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viernes, 10 de julio de 2009

Historia de un choque cultural,de ADN - La Nacion - Argentina

Crítica de libros

Historia de un choque cultural

Por Andrés Criscaut

Noticias de ADN CulturaSábado 20 de junio de 2009

En diciembre de 1831 el capitán Robert Fitz Roy zarpaba en el Beagle para explorar por segunda vez los mares para la corona inglesa. En este viaje, que duraría cinco años, se encontraba el joven naturalista Charles Darwin, quien comenzaba así en una experiencia que lo llevaría a formular algunos años después su teoría de la selección natural y del origen de las especies.

Pero este viaje también estaba destinado a devolver a Tierra del Fuego a tres aborígenes yámanas que habían sido tomados como rehenes y llevados a Londres en el primer viaje del Beagle. No por casualidad los "civilizados" York Minster, Fuegia Basket y Jemmy Button son el leitmotiv de Darwin en Tierra del Fuego , así como el disparador que llevó a la reconocida antropóloga Anne Chapman a sondear en los detalles poco conocidos de esta expedición en el extremo sur de América.

Más allá de la ampliación y rectificación de diversas fuentes, especialmente del" Viaje de un naturalista alrededor del mundo "del propio Darwin, Chapman no sólo aporta su experiencia y conocimiento de Tierra de Fuego sino también explica las distorsiones y prejuicios que contaminaban los estudios científicos de "esos hombres cuya fisonomía nos son menos inteligibles que las de los animales domésticos (...) que no poseen el instinto de esos animales y que no parecen participar de la razón humana", como escribió Darwin.

Chapman explica que pese a este relativismo, el joven naturalista a su vez creía que estos "bárbaros" también podían escalar "unos pocos niveles en la escala de la civilización", o que los fueguinos no eran mucho más supersticiosos que algunos marineros del Beagle o que la clase obrera británica.

Sin embargo, esto no implica una visión racista, ya que según la cita que hace Chapman del destacado paleontólogo Stephen Jay Gould, "Darwin estaba en contra del concepto de progreso aplicado a la biología". Por eso debería ser más adecuado el término darwiniano de "descendencia con modificación" que el de "evolución". Sin embargo el dato crucial es que Darwin "no tenía forma de descubrir en ese entonces que los "grandes pescadores" ingleses y estadounidenses habían reducido las poblaciones de focas y ballenas desde fines del siglo XVIII", mermando los recursos, dificultando la subsistencia y contribuyendo ampliamente a la brutalización de estas poblaciones autóctonas.


Este libro mantiene la coherencia de una labor sin la cual, muy probablemente, toda la riqueza cultural y lingüística de estos pueblos habría pasado a ser una más de las víctimas de la apabullante aplanadora de la civilización y del progreso.

© LA NACION

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