René Favaloro nació en La Plata el 12 de julio de 1923 y murió en Buenos Aires el 29 de julio de 2000 a los 77 años.
En 1949 se recibió de médico en la Universidad Nacional de La Plata. Estuvo radicado en Estados Unidos diez años y allí desarrolló el trabajo fundamental de su carrera: la cirugía directa de revascularización miocárdica (bypass).
Recibió distinciones nacionales e internacionales, entre las que se destacan siete premios de la Academia Nacional de Medicina y el Premio John Scott 1979, otorgado por la ciudad de Filadelfia, EE.UU. En 1980 la Universidad de Tel Aviv, Israel, creó la Cátedra de Cirugía Cardiovascular que lleva su nombre.
Fue distinguido por la Fundación Conchita Rábago de Jiménez Díaz, Madrid, 1982; obtuvo el Premio Maestro de la Medicina Argentina, 1986; el Premio de la Cleveland Clinic Foundation, 1987; The Gairdner Foundation International Award, otorgado por la Gairdner Foundation, 1987 (Toronto, Canadá); el Premio René Leriche, 1989, otorgado por la Sociedad Internacional de Cirugía; el Gifted Teacher Award, otorgado por el Colegio Americano de Cardiología, 1992; el Golden Plate Award de la American Academy of Achievement, 1993, y el Premio Príncipe Mahidol, otorgado por Su Majestad el Rey de Tailandia, 1999.
Ha publicado: Surgical Treatment on Coronary Arteriosclerosis (1970), Recuerdos de un médico rural (1980), ¿Conoce usted a San Martín? (1987), La memoria de Guayaquil (1991), De La Pampa a los Estados Unidos (1993), que ahora reeditamos en DeBolsillo, y Don Pedro y la Educación (1994), así como también más de trescientos trabajos de su especialidad.
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jueves, 13 de agosto de 2009
miércoles, 29 de julio de 2009
Hay memoria en ésta sociedad?
Alerta Memoria
El día en que el doctor Favaloro rompió más corazones que los que curó
Hace 9 años el médico cardiólogo terminó con su vida con un certero disparo en el corazón. Estaba sumido en una depresión por la situación financiera de la fundación que llevaba su nombre.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24).
Eran las 16:30 del 29 de julio de 2009.
Sólo, en su departamento de Barrio Parque, Rene Favaloro tomó un revolver Magnum 357 se encerró en el bañó y se apuntó así mismo. No a la boca, no a la sien, sino a la parte del cuerpo a la que le había dedicado la mayor parte de su vida: el corazón.
Estaba deprimido.
El médico sufría por una gran deuda que sostenía la fundación que llevaba su nombre y él mismo no pudo solucionar.
Los colaboradores de Favaloro aseguran que, en los últimos días, el cardiocirujano "estaba con una preocupación normal y lleno de proyectos". Dicen que nadie supo entrever en los gestos cotidianos del eminente hombre de medicina el germen de una tremenda decisión.
"A veces comentaba que sentía que algunas personas le habían dado la espalda ante ciertos problemas financieros de la fundación", dijo uno de estos allegados, que, no obstante, agregó:"El doctor trabajaba en proyectos, preparaba una conferencia que iba a dar en Baltimore, estaba a punto de recibir una distinción en Barcelona. Cómo pensar que podría quitarse la vida".
Favaloro fue un médico de origen humilde, que nacido en un barrio popular de La Plata, en Buenos Aires, rápidamente inició una prominente carrera en el ámbito de la Medicina, para especializarse después en las enfermedades cardiorrespiratorias y cardiovasculares.
En 1966 diseñó uno de los inventos más importantes de la ciencia cardiováscular: el by pass.
Hubiera podido aceptar alguna de las muchas ofertas que tuvo del exterior para investigar y enseñar, pero prefirió quedarse a servir a su país, con la consecuencia que tuvo que optar por el suicidio ante la situación a que lo llevó la crisis económica y la falta de reconocimiento oficial.
El cuerpo del cardiocirujano fue encontrado cerca de las 16.45 por su secretaria privada, y por el hermano de esta mujer. Lo primero que hicieron fue avisarle al portero del edificio y, luego, a la Policía.
Según fuentes del caso, la secretaria y su hermano llegaron al departamento y notaron que la puerta tenía la llave puesta. Tocaron el timbre, esperaron un rato, y finalmente con su propia llave destrabaron la cerradura para entrar. Favaloro no aparecía por ningún lado. Empezaron a revisar la casa hasta que por una hendija de la puerta del baño se dieron cuenta de que estaba allí adentro.
Intentaron entrar, pero la puerta estaba trabada, con el cuerpo del médico obstruyéndola. Entonces llamaron al portero, quien los ayudó a sacar la puerta de su lugar. Cuando entraron, vieron a Favaloro tirado en el piso, ensangrentado, con una herida de bala en la tetilla izquierda y un orificio de salida por la espalda. Sobre el lavatorio estaba el revólver calibre 38 con el que se habría disparado.
En el espejo del baño encontraron algo más: una nota pegada en la que el cardiocirujano pedía a quien lo hallara que avisara enseguida a dos sobrinos, un hombre y una mujer. Más tarde habrían aparecido cartas escritas por él que explicarían su decisión.
Al abandonar el edificio, el por entonces ministro de Salud, Héctor Lombardo, confirmó el suicidio de Favaloro y se refirió al balazo en el pecho: "Parece una paradoja que quien rescató tanta gente con problemas cardíacos haya muerto de un disparo en el tórax y presuntamente por su propia mano".
El día en que el doctor Favaloro rompió más corazones que los que curó
Hace 9 años el médico cardiólogo terminó con su vida con un certero disparo en el corazón. Estaba sumido en una depresión por la situación financiera de la fundación que llevaba su nombre.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24).
Eran las 16:30 del 29 de julio de 2009.
Sólo, en su departamento de Barrio Parque, Rene Favaloro tomó un revolver Magnum 357 se encerró en el bañó y se apuntó así mismo. No a la boca, no a la sien, sino a la parte del cuerpo a la que le había dedicado la mayor parte de su vida: el corazón.
Estaba deprimido.
El médico sufría por una gran deuda que sostenía la fundación que llevaba su nombre y él mismo no pudo solucionar.
Los colaboradores de Favaloro aseguran que, en los últimos días, el cardiocirujano "estaba con una preocupación normal y lleno de proyectos". Dicen que nadie supo entrever en los gestos cotidianos del eminente hombre de medicina el germen de una tremenda decisión.
"A veces comentaba que sentía que algunas personas le habían dado la espalda ante ciertos problemas financieros de la fundación", dijo uno de estos allegados, que, no obstante, agregó:"El doctor trabajaba en proyectos, preparaba una conferencia que iba a dar en Baltimore, estaba a punto de recibir una distinción en Barcelona. Cómo pensar que podría quitarse la vida".
Favaloro fue un médico de origen humilde, que nacido en un barrio popular de La Plata, en Buenos Aires, rápidamente inició una prominente carrera en el ámbito de la Medicina, para especializarse después en las enfermedades cardiorrespiratorias y cardiovasculares.
En 1966 diseñó uno de los inventos más importantes de la ciencia cardiováscular: el by pass.
Hubiera podido aceptar alguna de las muchas ofertas que tuvo del exterior para investigar y enseñar, pero prefirió quedarse a servir a su país, con la consecuencia que tuvo que optar por el suicidio ante la situación a que lo llevó la crisis económica y la falta de reconocimiento oficial.
El cuerpo del cardiocirujano fue encontrado cerca de las 16.45 por su secretaria privada, y por el hermano de esta mujer. Lo primero que hicieron fue avisarle al portero del edificio y, luego, a la Policía.
Según fuentes del caso, la secretaria y su hermano llegaron al departamento y notaron que la puerta tenía la llave puesta. Tocaron el timbre, esperaron un rato, y finalmente con su propia llave destrabaron la cerradura para entrar. Favaloro no aparecía por ningún lado. Empezaron a revisar la casa hasta que por una hendija de la puerta del baño se dieron cuenta de que estaba allí adentro.
Intentaron entrar, pero la puerta estaba trabada, con el cuerpo del médico obstruyéndola. Entonces llamaron al portero, quien los ayudó a sacar la puerta de su lugar. Cuando entraron, vieron a Favaloro tirado en el piso, ensangrentado, con una herida de bala en la tetilla izquierda y un orificio de salida por la espalda. Sobre el lavatorio estaba el revólver calibre 38 con el que se habría disparado.
En el espejo del baño encontraron algo más: una nota pegada en la que el cardiocirujano pedía a quien lo hallara que avisara enseguida a dos sobrinos, un hombre y una mujer. Más tarde habrían aparecido cartas escritas por él que explicarían su decisión.
Al abandonar el edificio, el por entonces ministro de Salud, Héctor Lombardo, confirmó el suicidio de Favaloro y se refirió al balazo en el pecho: "Parece una paradoja que quien rescató tanta gente con problemas cardíacos haya muerto de un disparo en el tórax y presuntamente por su propia mano".
René Favaloro, correo enviado por Myriam
DIGNA DE SER LEÍDA Y MEDITADA SERIAMENTE.
Viviendo en este país, nunca hay que olvidar esta carta.
El Juez liberó la nota que dejó el Dr. René Favaloro antes de suicidarse.
(Del Dr. René Favaloro/ julio 29-2000 - 14,30 horas)
Si se lee mi carta de renuncia a la Cleveland Clinic, está claro que mi regreso a la Argentina (después de haber alcanzado un lugar destacado en la cirugía cardiovascular) se debió a mi eterno compromiso con mi patria.
Nunca perdí mis raíces..
Volví para trabajar en docencia, investigación y asistencia médica. La primera etapa en el Sanatorio Güemes, demostró que inmediatamente organizamos la residencia en cardiología y cirugía cardiovascular, además de cursos de post grado a todos los niveles.
Le dimos importancia también a la investigación clínica en donde participaron la mayoría de los miembros de nuestro grupo. En lo asistencial exigimos de entrada un número de camas para los indigentes. Así, cientos de pacientes fueron operados sin cargo alguno. La mayoría de nuestros pacientes provenían de las obras sociales.
El sanatorio tenía contrato con las más importantes de aquel entonces.
La relación con el sanatorio fue muy clara: los honorarios, provinieran de donde provinieran, eran de nosotros; la internación, del sanatorio (sin duda la mayor tajada).
Nosotros con los honorarios pagamos las residencias y las secretarias y nuestras entradas se distribuían entre los médicos proporcionalmente.
Nunca permití que se tocara un solo peso de los que no nos correspondía.
A pesar de que los directores aseguraban que no había retornos, yo conocía que sí los había. De vez en cuando, a pedido de su director, saludaba a los sindicalistas de turno, que agradecían nuestro trabajo.
Este era nuestro único contacto. A mediados de la década del 70, comenzamos a organizar la Fundación.
Primero con la ayuda de la Sedra, creamos el departamento de investigación básica que tanta satisfacción nos ha dado y luego la construcción del Instituto de Cardiología y cirugía cardiovascular.
Cuando entró en funciones, redacté los 10 mandamientos que debían sostenerse a rajatabla, basados en el lineamiento ético que siempre me ha acompañado.
La calidad de nuestro trabajo, basado en la tecnología incorporada más la tarea de los profesionales seleccionados hizo que no nos faltara trabajo, pero debimos luchar continuamente con la corrupción imperante en la medicina (parte de la tremenda corrupción que ha contaminado a nuestro país en todos los niveles sin límites de ninguna naturaleza).
Nos hemos negado sistemáticamente a quebrar los lineamientos éticos, como consecuencia, jamás dimos un solo peso de retorno. Así, obras sociales de envergadura no mandaron ni mandan sus pacientes al Instituto.
¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los sindicalistas de turno! Manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmente con el dinero de las obras sociales que corresponde a la atención médica.
Lo mismo ocurre con el PAMI.
Esto lo pueden certificar los médicos de mi país que para sobrevivir deben aceptar participar del sistema implementado a lo largo y ancho de todo el país.
Valga un solo ejemplo: el PAMI tiene una vieja deuda con nosotros, (creo desde el año 94 o 95) de 1.900.000 pesos; la hubiéramos cobrado en 48 horas si hubiéramos aceptado los retornos que se nos pedían (como es lógico no a mí directamente).
Si hubiéramos aceptado las condiciones imperantes por la corrupción del sistema (que se ha ido incrementando en estos últimos años) deberíamos tener 100 camas más. No daríamos abasto para atender toda la demanda.
El que quiera negar que todo esto es cierto que acepte que rija en la Argentina, el principio fundamental de la libre elección del médico, que terminaría con los acomodados de turno. Los mismo ocurre con los pacientes privados (incluyendo los de la medicina prepaga) el médico que envía a estos pacientes por el famoso ana-ana , sabe, espera, recibir una jugosa participación del cirujano.
Hace muchísimos años debo escuchar aquello de que Favaloro no opera más!
¿De dónde proviene este infundio?.
Muy simple: el pacientes es estudiado. Conclusión, su cardiólogo le dice que debe ser operado.
El paciente acepta y expresa sus deseos de que yo lo opere. 'Pero cómo, usted no sabe que Favaloro no opera hace tiempo?'. 'Yo le voy a recomendar un cirujano de real valor, no se preocupe'.
El cirujano 'de real valor' además de su capacidad profesional retornará al cardiólogo mandante un 50% de los honorarios! Varios de esos pacientes han venido a mi consulta no obstante las "indicaciones' de su cardiólogo.
'¿Doctor, usted sigue operando?' y una vez más debo explicar que sí, que lo sigo haciendo con el mismo entusiasmo y responsabilidad de siempre.
Muchos de estos cardiólogos, son de prestigio nacional e internacional. Concurren a los Congresos del American College o de la American Heart y entonces sí, allí me brindan toda clase de felicitaciones y abrazos cada vez que debo exponer alguna 'lecture' de significación.
Así ocurrió cuando la de Paul D. White lecture en Dallas, decenas de cardiólogos argentinos me abrazaron, algunos con lágrimas en los ojos.
Pero aquí, vuelven a insertarse en el 'sistema' y el dinero es lo que más les interesa.
La corrupción ha alcanzado niveles que nunca pensé presenciar. Instituciones de prestigio como el Instituto Cardiovascular Buenos Aires, con excelentes profesionales médicos, envían empleados bien entrenados que visitan a los médicos cardiólogos en sus consultorios.
Allí les explican en detalles los mecanismos del retorno y los porcentajes que recibirán no solamente por la cirugía, los métodos de diagnóstico no invasivo (Holter eco, camara y etc., etc...) los cateterismos, las angioplastias, etc. etc., están incluidos..
No es la única institución.
Médicos de la Fundación me han mostrado las hojas que les dejan con todo muy bien explicado. Llegado el caso, una vez el paciente operado, el mismo personal entrenado, visitará nuevamente al cardiólogo, explicará en detalle 'la operación económica' y entregará el sobre correspondiente!.
La situación actual de la Fundación es desesperante, millones de pesos a cobrar de tarea realizada, incluyendo pacientes de alto riesgo que no podemos rechazar.
Es fácil decir 'no hay camas disponibles'.
Nuestro juramento médico lo impide.
Estos pacientes demandan un alto costo raramente reconocido por las obras sociales. A ello se agregan deudas por todos lados, las que corresponden a la construcción y equipamiento del ICYCC, los proveedores, la DGI, los bancos, los médicos con atrasos de varios meses.
Todos nuestros proyectos tambalean y cada vez más todo se complica.
En Estados Unidos, las grandes instituciones médicas, pueden realizar su tarea asistencial, la docencia y la investigación por las donaciones que reciben.
Las cinco facultades médicas más trascendentes reciben más de 100 millones de dólares cada una!.
Aquí, ni soñando. Realicé gestiones en el BID que nos ayudó en la etapa inicial y luego publicitó en varias de sus publicaciones a nuestro instituto como uno de sus logros!.
Envié cuatro cartas a Enrique Iglesias, solicitando ayuda (¡tiran tanto dinero por la borda en esta Latinoamérica!) todavía estoy esperando alguna respuesta. Maneja miles de millones de dólares, pero para una institución que ha entrenado centenares de médicos desparramados por nuestro país y toda Latinoamérica, no hay respuesta...
¿Cómo se mide el valor social de nuestra tarea docente? Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio. A la corta o a la larga te lo hacen pagar. La mayoría del tiempo me siento solo. En aquella carta de renuncia a la C. Clinic , le decía al Dr. Effen que sabía de antemano que iba a tener que luchar y le recordaba que Don Quijote era español!
Sin duda la lucha ha sido muy desigual.
El proyecto de la Fundación tambalea y empieza a resquebrajarse. Hemos tenido varias reuniones, mis colaboradores más cercanos, algunos de ellos compañeros de lucha desde nuestro recordado Colegio Nacional de La Plata, me aconsejan que para salvar a la Fundación debemos incorporarnos al 'sistema'. Sí al retorno, sí al ana-ana.
'Pondremos gente a organizar todo'.
Hay 'especialistas' que saben como hacerlo.
'Debes dar un paso al costado. Aclararemos que vos no sabes nada, que no estás enterado'. 'Debes comprenderlo si querés salvar a la Fundación' ¡Quién va a creer que yo no estoy enterado! En este momento y a esta edad terminar con los principios éticos que recibí de mis padres, mis maestros y profesores me resulta extremadamente difícil.
No puedo cambiar, prefiero desaparecer.
Joaquín V. González, escribió la lección de optimismo que se nos entregaba al recibirnos: 'a mí no me ha derrotado nadie'. Yo no puedo decir lo mismo. A mí me ha derrotado esta sociedad corrupta que todo lo controla. Estoy cansado de recibir homenajes y elogios al nivel internacional. Hace pocos días fui incluido en el grupo selecto de las leyendas del milenio en cirugía cardiovascular.
El año pasado debí participar en varios países desde Suecia a la India escuchando siempre lo mismo. '¡La leyenda, la leyenda!' Quizá el pecado capital que he cometido, aquí en mi país, fue expresar siempre en voz alta mis sentimientos, mis críticas, insisto, en esta sociedad del privilegio, donde unos pocos gozan hasta el hartazgo, mientras la mayoría vive en la miseria y la desesperación.
Todo esto no se perdona, por el contrario se castiga. Me consuela el haber atendido a mis pacientes sin distinción de ninguna naturaleza. Mis colaboradores saben de mi inclinación por los pobres, que viene de mis lejanos años en Jacinto Arauz. Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata.
No puedo cambiar.
No ha sido una decisión fácil pero sí meditada.
No se hable de debilidad o valentía. El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, hable de debilidad o valentía.
El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voyde la mano.
Sólo espero no se haga de este acto una comedia.
Al periodismo le pido que tenga un poco de piedad.
Estoy tranquilo.
Alguna vez en un acto académico en USA se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdóneme pero creo que es cierto. Espero que me recuerden asi.
Estos días he mandado cartas desesperadas a entidades nacionales, provinciales, municipales, empresarios sin obtener respuesta.
En el hospital ha comenzado a actuar un comité de crisis con asesoramiento externo. Ayer empezaron a producirse las primeras cesantías. Algunos, pocos,han sido colaboradores fieles y dedicados.
El lunes no podría dar la cara. A mi familia en particular a mis queridos sobrinos, a mis colaboradores, a mis amigos, recuerden que llegué a los 77 años.
No aflojen, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco.
Una vez más reitero la obligación de cremarme inmediatamente sin perder tiempo y tirar mis cenizas en los montes cercanos a Jacinto Arauz, allá en La Pampa.
Queda terminantemente prohibido realizar ceremonias religiosas o civiles.
Un abrazo a todos
René Favaloro
Viviendo en este país, nunca hay que olvidar esta carta.
El Juez liberó la nota que dejó el Dr. René Favaloro antes de suicidarse.
(Del Dr. René Favaloro/ julio 29-2000 - 14,30 horas)
Si se lee mi carta de renuncia a la Cleveland Clinic, está claro que mi regreso a la Argentina (después de haber alcanzado un lugar destacado en la cirugía cardiovascular) se debió a mi eterno compromiso con mi patria.
Nunca perdí mis raíces..
Volví para trabajar en docencia, investigación y asistencia médica. La primera etapa en el Sanatorio Güemes, demostró que inmediatamente organizamos la residencia en cardiología y cirugía cardiovascular, además de cursos de post grado a todos los niveles.
Le dimos importancia también a la investigación clínica en donde participaron la mayoría de los miembros de nuestro grupo. En lo asistencial exigimos de entrada un número de camas para los indigentes. Así, cientos de pacientes fueron operados sin cargo alguno. La mayoría de nuestros pacientes provenían de las obras sociales.
El sanatorio tenía contrato con las más importantes de aquel entonces.
La relación con el sanatorio fue muy clara: los honorarios, provinieran de donde provinieran, eran de nosotros; la internación, del sanatorio (sin duda la mayor tajada).
Nosotros con los honorarios pagamos las residencias y las secretarias y nuestras entradas se distribuían entre los médicos proporcionalmente.
Nunca permití que se tocara un solo peso de los que no nos correspondía.
A pesar de que los directores aseguraban que no había retornos, yo conocía que sí los había. De vez en cuando, a pedido de su director, saludaba a los sindicalistas de turno, que agradecían nuestro trabajo.
Este era nuestro único contacto. A mediados de la década del 70, comenzamos a organizar la Fundación.
Primero con la ayuda de la Sedra, creamos el departamento de investigación básica que tanta satisfacción nos ha dado y luego la construcción del Instituto de Cardiología y cirugía cardiovascular.
Cuando entró en funciones, redacté los 10 mandamientos que debían sostenerse a rajatabla, basados en el lineamiento ético que siempre me ha acompañado.
La calidad de nuestro trabajo, basado en la tecnología incorporada más la tarea de los profesionales seleccionados hizo que no nos faltara trabajo, pero debimos luchar continuamente con la corrupción imperante en la medicina (parte de la tremenda corrupción que ha contaminado a nuestro país en todos los niveles sin límites de ninguna naturaleza).
Nos hemos negado sistemáticamente a quebrar los lineamientos éticos, como consecuencia, jamás dimos un solo peso de retorno. Así, obras sociales de envergadura no mandaron ni mandan sus pacientes al Instituto.
¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los sindicalistas de turno! Manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmente con el dinero de las obras sociales que corresponde a la atención médica.
Lo mismo ocurre con el PAMI.
Esto lo pueden certificar los médicos de mi país que para sobrevivir deben aceptar participar del sistema implementado a lo largo y ancho de todo el país.
Valga un solo ejemplo: el PAMI tiene una vieja deuda con nosotros, (creo desde el año 94 o 95) de 1.900.000 pesos; la hubiéramos cobrado en 48 horas si hubiéramos aceptado los retornos que se nos pedían (como es lógico no a mí directamente).
Si hubiéramos aceptado las condiciones imperantes por la corrupción del sistema (que se ha ido incrementando en estos últimos años) deberíamos tener 100 camas más. No daríamos abasto para atender toda la demanda.
El que quiera negar que todo esto es cierto que acepte que rija en la Argentina, el principio fundamental de la libre elección del médico, que terminaría con los acomodados de turno. Los mismo ocurre con los pacientes privados (incluyendo los de la medicina prepaga) el médico que envía a estos pacientes por el famoso ana-ana , sabe, espera, recibir una jugosa participación del cirujano.
Hace muchísimos años debo escuchar aquello de que Favaloro no opera más!
¿De dónde proviene este infundio?.
Muy simple: el pacientes es estudiado. Conclusión, su cardiólogo le dice que debe ser operado.
El paciente acepta y expresa sus deseos de que yo lo opere. 'Pero cómo, usted no sabe que Favaloro no opera hace tiempo?'. 'Yo le voy a recomendar un cirujano de real valor, no se preocupe'.
El cirujano 'de real valor' además de su capacidad profesional retornará al cardiólogo mandante un 50% de los honorarios! Varios de esos pacientes han venido a mi consulta no obstante las "indicaciones' de su cardiólogo.
'¿Doctor, usted sigue operando?' y una vez más debo explicar que sí, que lo sigo haciendo con el mismo entusiasmo y responsabilidad de siempre.
Muchos de estos cardiólogos, son de prestigio nacional e internacional. Concurren a los Congresos del American College o de la American Heart y entonces sí, allí me brindan toda clase de felicitaciones y abrazos cada vez que debo exponer alguna 'lecture' de significación.
Así ocurrió cuando la de Paul D. White lecture en Dallas, decenas de cardiólogos argentinos me abrazaron, algunos con lágrimas en los ojos.
Pero aquí, vuelven a insertarse en el 'sistema' y el dinero es lo que más les interesa.
La corrupción ha alcanzado niveles que nunca pensé presenciar. Instituciones de prestigio como el Instituto Cardiovascular Buenos Aires, con excelentes profesionales médicos, envían empleados bien entrenados que visitan a los médicos cardiólogos en sus consultorios.
Allí les explican en detalles los mecanismos del retorno y los porcentajes que recibirán no solamente por la cirugía, los métodos de diagnóstico no invasivo (Holter eco, camara y etc., etc...) los cateterismos, las angioplastias, etc. etc., están incluidos..
No es la única institución.
Médicos de la Fundación me han mostrado las hojas que les dejan con todo muy bien explicado. Llegado el caso, una vez el paciente operado, el mismo personal entrenado, visitará nuevamente al cardiólogo, explicará en detalle 'la operación económica' y entregará el sobre correspondiente!.
La situación actual de la Fundación es desesperante, millones de pesos a cobrar de tarea realizada, incluyendo pacientes de alto riesgo que no podemos rechazar.
Es fácil decir 'no hay camas disponibles'.
Nuestro juramento médico lo impide.
Estos pacientes demandan un alto costo raramente reconocido por las obras sociales. A ello se agregan deudas por todos lados, las que corresponden a la construcción y equipamiento del ICYCC, los proveedores, la DGI, los bancos, los médicos con atrasos de varios meses.
Todos nuestros proyectos tambalean y cada vez más todo se complica.
En Estados Unidos, las grandes instituciones médicas, pueden realizar su tarea asistencial, la docencia y la investigación por las donaciones que reciben.
Las cinco facultades médicas más trascendentes reciben más de 100 millones de dólares cada una!.
Aquí, ni soñando. Realicé gestiones en el BID que nos ayudó en la etapa inicial y luego publicitó en varias de sus publicaciones a nuestro instituto como uno de sus logros!.
Envié cuatro cartas a Enrique Iglesias, solicitando ayuda (¡tiran tanto dinero por la borda en esta Latinoamérica!) todavía estoy esperando alguna respuesta. Maneja miles de millones de dólares, pero para una institución que ha entrenado centenares de médicos desparramados por nuestro país y toda Latinoamérica, no hay respuesta...
¿Cómo se mide el valor social de nuestra tarea docente? Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio. A la corta o a la larga te lo hacen pagar. La mayoría del tiempo me siento solo. En aquella carta de renuncia a la C. Clinic , le decía al Dr. Effen que sabía de antemano que iba a tener que luchar y le recordaba que Don Quijote era español!
Sin duda la lucha ha sido muy desigual.
El proyecto de la Fundación tambalea y empieza a resquebrajarse. Hemos tenido varias reuniones, mis colaboradores más cercanos, algunos de ellos compañeros de lucha desde nuestro recordado Colegio Nacional de La Plata, me aconsejan que para salvar a la Fundación debemos incorporarnos al 'sistema'. Sí al retorno, sí al ana-ana.
'Pondremos gente a organizar todo'.
Hay 'especialistas' que saben como hacerlo.
'Debes dar un paso al costado. Aclararemos que vos no sabes nada, que no estás enterado'. 'Debes comprenderlo si querés salvar a la Fundación' ¡Quién va a creer que yo no estoy enterado! En este momento y a esta edad terminar con los principios éticos que recibí de mis padres, mis maestros y profesores me resulta extremadamente difícil.
No puedo cambiar, prefiero desaparecer.
Joaquín V. González, escribió la lección de optimismo que se nos entregaba al recibirnos: 'a mí no me ha derrotado nadie'. Yo no puedo decir lo mismo. A mí me ha derrotado esta sociedad corrupta que todo lo controla. Estoy cansado de recibir homenajes y elogios al nivel internacional. Hace pocos días fui incluido en el grupo selecto de las leyendas del milenio en cirugía cardiovascular.
El año pasado debí participar en varios países desde Suecia a la India escuchando siempre lo mismo. '¡La leyenda, la leyenda!' Quizá el pecado capital que he cometido, aquí en mi país, fue expresar siempre en voz alta mis sentimientos, mis críticas, insisto, en esta sociedad del privilegio, donde unos pocos gozan hasta el hartazgo, mientras la mayoría vive en la miseria y la desesperación.
Todo esto no se perdona, por el contrario se castiga. Me consuela el haber atendido a mis pacientes sin distinción de ninguna naturaleza. Mis colaboradores saben de mi inclinación por los pobres, que viene de mis lejanos años en Jacinto Arauz. Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata.
No puedo cambiar.
No ha sido una decisión fácil pero sí meditada.
No se hable de debilidad o valentía. El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, hable de debilidad o valentía.
El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voyde la mano.
Sólo espero no se haga de este acto una comedia.
Al periodismo le pido que tenga un poco de piedad.
Estoy tranquilo.
Alguna vez en un acto académico en USA se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdóneme pero creo que es cierto. Espero que me recuerden asi.
Estos días he mandado cartas desesperadas a entidades nacionales, provinciales, municipales, empresarios sin obtener respuesta.
En el hospital ha comenzado a actuar un comité de crisis con asesoramiento externo. Ayer empezaron a producirse las primeras cesantías. Algunos, pocos,han sido colaboradores fieles y dedicados.
El lunes no podría dar la cara. A mi familia en particular a mis queridos sobrinos, a mis colaboradores, a mis amigos, recuerden que llegué a los 77 años.
No aflojen, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco.
Una vez más reitero la obligación de cremarme inmediatamente sin perder tiempo y tirar mis cenizas en los montes cercanos a Jacinto Arauz, allá en La Pampa.
Queda terminantemente prohibido realizar ceremonias religiosas o civiles.
Un abrazo a todos
René Favaloro
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