La falta de previsión, una bomba de tiempo
Por Patricia Carrizo, de la Redacción de LA UNIÓN
Llegó el nuevo año y con él emergen a la superficie los viejos problemas, aquellos que no fueron resueltos o previstos cuando dieron sus primeras señales o alguien los advirtió. El caso paradigmático de esta falta de previsión y de reacción para evitar consecuencias mayores, es la problemática energética.
En invierno de 2007, el sistema estuvo a punto de colapsar, aunque el Gobierno nacional se negó en todo momento a hablar de crisis y ajustó al sector productivo exigiéndole que restrinjan los horarios en fábricas e industrias. Los usuarios residenciales soportaron cortes del servicio, cuando las bajas temperaturas exigían el uso de calefacción y ambientes cálidos. En ese momento se advirtió que la situación se agravaría en el verano, si no se actuaba con rapidez y se aplicaban soluciones de fondo.
Los meses pasaron, con cambios de autoridades nacionales y provinciales en el medio, y como era de suponer la crisis energética comenzó a erupcionar. Las elevadas temperaturas estivales aumentaron de manera automática la demanda energética, y el sistema una vez más falló.
El año 2007 se despidió a oscuras, y el 2008 no fue precisamente un "alumbramiento". Los cortes afectan a todos por igual, no hacen distinción de usuarios residenciales, organismos públicos, fábricas, comercios o centros de salud; aqueja a todos por igual, y obliga a idear estrategias apresuradas y planes sobre la marcha que debieron ponerse en práctica hace seis meses por lo menos.
La presidente Cristina Fernández de Kirchner anunció a pocos días de asumir un plan de ahorro energético con un rimbombante título: "Programa para el uso racional de la energía", cuyas medidas más drásticas fue el cambio de hora en el país. Por ello el pasado 30 de diciembre se debió adelantar una hora en todos los relojes, además se anunció el cambio de lámparas de bajo consumo en edificios públicos.
"Sólo un cambio de lamparitas", como evaluaron algunos representantes de los sectores productivos que se ven golpeados por el corte o restricción del suministro. Una aspiración para una enfermedad, cuyo diagnóstico es terminal.
A decir verdad, lo único positivo de este anuncio fue que el Gobierno nacional por primera vez habló de crisis energética. Aunque no se asumió expresamente como tal, las medidas tomadas apuntaron en ese sentido.
Catamarca "no es una isla".
Lógicamente, la problemática también está instalada en la provincia. "Catamarca no es una isla", como se cansó de repetir el ministro de Obras y Servicios Públicos, Juan Acuña, cada vez que se lo increpaba por las soluciones o los paliativos que se instrumentarían para aminorar los efectos. Pero precisamente por no estar separada del resto del país era de prever también que la crisis estallaría de un momento a otro. A cambio se salió a alquilar y comprar generadores que se ubicarían en puntos estratégicos de la Capital y del interior para remediar la situación.
Pero la contratación de los equipos, su llegada a la provincia, su instalación y sobre todo su puesta en marcha pasaron a ser algo traumático para los catamarqueños, a punto tal que ya nadie sabe a ciencia cierta si las máquinas llegaron, si funcionan y mucho menos si servirá para algo el elevado costo que representa la medida para las arcas provinciales. Paralelamente y cuando los cortes de energía se tornaron insoportables por su asiduidad y persistencia, las autoridades del ministerio de Obras Públicas y el Ente Regulador de Obras y Servicios Públicos y otras concesiones decidieron reunirse y poner en marcha un plan estratégico, que como era de esperar incluye obras que deberá realizar la empresa distribuidora de energía Edecat, y que debieron exigirse hace un año o al menos hace seis meses.
El comité anticrisis, por llamarlo de alguna manera a la comisión integrada por representantes del ministerio, el ENRE y la distribuidora, advirtió que en febrero la situación será aún peor. Por eso, se declaró prácticamente en "asamblea permanente".
Recién ahora se advirtió la necesidad de mantener reuniones periódicas y estar en contacto de manera permanente para intentar ir moviendo el tablero y parchando de manera momentánea las grietas que provoca la falta de energía. Otra vez la aspirina para un cáncer, y una vez más la certeza de que la improvisación, la falta de previsión y planificación son una bomba de tiempo que detona en el momento menos pensado y cuya onda expansiva salpica a todos, con efectos irremediables.
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miércoles, 26 de agosto de 2009
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