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sábado, 22 de agosto de 2009

Noticias para Andrea: Baudolino de Umberto Eco, comentario de María Castro

Baudolino

Umberto Eco

Umberto Eco regresa a la edad media, en una narración que entremezcla la novela picaresca con las vicisitudes históricas de la época componiendo un fresco erudito, culto y juguetón.

por María Castro

Corre el año 1204 y Constantinopla, cuyas maravillas han asombrado al mundo durante siglos, está siendo arrasada, no por los turcos, como podría pensarse, sino por los cruzados: bárbaros del Norte, trapaceros y cismáticos, impulsivos y volubles como sus fronteras, sus alianzas y sus lenguas.

Nicetas Coniates, historiador y canciller del basileo de Bizancio, contempla con asombro, refugiado en Santa Sofía, como se profanan incluso los símbolos más sagrados del cristianismo por aquellos que dicen haber venido a defenderlo contra el infiel. A punto de ser asesinado es salvado, in extremis, por un caballero cuyo hábito de cruzado enseguida se revelará como engañoso, como todo en él, por otra parte.

Baudolino, que así dice llamarse, consigue para Nicetas y su familia un lugar en el que esperar el final del saqueo y preparar la huída. Mientras tanto y para entretener la espera decide relatar su vida al bizantino. De esta forma Nicetas se transformará de salvado en salvador, ya que toda vida necesita un testigo para no perderse en el olvido, pues ¿puede decirse que existió una vida que nadie conoce?

Dos dones le han sido otorgados a Baudolino para enfrentarse a su destino que son como dos caras de la misma moneda: el don de lenguas y el don de la mentira. Siendo apenas un niño y mientras vagabundea por los campos del Piamonte tropieza, por casualidad, con Federico I "Barbarroja", cabeza del sacro imperio romano, quien encandilado tanto por su viveza, como por sus historias, decide llevarlo con él, convirtiéndolo prácticamente en su hijo adoptivo.

A partir de ese momento Baudolino será testigo privilegiado de las tribulaciones de un emperador abrumado por las disputas con el papado, con sus primos germánicos, con las engañosas alianzas entre las ciudades italianas... El chico pronto aprende que las mentiras que cuenta, las fábulas que inventa, tienen una extraña manera de hacerse realidad.


Así sucederá con la carta del Preste Juan que Baudolino escribe fascinado por la aureola mítica de un rey cristiano (aunque nestoriano) que gobierna en las lejanas tierras de Oriente, cerca ya del Paraíso Terrenal, de donde proceden los Magos de los que desciende el propio Preste, donde es posible que se encuentren las diez tribus perdidas de Israel y donde incluso es probable que se guarde el Santo Grial, la reliquia más preciosa de toda la cristiandad.


¿Qué ocurriría, se pregunta Baudolino, si el Preste Juan escribiese al emperador, ofreciéndole como prenda de amistad el Santo Grial? Pues que Federico quedaría definitivamente legitimado frente a las intrigas e intentos de imposición del poderoso papado. Y la carta misteriosamente comienza a generar Historia, antes incluso de que Baudolino la ponga en circulación.
Como Historia generan otras intrigas de Baudolino: la fundación de la ciudad de Alessandría; la aparición de la sábana santa...



Pero Baudolino caerá, como otros grandes mentirosos, víctima de su propia trampa y en la segunda parte del libro, cuando tras la muerte de Federico emprenda por su cuenta la búsqueda del reino que le obsesiona, se verá metido de lleno en el mundo que él mismo ha contribuido a crear.

Aquí la novela entra directamente en el relato fantástico y ante Baudolino que vive la historia, Nicetas que la escucha y el lector que la lee empiezan a desfilar todas las criaturas que inflaman la imaginación del hombre medieval : los esciápodos , que se protegen del sol utilizando como sombrilla su único pie ; los blemias, sin cabeza y por tanto con los ojos y la boca en el torso; los panacios, cuyas orejas son tan enormes que les sirven como abrigo en época de frío, los unicornios que sólo acuden al regazo de una virgen, los sátiros con patas de cabra, las hipatias...


Nicetas escucha fascinado mientras no puede dejar de preguntarse cuanto hay de verdad en todo lo que cuenta el piamontés, que afirma haber hecho de la mentira el Norte de su vida y no niega, sino todo lo contrario, los numerosos engaños de los que ha formado parte, Pues ¿es verdad lo que niega un mentiroso? y lo que afirma, ¿es mentira?...

¿Qué necesita un relato, sea cierto o no, para transformarse en Historia? Un cronista que la ponga por escrito. Nicetas, por escrúpulo de su conciencia no lo hará, pero uno siempre puede confiar en que el futuro parirá a un narrador con menos escrúpulos y más inclinado a la mentira...

Y como ya había advertido Otón a Baudolino " El mundo condena a los mentirosos que no hacen más que mentir, también sobre lo ínfimo, y premia a los Poetas, que mienten sólo sobre lo excelso".
Esta novela es sin duda puro Eco: abrumadora cultura, erudición, juegos verbales y lingüísticos, con invención de idiomas incluidos (ardua tarea la de la traductora), vocabulario amplísimo ,disputas teológicas y científicas, intrigas y misterios sin resolver, gnosticismo, estilo cuidado y frío, muy frío...


Un divertimento, en fin, para su autor, que consigue seducir a un lector en general ya entregado de antemano y que por tanto perdona al escritor el hecho de que los personajes sean absolutamente planos en su nula evolución; uno casi no advierte diferencia entre el Baudolino que comienza el relato (casi un niño) y el que lo termina tras haber pasado un sinfín de experiencias, convertido en un anciano; mientras que el resto de los personajes que acompañan al protagonista, incluso aquellos más importantes en su vida, no suscitan ningún tipo de emoción en sus avatares, salvo quizás y desde mi punto de vista el diácono quien a pesar de su insignificancia consigue transmitir cierta calidez.

En definitiva, si te gusta Umberto, te gustará Baudolino.

© María Castro 2002 Este texto no puede reproducirse sin permiso.

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