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sábado, 1 de agosto de 2009

El lado oscuro de JFK

Internacional

MATRIMONIO FUGAZ.-

Nulas revelaciones en el nuevo libro sobre la relación de Kennedy y Marilyn Monroe. Más detalles, eso sí, sobre la boda fugaz de JFK con Durie Malcolm, pese al denodado esfuerzo del patriarca Joseph Kennedy por borrar todas las pruebas documentales.
Según el autor, un viejo amigo de Kennedy le confesó que él y otra persona fueron a la corte civil de Palm Beach (Florida) pocos días después del matrimonio y eliminaron todos los documentos sobre la boda.


Durie Malcolm, quien aún vive, ha negado rotundamente haberse casado con Kennedy.
El lado oscuro de Camelot se pierde a menudo en un mar de sábanas, y eso es algo que no perdonan los rigurosos historiadores políticos... «¿A quién le importa el juicio de los historiadores?», se excusa el autor, Seymour Hersh, en declaraciones al New York Times. «Lo que más tengo en cuenta es lo que digan los lectores».


Más de 350.000 ejemplares coparon ayer los escaparates de las librerías; la campaña de promoción, tan desmedida como la del lanzamiento de Los Windsor, de Kitty Kelley.
El lado oscuro de Camelot tiene también su parte seria y supuestamente rigurosa.


Kennedy, según Hersh, compró las elecciones primarias de Illinois (1960) gracias a la mediación del mafioso Sam Giancana y a las buenas artes de Frank Sinatra, mediador para todo.

Fue el comienzo de una oscura relación que se prolongó durante años y que, según Hersh, hipotecó seriamente la carrera política de JFK, obligado a conceder a cambio millonarios contratos a empresas ligadas a Giancana (utilizando como escudo a Judith Campbell, amante del mafioso).

La misma pauta de comportamiento personal, esa arrogante certidumbre de estar por encima del bien y del mal, le llevó a Kennedy a cometer imperdonables errores políticos, sostiene Hersh.
El presidente volvería a contratar los servicios del mafioso Giancana para planear el asesinato de Fidel Castro.


Hersh da por bueno el conocido rumor y se escuda en el testimonio de un antiguo agente de la CIA, Samuel Halpern: «El presidente y su hermano, Robert, estaban obsesionados con borrar del mapa a Castro. Aquello parecía más bien una vendetta familiar; poco les importaba el interés de Estados Unidos. Kennedy no sólo conocía el plan de la CIA para matar al líder cubano, sino que nos instigó para que lo cumpliéramos.

Tuvimos que soportar una enorme presión».
Hersh acusa por último a Kennedy de «absoluta inmoralidad» en la guerra de Vietnam: «Personalmente, tenía la intuición de que era inútil seguir luchando y llegó a planear la retirada. Pero no quería pasar a la Historia como el presidente que perdió en Vietnam y adoptó una posición de dureza para no dar señales de debilidad durante la campaña electoral. Puso su desmedida ambición política por delante de los intereses de sus ciudadanos y de las vidas de los soldados», sostiene Hersh.
Del Pulitzer al escándalo



C. F.
CORRESPONSAL
NUEVA YORK.-


Seymour Hersh entró en los anales del periodismo de investigación con un Pulitzer por sus artículos sobre la famosa masacre de My Lai (Vietnam). El Watergate y la CIA le darían luego una sólida reputación en las páginas del diario The New York Times.


En los años 80 decidió dar el salto definitivo a la fama con un libro sobre Kissinger (El Precio del Poder) que se convertiría instantáneamente en un éxito de ventas y le serviría para ganar el Premio Nacional de la Crítica de ensayo.
Pero al pasar de las biografías políticas a las radiografías personales, su reputación cayó en picado.



Su propensión al escándalo le acabó perdiendo; sus métodos -apoyados más en los testimonios que en la busca de pruebas documentales- fueron tachados de poco o nada fiables.
Antes de la publicación de El lado oscuro de Camelot trascendió, sin ir más lejos, su intención de usar en el libro unos documentos (los llamados Cusack Papers) que fueron denunciados por varios historiadores como falsos.
Hersh no tuvo más remedio que renunciar a la fuente documental y reescribir varios capítulos del libro. En esos documentos se señala que la actriz Marilyn Monroe, una de las últimas amantes del presidente, intentó chantajearle, pero resultó ser falso.



Arthur Schlesinger, historiador y miembro del equipo de asesores de Kennedy, no ha querido leer más de tres capítulos: «Ya he tenido bastante... La capacidad de Hersh para exagerar no tiene límites. Escribir, para él, es un ejercicio de vanidad».
La editorial ha hecho, pese a todo, una gran apuesta y ayer salieron a la venta 350.000 ejemplares del libro, del que se ha realizado una versión documental que será emitida por la cadena de televisión ABC.

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