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sábado, 18 de julio de 2009

Una biografía NO astorizada

Dos momentos en la vida

Siguiendo esa idea también borgeana de que hay un instante que decide el destino de un hombre, Fischerman y Gilbert se proponen desentrañar ese instante que decidió el destino de Piazzolla.

GILBERT:
Considero que la vida y la obra de Piazzolla constituyen una sucesión de epifanías, pero creo que el haber conocido a su maestro Ginastera y haber sido el primer alumno particular de un tipo tan esquivo y sinuoso, significó para él, además de un marco de contención con respecto al mundo nocturno y prostibulario del tango, un verdadero lugar de privilegio.

FISCHERMAN:
Yo me quedo con un momento mucho más importante de lo que parece: en el ’59 él se va a Nueva York para intentar venderles cubitos de hielo a los esquimales postulándose como músico de jazz, y termina bien aceptado pero siempre como músico latino.

En ese momento él aprende, sin embargo, la necesidad de ser conciso con el lenguaje musical: arma el Quinteto y configura lo que va a ser, al volver a Buenos Aires, un mayor aprovechamiento de recursos en lo que hace a la escritura y la composición. Después, para tomar un poco el mito de Piazzolla, elijo también el momento en que muere su padre y él compone, en el año 1959, “Adiós Nonino”.

Me lo imagino al tipo ahí en Nueva York haciendo música latina, tocando el bandoneón y mezclando un poco cinematográficamente el tema de Nonino, que ya existía, con un tema lírico de adiós que se le ocurre en ese momento, ésa es una gran epifanía.

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