable Cámara de Diputados de la Nación –Argentina– terminó votando a favor de la ley más debatida de los últimos tiempos porque el gobierno había cambiado algunos de sus artículos. ¿Puedo decir que ese proceso de negociación que Morales Solá en La Nación definió como “un gesto desesperado”, Susana Viau en Crítica de la Argentina como “un mamarracho mezquino”, Clarín en Clarín como “una marcha atrás” y Macri como “fachista” en todos lados, me pareció un gran momento democrático?
O, por decirlo de un modo menos precioso y más preciso, un ejemplo infrecuente de funcionamiento de los mecanismos de la democracia de delegación.
Digo: un gobierno pretende sancionar una ley para regular una cuestión que visiblemente le importa mucho, y la presenta a la consideración de los legisladores; los oficialistas, faltaba más, dicen que la votan, pero una cantidad de diputados de otros partidos dice que así no porque tal, porque cual.
Entonces el gobierno, que por supuesto quiere que aprueben su ley, la cambia para conseguir el apoyo y el consenso –el famoso consenso– necesarios y, al fin, gracias a esos cambios, logra la media sanción más complicada.Si esto no es lo que pensaban los que inventaron el sistema parlamentario, que vengan y me expliquen cómo era.
Todos los demócratas que le reprochaban flamígeros al gobierno su tozudez, su obcecación, su caprichonería, su autismo y, por supuesto, su autoritarismo ahora lo acusan de haber modificado su proyecto para ganar los votos que necesitaba. Lo acusan de haber cooptado a ciertos opositores: cuando socialistas, solanistas y otros explicaron por qué se oponían, el gobierno medio satifizo sus demandas y les permitió –los obligó– a votar a favor.
Fue una maniobra –perfectamente democrática– bien hecha y ahora estos opositores tienen que explicarles a muchos de sus votantes, que los votaban por opositores, por qué votaron a favor de una ley del gobierno –en un asunto que sale del blanco o negro fácil y pasa al gris, siempre más complicado de traducir en un minuto de televisión o tres de radio.
Los demócrata-reprochistas acusan al gobierno, además, de haber apurado el trámite –después de haberlo acusado antes, durante meses, de darle largas–, e incluso se retiraron de la sesión alegando que empezó media hora tarde.
Mientras tanto, los grandes medios, abroquelados como nunca, insisten en su defensa acérrima de la libertad oíd mortales. Ya escribí hace quince días aquí mismo lo que pienso cuando veo a Clarín, La Nación y otros buenos muchachos enarbolando la “libertad de prensa”; también lo escribió aquí mismo ayer, mucho mejor, Reynaldo Sietecase.Insisto: me sorprende que hoy nadie salga a hablar de democracia.
La democracia no es mi fetiche favorito pero ustedes, estimados, que se llenan la boca con democracia, se hacen gárgaras de democracia a la mañana, buches de democ rac i a después de las comidas, lavativas de democracia tras las deposiciones, deberían festejar alborozados. Señores Pro, señoras Acuerdo, señoritas coberas, señores y señoras etcétera y etcétera, ¿no deberían proclamar su felicidad porque el congreso por fin ha servido para algo, los mecanismos democráticos para algo, para algo los debates de un proyecto?
Por supuesto que nada de eso hace olvidar que la ley de Medios está llena de aspectos poco claros, ni que las razones del kirchnerismo para impulsarla ahora –tras seis años de gobierno en alianza con sus neoenemigos– se mantienen oscuras, ni que sigue siendo muy sospechoso de querer usarla –como ha usado la mayoría de sus medidas– para su beneficio político y personal.
Ni, sobre todo, el hecho de que nos hemos pasado semanas envueltos en un manto de neblina –a.k.a. Nube de Pedos– en que pareciera que nada nos importa tanto como la propiedad de las radios y las televisiones. Semanas en que los medios no hablaban de otra cosa –salvo cuando perdían Boca y Argentina o ganaba Del Potro.
Semanas en que se consagró, sin más rivales, la sociedad virtual, donde lo que importa son los medios, el país son los medios, nuestras vidas son medios o medias, todos somos Mirta Marcelo y Susana planos y borrosos.
Si todos –gobierno, diputados, medios, ciudadanos– dedicáramos el mismo interés, la misma energía, el mismo hambre a discutir cómo solucionar ciertas cosas mucho más urgentes, quizá terminaríamos por notar que los medios son sólo una pequeña parte de ese todo. O que hay muchas personas a las que los medios les importan –dicho sea con el debido respeto– no más de dos carajos y dos tercios, porque es difícil mirar la tele con la panza vacía y la certeza de que no sabés cómo hacer para llenarla.
Hay azares.
Ayer salió, más o menos chiquita en los diarios, hundida bajo la marejada de invectivas, una de esas cifras que, cada tanto, alguna organización internacional descubre y lanza: que el planeta llegará, este año, a un record mundial de mil millones de hambrientos.
La efectividad mediática de esas cifras descansa, por supuesto, en nuestra nabidad: ¿por qué mil millones de personas con hambre en el mundo sería peor que 997,3 millones de personas con hambre en el mundo? Pero el golpe –leve, breve– funciona leve y brevemente y sirve para que usted señor, usted señora, piensen durante ocho segundos tres quintos en el hecho de que hay personas –mil millones, decimos– que no comen lo que deberían.
Y también para que la maquinaria mediática pare de hablar de sí misma durante 4000 caracteres –la mitad de esta nota demasiado larga– y para que el gobierno y los diputados y la sociedad no le hagan ningún caso a la parte que nos corresponde.Digo, señores K, ya que están lanzados, enhiestos, dispuestos a la lid: ¿por qué no tratan de convencernos de que no son lo que lamentablemente muchos creemos que son y dedican estos pocos meses de mayoría parlamentaria que les quedan a una ofensiva contra el hambre y la pobreza en la Argentina?
Se me ocurre una idea y se las regalo, porque no hay nada más barato que una idea: quizá recuerden que, en un país donde se pagan cada vez más impuestos –donde los empleados pagamos impuestos, los productores agropecuarios pagan impuestos, los comerciantes pagan impuestos, los industriales pagan impuestos, cualquier comprador de un litro de leche paga muchos impuestos– los únicos que no pagan impuestos son los zánganos rentistas de la Bolsa y otros especuladores financieros.
¿No les suena?
¿No les parece suavemente intolerable?
¿No se imaginan que podrían matar dos pájaros de un tiro: proponer una ley que grave las transacciones financieras y –para no repetir el error de la 125– destine, explícita y obligatoriamente, esa recaudación a combatir el hambre?
Y que, para que no tengamos que creer que se la van a guardar o la van a repartir con sus amigos o la van a usar para comprar votos, la ley defina desde el principio qué organizaciones no gubernamentales van a recibir todo el producido de ese impuesto justísimo para que, sin gastos burocráticos, sin especulaciones clientelistas, la usen para dar comida a los millones de argentinos que forman parte de esos mil millones.
O, mejor: para organizar actividades productivas –cooperativas, autogestiones varias– que hagan que esos millones de argentinos no sigan dependiendo del Estado y de la caridad para comer de vez en cuando. Y después, si quieren, podemos seguir hablando –en serio– de redistribución o, incluso, de mejorar la sociedad argentina.
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El proyecto de la nueva Ley de Radiodifusión
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