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miércoles, 26 de agosto de 2009

La presión de la Gremial Comercial de Catamarca

Polémica por los hipermercados: una muestra más de la mediocridad


Por Patricia Carrizo de la redacción de LA UNION




En las últimas semanas, los catamarqueños volvimos a ser testigos de las limitaciones del empresariado local, que ante cualquier factor exógeno que consideren que amenazará su comodidad ponen el grito en el cielo y salen a buscar la protección del Estado, para salvaguardar pura y exclusivamente sus intereses. Es el caso de la polémica que surgió alrededor de la posible instalación de los denominados hipermercados o grandes centros comerciales, que estarían buscando una plaza en esta provincia.

Las características principales de estos centros son los precios bajos y la diversidad de productos que ofrecen a los consumidores, algo a lo que lamentablemente los catamarqueños no estamos acostumbrados. Allí se puede encontrar desde un tornillo hasta electrodomésticos, pasando por una variada gama de alimentos, bebidas y artículos para el hogar. Por su estructura, estos hipermercados requieren una cantidad importante de empleados, con lo cual generan fuentes de trabajo genuino en la localidad donde abren sus puertas. Pero esto, que puede ser beneficioso para muchos, quizá para más gente de lo que piensan los que se oponen, representa una (seria) amenaza para algunos.

Analicemos un instante quiénes son los que ven algún tipo de peligro en estas cadenas comerciales. Y la respuesta es la misma que desde hace décadas: el empresariado local que pretende mantener a los catamarqueños cautivos de sus precios exorbitantes y de la escasa oferta de productos, y que -en muchos casos- mantienen a sus empleados en pésimas condiciones laborales. Son los mismos de siempre, los que no aceptan la competencia porque saben que tendrán que bajar sus precios, mejorar la calidad de sus productos y adecuarse a las condiciones de un mercado que se volverá más competitivo. Haciendo un poco de historia, y de memoria, buscando archivos de diarios, vemos que las mismas caras y las mismas voces aparecen cuando sus intereses particulares zozobran.

Recordemos lo que pasó cuando la provincia intentó privatizar su banco, el ex Banco de Catamarca. Estos grupos económicos salieron a la palestra reclamando que "no se enajene la institución de todos los catamarqueños", y hasta tuvieron el privilegio de que se modifique una ley para que ellos se puedan presentar en el proceso licitatorio y puedan competir con los oferentes financieros.

El resultado, para bien o para mal, fue que no lograron ponerse de acuerdo, o mejor dicho no lograron ni siquiera reunir el capital necesario (con privilegios y todo) para presentar su oferta. Siguiendo con el breve sumario, vemos también que son los mismos que se quejaron por la "presión tributaria" que ejercía el Estado provincial sobre los comercios catamarqueños y lograron la sanción de una "Ley PYME" con tasas diferenciales, teniendo en cuenta criterios de equidad, con beneficios graduales según el nivel de actividad de cada uno.

Son los que ensayaron herramientas de financiamiento, bajo el amparo siempre del Estado provincial, y sacaron a circulación una tarjeta de crédito, pero claro, con un reaseguro: sus clientes eran empleados públicos, un mercado cautivo y seguro, quién mejor que la provincia para aplicar descuentos por planillas y otras retenciones a sus trabajadores. Expertos en lobbyAhora volvieron a aparecer en escena. No es la primera vez que intentan frenar la instalación de estos centros comerciales. Ya hace algunos años se planteó la misma discusión ante el rumor de que hipermercados desembarcarían en Catamarca.

La excusa fue la misma: la planificación urbanística, el peligro de extinción que correrían los almacenes, despensas y kioscos de barrios, el avasallamiento a los comerciantes catamarqueños, etc., etc. Se pretendía que se exija una ubicación a determinada distancia (kilómetros) del casco céntrico y de las avenidas. Finalmente todo quedó en la nada, y como era de suponer, estos comercios optaron por otras plazas, se instalaron en otras ciudades del Norte argentino. Así, hay gigantescos centros comerciales en Santiago del Estero, Salta, Tucumán y recientemente en La Rioja, donde a falta de una se abrieron tres hipermercados.

La actividad económica que se genera alrededor de ellos es considerable y hasta el momento, al menos que la información no sea completa, no ocurrió en esas provincias ninguna de las catástrofes anunciadas por nuestros empresarios locales. Muy por el contrario, santiagueños, salteños, tucumanos y riojanos -sólo por citar a los que nos rodean- tienen alternativas de productos y precios a los que los catamarqueños no podemos acceder.

Ahora, lo extraño y lo preocupante es que estos grupos empresariales, minoritarios si se analiza el conjunto de la población local, tengan una influencia notable sobre autoridades y legisladores para que hayan logrado en tiempo sumarísimo sancionar una ordenanza que ponga coto a estos centros comerciales, so pretexto de "discutir" la regulación para su instalación. Discusión que a juzgar por experiencias anteriores llevará un tiempo considerable, más ahora que estamos a puertas de un recambio de los cuerpos legislativos y del receso estival.

Sería bueno que aquellos que tanto se preocuparon por proteger al empresariado local y por cuidar el diseño urbanístico de la ciudad, escuchen también al vecino de su barrio, al que todos los días compra en los comercios que sus dueños defienden, al que no tiene acceso, ni tiempo para ir a los despachos de los funcionarios a hacer lobby y arrogarse la presentación de todos, al que en definitiva lo votó para que salvaguarde sus intereses y defienda sus derechos, entre ellos su derecho a acceder a precios bajos y a una diversidad de ofertas y productos.





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