Seguidores

domingo, 5 de julio de 2009

Los negros en Argentina publicado en La Nacion. Enviado por Esther Brolin.

A la sombra de la historia oficial

En los últimos 25 años, una nueva generación de académicos empujados por las comunidades de afrodescendientes logró redescubrir la Argentina negra y mestiza que había sido invisibilizada en el pasado por la ilusión de un país blanco y europeo.
Por: Guido Carelli Lynch

MESTIZA. El aporte negro a la nacionalidad argentina es innegable para la mayoría de los especialistas.

E n las celebraciones escolares del 25 de mayo siempre hay un negro o un mulato que sostiene alegremente una cesta de empanadas en la cabeza. Luego de pintarse con carbón, los chicos se olvidan para siempre. ¿Por qué? Porque Africa siempre tuvo mala prensa, también en la Argentina. Es extraño, en apariencia, que se olvide ese detalle como tantos otros recuerdos de la infancia y es difícil conciliar ese personaje secundario del acto (porque no to­dos pueden ser Saavedra, French o Beruti) con toda la desinformación institucionalizada a la que se so­mete a los chicos desde hace más de un siglo en las clases de histo­ria. El olvido, pensándolo bien, tal vez no sea del todo inexplicable. "Hay tres errores que siempre saltan cuando se habla sobre los negros en el país. Ni eran pocos, ni los tratábamos bien ni fueron libres a partir de 1813 como se cree", explica Marta Goldberg, la única argentina en integrar el Co­mité Científico Internacional de la Ruta del esclavo de la Unesco y una de las primeras historiadoras en sincerar la significativa presen­cia de los negros en el país. Si la Asamblea de 1813 hubiera declarado la libertad de los escla­vos (que se hizo efectiva en 1861) y no la libertad de vientres, como efectivamente sancionó, el mismí­simo Rosas no habría declarado en 1825 entre sus bienes muebles a los 33 esclavos que tenía repartidos en dos estancias. Algo normal para la época, cuando llegaban al puerto "toneladas de negros", a los que se bautizaba y daba el apellido de su dueño. Miles de los 11 millones de africanos vendidos como esclavos que llegaron a América eran en 1810 un tercio de la población por­teña y el 60% de la catamarqueña, según consta en los registros pa­rroquiales que Goldberg encontró hace casi cuatro décadas, cuando la academia negaba la existencia de los negros, aún a pesar de los actos escolares. Sin embargo, hasta 1970 nun­ca había habido negros en la Ar­gentina. ¿Por qué? "Por culpa de dos ideologías surgidas en el siglo XIX –la del blanqueamiento, y la del marxismo– que hicieron que los estudios sobre los negros en la Argentina no se desarrollaran hasta los años 90", contesta el pro­fesor de la Universidad de Prince­ton George Reid Andrews. Para el autor de Los afroargentinos de Buenos Aires, el poderoso com­promiso de la sociedad argentina con el concepto de un país blanco y europeo volvió muy difícil que los intelectuales argentinos pudie­ran reconocer y aceptar la dimen­sión negra de su historia, cultura y sociedad. El enfoque marxista y estructuralista teorizaba sobre las clases sociales y relegaba a un se­gundo plano raza, etnia y género. Los textos clásicos de Ricardo Rodríguez Molas (Pardos y Mo­renos en el año 80), Elena Studer (La trata de negros en el Río de la Plata) y la propia Goldberg, entre otros, facilitaron la historia vieja de los negros en el país, pero en los últimos 20 años ciencias menos rígidas y desprejuiciadas logra­ron abrir un nuevo horizonte en la materia. "La historia oral, la an­tropología biológica, la estadística y la musicología han demostrado que una parte considerable de la población argentina se reconoce como descendiente de los negros esclavizados hasta 1861 y man­tienen buena parte de su cultura vigente", sentencia el antropólogo Pablo Cirio, antes de advertir que el que quiera estudiar la cultura viva del afroporteño tiene que ir al cinturón del conurbano. Sin embargo, en la actualidad, la mayoría de los investigadores ar­gentinos todavía coincide en iden­tificar la ilusión forzada de una sociedad blanca y europea, de una París porteña, como el cepo que invisibilizó la suerte de los afrodes­cendientes en Argentina, de aque­llos que sobrevivieron mestizos a las guerras de la Independencia, del Paraguay y a las epidemias de viruela y fiebre amarilla. Para Alejandro Frigerio, uno de los investigadores que más ayudó a repensar la presencia y contri­buciones de la cultura africana en Argentina, existe "una narrativa dominante de la nación" que for­zó e invisibilizó la presencia y las contribuciones étnicas y raciales de los africanos en América. Tres clases de enfoques son los que para Frigerio rigieron desde siempre la forma de encarar los estudios sobre el tema. El prime­ro, preocupado por los estudios históricos sobre los esclavos y ne­gros libres en la colonia, otro sobre la relación que hoy los países afri­canos mantienen con la Argentina y, el último y más revolucionario, sobre la situación actual de las comunidades de afrodescendien­tes en el país. Las tres áreas, no obstante, están de alguna manera vinculadas, ya que la mentada revi­sibilización se debe en gran medi­da a Miriam Gómes, directora de la Sociedad de Socorros Mutuos y Unión Caboverdiana de Dock Sud y una de los afrodescendien­tes militantes que más ha luchado por devolver a los negros a la his­toria pasada y presente. Hija de los caboverdianos libres que vinieron para trabajar en el puerto, Gómes destaca cada vez que puede que hoy el 5% de la población argenti­na es afrodescendiente. "Muchos siguen diciendo que no existimos. Parte de la academia, también aquella supuestamente más abier­ta, la revisionista, sigue negándo­nos. Felipe Pigna, por ejemplo, ha dicho que ni por asomo somos 2 millones, cuando un estudio del INDEC y de la Universidad Tres de Febrero muestra lo contrario", remarca. Gracias a su trabajo, el del Inadi y el de la Universidad 3 de Febrero, entre otras entidades, el censo 2010 incluirá preguntas sobre ascendencia africana. "Ha­ce 25 años no había mucha lite­ratura al respecto, pero ahora hay una nueva generación que está produciendo y que creció con no­sotros", dice Gómes. Cirio, Marta Maffia y la historiadora Florencia Guzmán son sólo algunos de los profesionales que trabajan codo a codo con las comunidades de afrodescendientes. Esa irrupción, de la que también forma parte Di­na Picotti, sirvió para recuperar la obra de antiguos investigadores. En ese contexto se publicó un texto póstumo de Néstor Ortiz Oderigo, el Diccionario de Africanismos en el castellano del Río de la Plata , y entre las palabras que reúne sobre­salen dos vocablos bien argentinos y originarios de voces y de ritmos africanos: el tango y la milonga. Una estocada para cualquier com­padrito nacionalista . Desde el principio, desde la os­curidad de las sombras, la cultura negra impregna la más intangi­ble e inventada argentinidad. "La pregunta no es por qué no se los ve, sino por qué no podemos verlos ", larga –sugerente– Cirio, uno de los especialistas más interioriza­dos con el devenir del candombe en Argentina. "Todo antecedente de cultura extraeuropea ha sido negado para construir una iden­tidad nacional. Siempre se habla en tiempo pasado, siempre (los negros) son extranjeros, siempre el candombe es uruguayo", aporta Cirio, para quien los negros co­menzaron a preservar su cultura dentro de su casa como estrategia, pero terminaron –sin querer– por hacerle el juego al discurso blanco que los negaba. La realidad hoy es otra y Los es­tudios afroamericanos y africanos en Argentina (Clacso, 2008) es tal vez uno de los textos más actuales y mejor logrados para pensar có­mo se enseña y se asume Africa y su diáspora en América Latina. La edición compilada por Gladys Lechini reúne además a varios de los nuevos académicos que Gómes celebra. "Los europeos abordaron los estudios sobre Africa de la mis­ma manera que los estudios sobre América, desde una concepción eurocéntrica. Esa visión perma­nece muchas veces en los trabajos de los académicos del propio sur", explica Lechini desde Rosario al tiempo que avizora que La Historia de Africa de la Unesco comen­zará a saldar esa deuda. El programa de Estudios Afri­canos, desde el que Juan Vagni estudia la inaccesible África mu­sulmana, y que Diego Buffa y María Becerra coordinan desde la Universidad Nacional de Córdoba, es otra de las puntas de lanza de la nueva perspectiva que ilumina desde el interior la Argentina ne­gra y mestiza. Las polémicas y las visiones encontradas también son mone­da corriente dentro de la africa­nística nacional contemporánea. Así, Goldberg cuestiona la falta de rigurosidad académica de algunos estudios y Gómes se queja de las diferencias políticas que separan a algunas de las comunidades de afrodescendientes del tronco co­lonial con la de descendientes de africanos libres. "Yo soy víctima del racismo como cualquier otro negro que ande por el país, por­que para el que oprime y margina no hay diferencias: el sistema nos somete por la intensidad de la me­lanina", dice Gómes sobre algunas de las disputas teóricas que escon­den pujas por subsidios económi­cos y reparaciones históricas. Sin embargo, precisar cuánto falta para que todo ese flujo de nuevos conocimientos, la ma­yoría de las veces financiado por el Estado, se incorpore a la ense­ñanza primaria y media y de ahí al imaginario colectivo, es difícil saberlo. Pero además de los afro­descendientes están los otros, tan­tos más, los demás argentinos que mamaron, aun a pesar de ellos, la cultura mestiza. Primero, sin em­bargo, cabe sincerarse y responder: ¿usted los ve? n La Nacion,enviado por Esther Brolin

No hay comentarios:

Archivo del blog