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sábado, 5 de septiembre de 2009

Escrúpulos

Por Sandra Russo
Cuando empecé a trabajar en periodismo, no se hablaba de comunicación. Hace de esto tantos años que no quiero ni contarlos, pero diré que empecé a trabajar en periodismo en plena dictadura. Había... [+]

lunes, 20 de julio de 2009

Las Derechas, por Sandra Russo de Página 12 - Primera Parte

El país Sábado, 4 de Julio de 2009

Opinión

Las derechas

Por Sandra Russo

Alvaro Vargas Llosa está diciendo claramente lo que hasta hace poco se evitaba decir: que el gran peligro ahora para América latina no son los golpes de Estado clásicos, sino los presidentes que asumen constitucionalmente pero, una vez en el gobierno, quieren perpetuarse en el poder.
Pienso en Chávez, naturalmente.

Hace poco Alvaro Vargas Llosa estuvo en Venezuela y hubo mucho revuelo periodístico por una supuesta detención en el aeropuerto.

No hubo tal detención, y la demora tampoco fue tan larga (dos horas él y una hora y cuarto su padre) como para llamarla “retención”.

Sin embargo, los grandes medios de América latina trataron esos dos episodios (los Vargas Llosa iban a un coloquio “demócrata” antichavista, el polo de pensamiento que inspiró hace ocho años un golpe de Estado que tuvieron que desandar) como si realmente hubiesen sido detenidos o por lo menos retenidos.


En los grandes medios, los periodistas siguen llamando a los Vargas Llosa “demócratas”. Y al antichavismo también. Puesto que están contra una “tiranía” o una “dictadura”, el planteo es que los que defienden la democracia son ellos.

Bien:

Vargas Llosa está diciendo claramente algo que hay que poner a consideración con la mayor amplitud y la menor obcecación:

Los presidentes elegidos democráticamente (Chávez, Correa, Evo; Kirchner iba en camino de sumarse al grupo, pero el repentino y virulento antikirchnerismo acaba de derrotar en las urnas al kirchnerismo) que plantean no un gobierno sino un proceso, deben ser derrocados, //

puesto que la sola idea de reformar las respectivas constituciones para permitir, aun con un sistema electoral transparente, su eventual continuidad, es elevada por estos ideólogos al rango de “nuevos golpes de Estado”.

A esta altura, es necio no admitir que una crisis política de proporciones está llegando a la América latina que intenta emerger como una región con voz propia y que las respectivas burguesías conservadoras y liberales son los motores de los nuevos ánimos golpistas.

En los grandes medios, incluso algunos periodistas que insisten en definirse como de “centroizquierda”, estas cuestiones no se hablan ni se hablarán porque el poder discursivo ya les aplanó los análisis: acá nadie es “golpista”, los que hablan de climas “destituyentes” son idiotas a sueldo del gobierno.

“Centroizquierda”, cabe aclarar, es una palabra con la que se define también y sin que nadie se asombre el Acuerdo Cívico, que tiene a Carrió como líder, aunque parece que también perderá ese liderazgo a manos de Cobos.

Para el caso, da lo mismo.

Quiero decir:

Todas las categorías que conocemos ya no nos dicen nada.

Los significados han mutado.

sábado, 11 de julio de 2009

¿Cómo surgió? ¿Dónde? ¿Por qué?







Por Sandra Russo de Página 12 - Argentina

Edgar Hernández, de cinco años, fue el primer portador sano de la gripe A registrado en La Gloria, México. En estos días, en ese poblado de poco más de 2000 habitantes del estado de Veracruz van a poner un monumento a Edgar Hernández. Suena un poco incongruente, pero el niño tendrá su estatua en la plaza del pueblo, quizá para recordarles a los vecinos que la gripe A no mata: Edgar se recuperó completamente.

No fue el caso de Judy Trunnell, la maestra norteamericana de 33 años que fue la primera víctima mortal de la gripe A H1N1. Murió el 5 de mayo en Harlingen, una pequeña localidad vecina a la mexicana La Gloria. Su esposo, Steven Trunnell, presentó una demanda al día siguiente, 11 de mayo, contra la empresa productora de carne porcina más grande del mundo, la Smithfield Foods Inc., dueña del 50 por ciento de Granjas Carroll. Las enormes plantas de las granjas son la principal fuente de ingresos de La Gloria, el pueblo cuyas autoridades recordarán la pandemia con el monumento de Edgar, el sobreviviente.

El caso está amplia y suficientemente documentado en “Los culpables de la gripe porcina”, de Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique. En ese extenso artículo, se recogen muchas otras fuentes, como artículos firmados y publicados en los diarios mexicanos La Jornada y El Universal.

Fuera de ese universo de fuentes informativas, hay también estudios de la Universidad John Hopkins de Nueva York y denuncias de muchas organizaciones ambientalistas mexicanas que sin embargo no han logrado generar un discurso que penetre en los grandes medios mundiales, para los que la pandemia de gripe A H1N1 se reduce a su profilaxis y sus estadísticas. No parece ser un tema menor cuál fue el origen de la pandemia y la pregunta es si ese origen puede estar relacionado con formas de producción incompatibles con la vida sobre la Tierra.

No parece ser menor puesto que resignar ese punto supone un altísimo riesgo a futuro, ya que dispensa a los responsables y somete a la población mundial a quedar a merced de nuevas pestes.

El 10 de mayo, en el diario El Universal, Francisco Reséndiz escribió una crónica sobre La Gloria, ubicada entre Puebla y Veracruz. En ese momento, el interés periodístico estaba puesto en esa localidad por un dato puntual: el 60 por ciento de la población se había contagiado la gripe A. Y de allí hacía tiempo que llegaban denuncias sobre la actividad de las Granjas Carroll y sus lagunas de oxidación de excrementos y cadáveres de cerdos. Dice Reséndiz, que se entrevistó con Víctor Manuel Ochoa Calderón (director general de Granjas Carroll), que la empresa produce 1.100.000 cerdos anuales, y que sólo tiene 900 empleados en 16 granjas.

“Los que se han quedado tienen miedo a la influenza, a quejarse, a la empresa, a ir a la cárcel y a la peste. Pero se sienten agradecidos porque en un semana cambió su panorama: ahora hay muchos doctores y les dieron material para arreglar y pintar sus casas y calles, servicio médico, comida caliente y café.” El Estado mexicano fue al rescate de los pobladores de La Gloria y les pondrá ahora el monumento de Edgar.

“Pero la gente insiste en que son los cerdos los que provocan las enfermedades. Cada módulo de producción de Carroll tiene una laguna de oxidación –una especie de alberca a cielo abierto donde se depositan el excremento y la orina de los cerdos– y contenedores con cientos de cadáveres porcinos cubiertos de moscas”, observó Reséndiz.

Por su parte, Ramonet, en su investigación, rescata lo publicado en otros medios mexicanos independientes: el corresponsal del diario La Jornada, Andrés Timoteo, se desplazó al poblado para describir el ambiente en el que viven los habitantes: “Nubes de moscas emanan de las lagunas de oxidación donde la empresa Granjas Carroll vierte los desechos fecales de sus granjas porcícolas; y la contaminación a cielo abierto ya generó una epidemia de infecciones respiratorias

(...) El vector epidémico serían las nubes de moscas que despiden las granjas porcícolas y las lagunas de oxidación donde la empresa mexicano-estadounidense arroja toneladas de estiércol”. Otro reportero, Jorge Morales Vázquez, contó en Milenio cómo los pobladores llevan años protestando contra la expansión indiscriminada de la empresa porcícola y cómo han sufrido persecución policíaca, represión y amenazas.

El periodista constató “el fétido olor proveniente de las granjas de cerdos que se respira durante todo el día en la pequeña comunidad de apenas tres mil habitantes, así como la existencia de enjambres de moscas que infestan los domicilios de las familias”. Verificó asimismo la proximidad de las “lagunas de oxidación” en las que se someten a un proceso de descomposición aéreo los desechos fecales de los cerdos –que se convierten en gas metano–, responsables del nauseabundo hedor que inunda la zona.

En algún momento entre que fue dado el alerta a la OMS y el que transitamos hoy, con la gripe A sobre el territorio austral en invierno, hubo equipos de investigación de la FAO que viajaron desde Roma a La Gloria para determinar si efectivamente el origen de la pandemia puede ubicarse en ese modo de producción que, como firma Ramonet, “desanimaliza” a los cerdos y los convierte en objetos de producción, sometiéndolos a niveles de estrés desconocidos. En toda su vida, los cerdos que nacen y mueren en esos criaderos permanecen a oscuras y hacinados: de esas ciudadelas de cerdos enloquecidos salen luego los cadáveres y los excrementos que se transforman en gas.

Los resultados todavía no fueron publicados. No hay certezas, pero sí hay evidencias de contaminación a escala tercermundista.

La Smithfield Foods no opera en territorio norteamericano porque en los ’90 fue millonariamente multada por contaminación, de modo que decidió trasladar sus plantas a países con leyes medioambientales más flexibles. Es de este modo en que ahora se divide el mundo: con territorios sustentables y basureros. Pero el origen de la pandemia debe determinarse claramente, toda vez que ya dejamos atrás la época en la que los daños eran colaterales para las poblaciones centrales.

La pandemia dice que se ha globalizado algo más que el capital.