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martes, 14 de julio de 2009

Pablo Neruda (1904-1973), en las páginas de plagio.com

Quizás no haya odio más mezquino que el que se produce entre poetas.

Ya José Agustín Goytisolo advertía que los poetas alternan los palacios lujosísimos con las alcobas más oscuras de los bajos fondos. Odio ruín, como el que se profesaban don Luis de Góngora y don Francisco de Quevedo. Rivalidades poéticas que se entremezclan con el ámbito personal o político.

Odios que nacen de amores o de admiraciones caducas, como Elena Garro cuando intentaba publicar bajo la sombra constante de su ex-marido Octavio Paz. Desprecio del hermano mayor al pueblerino advenedizo, contra el paysan parvenu, como García Lorca condescendiendo con Miguel Hernández.

No es original, pues, la rivalidad que enfrentó a Vicente Huidobro y a Pablo Neruda por la jefatura oficiosa de la Poesía de Vanguardia hispanoamericana.
En la más pura línea tradicional, a las consabidas injurias sobre la calidad de los versos, les siguieron las acusaciones de plagio.

Podemos imaginar la satisfacción que debió sentir Huidobro cuando en el número de enero de 1935 de Vital, una revista de la que era director, y que se dirigía "contra los cadáveres, los reptiles, los chismosos, los envenenados, los microbios, etc, etc" anunció desde la portada que el poema XVI de los Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924) no era más que una traducción de un poema de Rabindranath Tagore, realizada por Zenobia Camprubí y el premio nóbel J.R. Jiménez en 1917.
Al parecer los dos escritores se reconciliaron poco antes de la muerte de Huidobro, pero antes dieron todo un espectáculo infantil de réplicas, insultos y contrarréplicas.

Para muestra un botón, sacado del mismo nº 2 de la Revista Vital, pág 2:

"¿De dónde proviene el odio de Neruda a Huidobro? ¿Acaso porque algún crítico ha dicho que Neruda no existiría sin Huidobro? Pero Huidobro no se enojaría si le dijeran que él no habría podido existir sin Rimbaud o sin Apollinaire.
Parece ser que Huidobro es culpable de todo lo que le pasa a Neruda.

Huidobro tiene la culpa de que Neruda haya plagiado.
Huidobro tiene la culpa de que Tagore se dejara plagiar.
Huidobro tiene la culpa de que Neruda leyera a Tagore.
Huidobro tiene la culpa de que Tagore gustara a Neruda.
Huidobro tiene la culpa de que Volodia descubriera el plagio.
Ataquemos a Huidobro, calumniemos a Huidobro.
Si los jóvenes no admiran a Neruda es culpa de Huidobro."

Parece ser que la inquietud del plagio persiguió a Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto (nombre real de P. Neruda) desde muy joven; el primer poema que escribió y que mostró a sus padres sólo obtuvo la siguiente pregunta por respuesta: "¿De dónde lo has copiado?"

Lo cuenta el poeta en sus memorias.

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